Es posible en un mundo con
sobreabundancia informativa, mantener el oscurantismo de la impunidad? La
respuesta es afirmativa. Existen técnicas específicas para ello. Si el o los
sospechosos de delitos pierden la preciada cobertura del anonimato, se apela al
recurso de la confusión, mediante acumulación
intencionada o inocente de falsedades o supuestos. Es lo que Jean
Marie-Domenach, refiriéndose a la propaganda política fascista-comunista de la
última guerra, cuyos principios continúan plenamente vigentes hoy, denominara
“El mito. La mentira. El hecho”.
La distancia inevitable entre
sucesos y conocimiento popular, no es un fenómeno moderno. En la relación con
sus súbditos, le recordaba Maquiavelo al
príncipe: “Los hombres, en general,
juzgan más con los ojos que con las manos, porque todos pueden ver, pero pocos
tocar. Todos ven lo que pareces ser, mas pocos saben lo que eres”.
En nuestra condición de
ciudadanos comunes, el desafío pasa por intentar procesar la abundante
información relacionada con hechos políticos. Una alternativa sería enfocar el
análisis a partir de tres aspectos: 1) resaltar los puntos básicos del caso en
debate; 2) encontrar similitudes con otros casos aparentemente distintos; 3)
concentrarnos en detalles no clarificados, o de validez no constatada. El 2015
nos presentó tres ejemplos oportunos para este ejercicio: a) la muerte del
fiscal Nisman; b) la fuga de tres condenados por narcotráfico del penal de
General Alvear; c) las incorporaciones masivas de miles de empleados públicos en
todo el país, a escasos meses o semanas del cambio de gobierno.
Aunque parezca una redundancia, vale
recordar que las irregularidades y/o complicidades se originan ineludiblemente con
el nacimiento del hecho que las posibilita. Tanto en la muerte de Nisman como
en la fuga del penal de General Alvear, se repitieron dos circunstancias: 1) los
custodios (Nisman), y guardiacárceles (fuga del penal), con responsabilidades
de máxima seguridad, actuaron con una ineficacia notable. Las respuestas
sancionatorias se limitaron a “poner en comisión” o “separar del cargo” a los
sospechosos, o muy tardíamente detenerlos. 2) En lo tecnológico, en ambos casos
las cámaras de circuito cerrado de TV no funcionaban, y/o no grababan.
Tema no menor por lo reiterado,
es el accionar de la justicia. La investigación del caso Nisman, de cuya muerte
se cumplió un año, la encabezó la fiscal Fein. Pese a contar con la
intervención de los más reconocidos peritos, increíblemente a la fecha siquiera
pudo dictaminar si fue suicidio o asesinato. Observada su ineptitud, cabe
preguntarse: que formación adicional a la jurídica brindada por las universidades,
tienen los abogados para conducir investigaciones criminales? Los principales actores,
además, pertenecen al Estado: funcionarios políticos; Poder judicial; fuerzas
de seguridad e inteligencia.
Esto ejemplifica más claramente
el desprecio por el Estado y los ciudadanos, que significó la demencial
incorporación masiva de personal en distintas esferas de los organismos públicos
nacionales, provinciales y municipales, a escasas semanas del reemplazo de autoridades.
Tal locura se realizó sin distinción de banderías políticas; recibieron este
insoportable legado y sus posteriores conflictos, aún gobernadores e
intendentes que reemplazaron a quienes integraban su misma agrupación política.
Todo ello, con la total y recurrente complicidad de los dirigentes gremiales,
más preocupados en incrementar los aportes en sus gremios e incorporar a sus
propios privilegiados, que en defender carreras administrativas, condiciones
laborales y retribuciones salariales, de quienes realmente dignifican la tarea
de empleado y/o funcionario público.
Usar al Estado para subvencionar amigos
y familiares sin perfiles adecuados, sin espacios físicos de trabajo, sin
horarios ni obligaciones, tiene un objetivo subyacente mucho más peligroso que
el declamado “clientelismo político”. Es el de paralizar por saturación a los
organismos públicos, para restarles eficacia en su accionar y favorecer la
corrupción. De este modo se intenta disimular los enormes negociados del Estado
con sectores privados asociados, nacidos bajo la más cínica de las justificaciones:
crear puestos de trabajo. Analizaremos próximamente lamentables ejemplos
vigentes.
Buenos Aires, 20 de enero 2016
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