viernes, 16 de diciembre de 2016

ENTRE ERRATAS Y OPORTUNISMOS

Las opiniones pretendidamente asépticas no existen, por lo que las diversas posturas debieran evitar análisis centrados en gobiernos, partidos o personas puntuales, excluyendo contextos. Nuestra patología institucional reside en la persistencia y agravamiento de vicios políticos en los últimos 25 años, que impide todo desarrollo sustentable del país. Tras la crisis de los años 2001-2002, el hartazgo popular expresado en el reclamo “que se vayan todos”, pulverizó a los ya desgastados radicalismo y justicialismo. Pese a ello y transcurridos 14 años, asombra la longevidad de innumerables dirigentes que sorteando el cimbronazo, “se quedaron todos”. Para ello se mimetizaron en diversas agrupaciones políticas identificadas más por sus nombres de fantasía, que por conductas y posturas personales coherentes. De las tres “colectivos” que compitieron en la última elección presidencial (FPV, Cambiemos y FR), ninguno alcanza dos décadas de existencia.

Esta persistente matriz política conservadora (en el sentido de permanecer), tuvo su primer síntoma en el reciente rechazo en el Senado de la reforma electoral. Días más tarde, el 6 de diciembre, se transparentó en el debate y aprobación en Diputados del proyecto de ley del impuesto a las ganancias sobre los salarios. Para evaluar consecuencias, no caeremos en la trampa de distinguir entre oficialismo u oposición, o si se prefiere, entre impericia y malicia. Pero es necesario clarificar diferencias conceptuales. “Derecho” es el que tiene cualquier ciudadano a opinar, sean cual fueren sus antecedentes. “Autoridad”, es cuando sus opiniones están refrendadas por sus antecedentes. “Oportunismo” califica a una opinión que encubre un interés especulativo, carente de veracidad, razonabilidad e implementabilidad. Puede suceder que en campañas electorales, reconocidos corruptos prometan combatir la corrupción. Pero una vez asumidas las responsabilidades políticas ejecutivas, legislativas y judiciales, la práctica del oportunismo, con independencia de circunstanciales favorecidos, inevitablemente afectará al país en su conjunto. Con el oportunismo, hemos vivido la incautación de los ahorros de vastos sectores de clase media, someter a la población a una hiperdevalación, y simultáneamente estatizar deudas privadas de grandes grupos empresarios nacionales y extranjeros, para “cuidar las fuentes de trabajo”. Dar gobernabilidad no es una gracia consistente en que se es bueno por no voltear a un gobierno. Es una obligación democrática.

En el atolondrado debate sobre ganancias, si el ciudadano común pretendió informarse a través de las múltiples polémicas y opiniones de tributaristas y economistas de distinta extracción política, debió sentirse no solo defraudado, sino muy preocupado. Tanta locuacidad, incluidos los opinólogos políticos habituales asistentes a programas periodísticos, transparentaron que nadie tenía integral idea de alcance de la ley, en cuanto a beneficiarios, recursos fiscales y cumplimientos presupuestarios. Las diferencias del déficit fiscal no fueron sutiles: oscilaron entre los 30 mil y 150 mil millones de pesos. Este último monto se alcanzó tras la “fe de erratas” de Kicillof. Tanta liviandad nos recuerda al viejo juego de mesa “Monopolio”, en el que funcionarios, legisladores y gremialistas hacían sus jugadas: saco este impuesto; subo un poco éste otro;  vuelvo a poner el que saqué en el juego anterior, e implemento nuevos impuestos. Esta descripción no es irónica; es real.  

Maquiavelo hubiera sido un excelente cronista de estos sucesos. Señalaba que en los ámbitos de poder hay tres clases de cerebros: “el primero discierne por sí; el segundo entiende lo que otros disciernen, y el tercero no discierne ni entiende lo que otros disciernen. El primero es excelente; el segundo es bueno y el tercero inútil.”

En este caso no le resultaría fácil a Maquiavelo identificar a los cerebros excelentes y buenos, con economistas incluidos. Pero es interesante analizar las consecuencias políticas del dislate. En la próxima reflexión intentaremos identificar los roles de quienes consensuaron y aprobaron el proyecto, con conferencia de prensa y foto incluida. Y no menos difícil, interpretar a la vicepresidente Michetti, cuando en un reportaje consideró que si el Senado aprobaba la ley sin cambios, sería vetada por el presidente Macri. Lo que provocó el alborozo de los gobernadores, incluidos Alicia Kirchner, Insfrán y los de Cambiemos.

Buenos Aires, 16 de diciembre de 2016

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