En un país con alta corrupción y
pasividad judicial, cuya única estrategia defensiva de los funcionarios acusados
es denunciar “persecución política”, resulta preocupante los reiterados y
oportunistas pedidos de renuncia de integrantes del ejecutivo por parte de
legisladores, basados en meros trascendidos periodísticos o delitos no
comprobados. Pero es inadmisible que esos mismos “indignados” legislen para que
un senador condenado y legisladores procesados por delitos comunes, puedan
continuar ejerciendo sus funciones, o en esa condición presentarse como
candidatos en las elecciones legislativas. Tales actitudes entran en el campo
de la ética cínica, que permite el juego de la confusión para favorecer la
impunidad. El cinismo es una escuela filosófica originada en la Grecia clásica,
que con el tiempo adquirió su actual sentido peyorativo. Consiste en mentir para
ocultar y/o defender acciones condenables con argumentos convincentes.
En este contexto, podría
sospecharse que el abusivo uso del término ética no es casual. Pero desnuda una
paradoja. Los que legislan leyes que los amparen para permanecer en sus funciones
en caso de ser procesados, son los mismos que pretenden exhibir autoridad moral
para reclamar renunciamientos éticos a funcionarios de otros poderes, a los que
no están obligados por ley. Esta dicotomía explica el viejo juego político del
“todo vale”. Para proteger corruptos se acude al principio de inocencia; para
atacar adversarios, en nombre de la ética se apela al principio de sospecha. Ante
esta dualidad, emerge una duda inquietante: cómo podemos detectar si el cinismo
de ciertos legisladores se aplica solo como mera especulación política, actitud
de por sí dañina, o como estrategia
planificada para mantener estructuras delictivas consolidadas? El reciente caso
Gómez Centurión en la Aduana, actualiza este interrogante. La táctica de la
sospecha y el desprestigio es un instrumento con diversas utilidades. Suele
aplicarse sin disimulo, de forma persistente y simultánea, pues importa más
instalar la duda que convencer. El ataque comunicacional para enlodar al fiscal
Nisman a horas de su muerte, es un ejemplo cercano.
A diferencia del periodismo en su
acepción general, que actúa como vehículo transmisor de información de origen
variado sin certificar verosimilitud, el de investigación se caracteriza por una
complejidad que requiere adecuada formación y soporte económico. Hugo Alconada
Mon y Daniel Santoro, por citar dos prestigiosos ejemplos, detectan fuentes,
identifican circuitos de dinero, cuentas bancarias y estructuras empresarias,
cotejan datos, y transparentan tramas. Si el trabajo es profesional, se evitan
selectividades políticas. Más allá de sus obvios impactos periodísticos, estas
investigaciones tienen como naturales destinatarios a jueces y fiscales, que
son quienes deben certificar autenticidad y peso probatorio de los elementos brindados
a la opinión pública. Fue el periodismo de investigación el que desnudó la
manifiesta morosidad de las tramitaciones judiciales ante tan valiosos aportes.
Si bien nada impide que
legisladores formulen denuncias utilizando trabajos periodísticos, sus obligaciones
primigenias son las de legislar para definir delitos, y establecer normativas
de control y sanción. Son los responsables de minimizar la práctica de la ética
cínica, legislando que ningún funcionario del ejecutivo (salvo los que deben ser
removidos por juicio político), legislativo y judicial, pueden desempeñar sus
cargos en condición de procesados por delitos comunes. Ello no implica
presunción de culpabilidad, sino un requisito ético del cargo con fuerza de ley.
De no actuarse de este modo, las denuncias serán utilizadas tanto por
oportunistas políticos, como por delincuentes vinculados a la corrupción
público-privada para proteger sus redes de impunidad y enriquecimientos
ilícitos. No es casual que en la Argentina los saqueadores de recursos del
Estado, en lugar de fundamentar su inocencia, recurran al argumento “todos
somos corruptos”. Para esta estrategia, la ética cínica es invalorable.
Buenos Aires, 18 de enero 2017
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