En el ámbito judicial es habitual
la frase que con tono irónico, expresa que para juzgar, “la mitad de la biblioteca dice una
cosa, y la otra mitad otra”. En las últimas décadas adquirió verosimilitud en
relación a la protección de la corrupción estatal-privada, convirtiendo al
derecho en una ficción jurídica. Lo reconocen los propios integrantes del Poder
Judicial, al crear una línea interna llamada Justicia Legítima, lo que supone
la existencia como contraparte de una justicia ilegítima. El poder político
colabora sancionando leyes que permiten innumerables tácticas procesales dilatorias
a través de impugnaciones y apelaciones; otorgando fueros que permite a los
legisladores mantener sus bancas estando procesados por delitos comunes, y un Consejo
de la Magistratura inactivo ante jueces y fiscales sospechados de corrupción. Todo
ello complementado por un manejo de la opinión pública, a través de estrategias
comunicacionales que intentan neutralizar serios trabajos de investigación
periodística, y masificando las sospechas de corrupción a través de un alud de denuncias
inconsistentes, escuchas judicialmente irrelevantes, y locuaces testigos que
declaran una cosa en público y otra distinta ante el juez. Citemos ejemplos tan
repetidos como falaces.
1.- La justicia se acomoda a
los tiempos políticos. Ello no se ve reflejado en las penalidades aplicadas
a los responsables de corrupción contra el Estado en las últimas décadas. Por
el contrario, exhiben homogeneidad en cuanto a mantener impunes esos delitos. La
supuesta mayor actividad judicial actual no fue producto del cambio de gobierno
en diciembre del 2015, sino causada por tres hechos impactantes: 1) Un video
con allegados a Lázaro Báez contando millones de dólares en Puerto Madero; 2)
Un video con allegados a Milagro Sala retirando un bolso con millones de pesos
de una sucursal del Banco Nación en Jujuy; 3) Un ex Secretario de Obras
Públicas de la Nación intentando ocultar nueve millones de dólares en un
extraño convento.
2.- La justicia es lenta. Formulada
como una consecuencia inevitable, la frase es falsa. Ello quedó demostrado con
dos casos de corrupción estatal-privada con importantes funcionarios y
empresarios involucrados, y alta complejidad investigativa. El de Cromagnon,
que entre el hecho y las condenas pasaron menos de cinco años, y la tragedia de
Once, en la que en menos de tres años se realizó el juicio oral y se dictaron
las condenas. Ambos tuvieron como factor común el accionar mancomunado y
persistente de los familiares de las víctimas. Lo que estaba en juego no era el
abstracto concepto “el dinero de todos los argentinos”, sino la memoria de
seres queridos con nombre y apellido.
3.- Los jueces y fiscales son lentos.
Esta frase es más congruente con la realidad, pero no satisface. Cabría
preguntarse las razones de su “lentitud”. Incapacidad? Complicidad? La duda surge
porque jueces y fiscales saben ser “rápidos” para las absoluciones de los delitos
más fáciles de demostrar: el de los enriquecimientos ilícitos. Cabe recordar el
del matrimonio Kirchner por Oyarbide previo a la Nochebuena del 2009; el de
Scioli por el juez de La Plata Pablo Reale en el 2015, y el del camarista Eduardo
Freiler por el juez Martínez de Giorgi en el 2016. En todos los casos coinciden
peritajes insuficientes y complacientes, y la omisión de apelación por parte de
los fiscales.
4.- Investigaciones a
presidentes de la Nación. Un sistema democrático exige que en el caso de
investigaciones a presidentes, sean Cristina Kirchner o Mauricio Macri, las
actuaciones tengan prioridad, celeridad y profesionalidad. Las dilaciones son
usadas por las tramas de corrupción para generar acciones encubridoras bajo el
manto de “persecuciones políticas”, en donde los acusados ejercitan un show
twitero sin atisbo de defensa personal, y promueven acusaciones variadas e
incomprobables como coacción para negociar impunidad. En el caso de Macri, destacamos
dos ejemplos. Desde hace un año el fiscal Delgado investiga su eventual participación
en el entramado societario familiar del llamado Panamá Papers, lo que es
correcto. Pero transcurrido el tiempo, la Cámara Federal le solicitó que defina
la situación del presidente ante la falta de pruebas de delito. El fiscal Di
Lello por su parte, imputó a Macri por el trámite de acuerdo con el Correo
Argentino. Correcto. Pero simultáneamente citó a declarar al gobernador de
Formosa Gildo Insfrán, por el pago en el 2012 de 7,6 millones de pesos a la inexistente
empresa The Old Fund, para renegociar una deuda de la provincia con la Nación. Cómo
definiríamos entonces al fiscal Di Lello? “Rápido” por la imputación a Macri, o
“lento” por la citación a Insfrán?
Buenos Aires, 19 de abril 2017
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