La astrología se dedica al estudio de los astros, en un contexto en donde conviven misticismo, cientificismo y creencias, intentando averiguar el destino de los seres humanos o predecir hechos futuros, quedando el libre albedrío limitado. Las recientes declaraciones de legisladores y funcionarios intentando justificar porque a dieciocho años de haber votado la privatización de YPF hoy lo hacen por su reestatización son tan superficiales, que nos lleva a pensar si no sería más razonable invocar circunstancias ajenas a su voluntad, tales como que en 1994 Urano estaba alineado con Plutón, mientras que en mayo del 2012 se produjo una extraña confluencia entre la Luna y el Sol, por lo que las votaciones en ambos casos estaban predestinadas y consecuentemente ajenas a su voluntad.
Sirva la ironía previo a reflexionar sobre las causales por las que transformaciones de ciento ochenta grados en políticas esenciales para el desarrollo de un país y sus habitantes, se produjeron en el corto plazo de no más de dos décadas, y con los mismos nombres y apellidos en los campos político, empresarial y gremial, lo que hace suponer “a priori” que en la toma de decisiones no existen consideraciones de carácter ideológico y/o partidario. El caso Repsol-YPF remite a recientes decisiones trascendentales como la modificación de la Carta Orgánica que define el rol y autonomía del Banco Central; la reestatización del sistema jubilatorio y la expropiación de Aerolíneas Argentinas. En todos los casos con una lamentable pasividad cuando no complicidad por parte de sectores supuestamente opositores. Este último aspecto merecerá reflexiones posteriores, porque dicha pasividad tiene causas concretas.
Lo más grave para los argentinos no es la falta de coherencia en el manejo de los intereses del Estado, sino por el contrario la existencia de una matriz perversa carente de objetivos nacionales que explica con claridad los sucesivos cambios en las políticas de Estado, que lamentablemente se acelerarán a futuro si exigencias del presupuesto nacional lo demandan. Este cuadro de situación explica además que la inexistencia de partidos políticos y alternativas de gobierno no es casual, y no por culpa del gobierno precisamente. La Presidenta en su discurso anunciando la expropiación de las acciones de Repsol brindó el dato clave y más trascendente que justificó la decisión tomada: “Repsol-YPF fue vaciada”. En un discurso posterior solicitó la colaboración de empresarios “que se llevaron plata a paladas”. En este último punto, si la plata a la que se refiere es del Estado, hay que mencionar también a los funcionarios públicos responsables.
El vaciamiento de Repsol-YPF repitió con exactitud lo sucedido con Aerolíneas Argentinas: 1) Ante urgencias presupuestarias, se vendieron o concesionaron las empresas a operadores internacionales no destacados en sus rubros, redistribuyendo políticamente los importantes recursos obtenidos por dichas operaciones. 2) Inicialmente el Estado establece límites al manejo de las empresas adjudicatarias (por ejemplo, la acción de oro en YPF, que impedía la venta mayoritaria a terceros sin aprobación expresa del Estado). 3) El Estado reserva parte del capital accionario e integra los Directorios, con participación gremial. 4) Pasado el momento de euforia inicial con la correspondiente propaganda política, años mas tarde se van cambiando paulatinamente las condiciones contractuales originales cediendo derechos favor de grupos privados, sin que éstos se quejen por la ausencia de “seguridad jurídica” ni exista fervor patriótico en los actores sociales progresistas (es interesante conocer como Repsol se hizo de la mayoría accionaria en 1999, sin objeciones públicas resonantes). Esta instancia alejada de exposición pública es un verdadero punto de inflexión, porque es el inicio de la futura debacle. 5) Comienza el proceso de vaciamiento que lleva años (distribución excesiva de utilidades; incumplimiento de inversiones; enajenación de activos físicos como sucedió en Aerolíneas; escandalosos pagos de coimas a funcionarios de gobierno y gremiales), todo ello con la total pasividad de los organismos de control público y poder político. 6) En determinado momento surgen nuevas dificultades presupuestarias en el Estado y déficits fiscales. 7) Se implementa la reestatización, denunciando “vaciamientos”, sin que se efectúen denuncias penales ni se intenten resarcimientos económicos a favor del Estado. 8) Retomadas las empresas el Estado debe volcar ingentes recursos presupuestarios hasta sanear todos los pasivos, y volver a comenzar con la rueda estatal-privado.
Esta matriz es de rigurosa aplicación en los casos mencionados, y lo serán inevitablemente en los futuros, muchos de ellos cercanos: empresas concesionarios de transporte ferroviario y terrestre; prestatarias de servicios eléctricos y concesionarias viales. Formulemos una pregunta ingenua, más ejemplificadora que cualquier crítica de coyuntura. Si la Casa de la Moneda carece de la tecnología necesaria nada mas ni nada menos que para imprimir la moneda nacional, porqué no adquirió en subasta pública el equipamiento de la quebrada Ciccone Calcográfica, a la que recurre actualmente para la misma tarea, con una harto evidente intervención del Estado para su recuperación en manos de monotributistas con gran capital disponible y nuevos dueños extranjeros con antecedentes societarios desconocidos? La hipótesis es obvia: en la primera opción no hay negocio; en la segunda sí.
Pareciera que los liberales que claman por la seguridad jurídica y los progresistas por las reestatizaciones, en realidad conforman un reducido grupo de comunicadores políticos permanentes e interesados, ajenos a los liberales y progresistas que día a día deben dar pelea en el mundo real para alcanzar un nivel de vida digno.
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