miércoles, 17 de junio de 2015

MAQUIAVELO REVIVIÓ EN ARGENTINA

La reflexión política del próximo miércoles 24, con motivo de producirse el sábado 20 el cierre del plazo  para inscribir los candidatos de las distintas agrupaciones, ya tiene título: “El cierre del libro de pases”. Título que pretende una vez más destacar la total similitud que existe en nuestro país entre la política y el fútbol, corruptelas incluídas. Decir que las negociaciones y vaivenes para la conformación de las listas provocaron estupor sería una falsa grandilocuencia. El espectáculo brindado por acomodaticios políticos vigentes desde hace más de 25 años, ya no debería sorprender a nadie. El escepticismo sin embargo, lejos de generar abatimiento en la ciudadanía, debería exigir su espíritu crítico e indagador. Para ello hay que modificar sustancialmente parámetros de análisis político.

Lo transitado desde la crisis 2001-2002 hasta las actuales conformaciones electorales, desnuda mal que nos pese, la desaparición del peronismo y del radicalismo como contenedores de políticas diferenciadoras, con estructuras nacionales para intermediar con la sociedad sus consensos e implementaciones. Ante esta realidad, no se entiende que avezados politólogos y periodistas especializados, casi sin excepción, continúen analizando los hechos políticos bajo el paraguas de ser peronista o ser radical. 

Tal identificación puede ser aceptada para sobrevivientes generacionales de otras épocas, o para ciudadanos comunes desde el llano, pero no a nivel de cúpulas de poder, que son las que conducen. Hasta fines del siglo XX, si bien no eran verdades absolutas, tenía cierta validez señalar que el peronismo se sustentaba en políticas sociales, y el radicalismo en la salvaguarda de las instituciones. O aún establecer diferencias desde lo degradante; “los justicialistas roban”, y “los radicales no saben gobernar”.

Asumir esta pérdida de dos identificaciones históricas hoy abstractas será saludable, porque evitará que políticos genuflexos escondan sus mediocridades tras figuras señeras o fundacionales, y más grave aún, que comercialicen cargos ofreciéndose como “pata peronista” o “pata radical”. Un ejemplo entre muchos, es el de Leopoldo Moreau. Toda su carrera fue a la sombra de Raúl Alfonsín, y para justificar su pase rentado al kirchnerismo, utilizó el eslogan “si Alfonsín viviera sería kirchnerista”. Desde esta perspectiva, el desafío que nos aguarda para los próximos meses es tan exigente como atractivo, pues en política las definiciones y/o propuestas que no se obtengan de los candidatos con firmeza antes de las elecciones, no se obtendrán después. Solo tendremos hechos consumados.

Las desaforadas gestiones para conformar alianzas y listas de candidatos (recordar que ya no se realizan en unidades básicas o comités, sino en quinchos o salones privados), nos remite inevitablemente al brillante ensayo político “El príncipe”, de Nicolás Maquiavelo. Basado en que la naturaleza del hombre no varía con el transcurrir del tiempo, fue escrito en 1513 en un contexto moral donde comenzaba a imponerse el individualismo. Italia estaba dividida en ciudades-Estado de tendencia expansionista, caracterizadas por su dominio territorial: Génova; Milán; Venezia; Pisa; Toscana; Florencia; Roma papal; Siena y Nápoles. (no confundir con Formosa, San Luis o Santa Cruz, entre otras). Contra lo que se difunde sin rigor crítico, Maquiavelo no enseñó a imberbes príncipes actuar con maldad para alcanzar y/o mantener el poder, sino en un entorno de conducciones corruptas, que vivían entre alianzas, guerras y traiciones, aconsejó como protegerse de la maldad de sus enemigos. Su recordada frase “el fin justifica los medios” resulta molesta, porque confronta a los políticos con su realidad. Veamos algunas opiniones de Maquiavelo respecto del panorama electoral argentino 2015.

“El príncipe cuyo gobierno descanse en soldados mercenarios no estará nunca seguro ni tranquilo, porque están desunidos, porque son ambiciosos, desleales, valientes entre los amigos, pero cobardes cuando se encuentran ante los enemigos”. Se referiría a los intendentes barones del conurbano quizás?

“Un príncipe hábil debe hallar una manera por la cual sus ciudadanos siempre y en toda ocasión tengan necesidad del Estado y de él. Y así les serán siempre fieles”. Ya existía el populismo en la época de los príncipes renacentistas?

Finalmente, para el momento del voto, Maquiavelo nos deja una reflexión: “Hay tres clases de cerebros: el primero discierne por sí mismo; el segundo entiende lo que otros disciernen, y el tercero no discierne ni entiende lo que otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero inútil”.



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