Continuando con las repercusiones
causadas por el acuerdo Gobierno-Correo Argentino, intentaremos la disección de
algunos de los cerebros políticos opinantes sobre el tema, para encuadrarlos según
los tipos descriptos por Maquiavelo: excelentes, buenos o inútiles.
Es importante evaluarlos, porque
en sus roles ejecutivos, legislativos y judiciales, sean oficialismo u
oposición, determinan el nivel de desarrollo y calidad democrática de un país. Si
bien son poderes independientes en cuanto a obligaciones específicas, son interdependientes
para el logro de resultados institucionales coherentes. Por ello, es lógico Incluir
al poder judicial en el campo de los cerebros políticos. Para comprender el genérico
término “político”, es conveniente compararlo inicialmente con el de estadista, que define al arquetipo
político que aspira a lograr objetivos superiores de largo plazo, a partir de la
realidad en la que convive. La definición de político es más sucinta y concreta: “es quien se dedica a la
política”. No agrega exigencias complementarias de tipo ético-morales, bondad o
capacidad intelectual. Esta diversidad obliga a que los partidos con
aspiraciones de poder o que lo ejerzan, deban contar con quienes a los
requisitos de capacidad, honestidad y actitud que se supone deberían cumplir
quienes ocupan cargos públicos, no fáciles de lograr simultáneamente, le agreguen la condición de “hábil político”,
para mediar entre intereses superiores, intereses sectoriales y eventuales juegos
políticos de coacción. Este perfil destinado a conciliar objetivos de gobierno
con posibilidades de implementación y oportunidad, puede describirse a través
de una frase popular y entendible: “alguien que sepa meter los pies en el
barro”. No en vano, en política es más habitual el término “negociar” que “acordar”.
Más aún en nuestro país, en donde los acuerdos muchas veces encubrieron
intereses personales y/o espúreos. Los antecedentes de las últimas décadas hacen
necesario aclarar que este perfil político no excluye la honestidad.
En el caso Correo Argentino, comenzaremos
con las disecciones de los cerebros de los funcionarios del Ejecutivo, que sabiendo
que el acuerdo involucraba indefectiblemente al presidente Macri, por estar el
grupo ex concesionario litigante encabezado por su padre Franco, fallaron notablemente en el manejo político.
Se debería haber brindado la mayor información pública posible sobre los
antecedentes, alternativas de acuerdo posibles y tratativas en curso,
destinadas a cerrar un conflicto de larga data. No sucedió, por lo que los
cerebros de los funcionarios intervinientes deberían ser catalogados como inútiles.
Pero se les presenta una oportunidad.
Una vez más a través del
periodismo serio, por notas propias o reportajes a especialistas, la sociedad pudo
conocer y/o recordar detalles concretos del caso irresuelto desde hace más de
12 años. Como consecuencia, quedaron planteados interrogantes cuyas respuestas
no debieran demorarse. El dictamen de la fiscal Boquin deberá desmenuzarse para
establecer su solidez y legalidad. Los expertos tendrán que definir si el
concurso de acreedores congela o no los intereses de deuda, y evaluar los
efectos de una eventual quiebra del Correo.
Es en esta actualizada etapa administrativa y judicial, que los
funcionarios tendrán la oportunidad de actuar con profesionalidad y claridad
ante la opinión pública, para que sus cerebros asciendan a la categoría de
buenos.
Los cerebros inútiles también
abundaron entre los opositores, que a falta de informar, se dedicaron a
twittear eslógans irrelevantes y oportunistas. El senador Solanas, por ejemplo,
afirmó que “el Gobierno perdonó 70.000 millones de pesos”. La diputada Donda no
se quedó atrás, cuando con calculadora en mano, afirmó que “el acuerdo con el
Correo equivale a siete bolsos de José
López”.
La mayor coherencia la exhibió el
justicialismo kirchnerista, al utilizar el caso para sostener su estrategia
exculpatoria por hechos de corrupción, basada en que en realidad “todos somos corruptos”. El
más demostrativo fue el diputado Recalde, quien con alegría afirmó que “con el
acuerdo, el delito se consumó”. Por claridad de objetivos, merecen que sus
cerebros se consideren buenos.
Buenos Aires, 02 de marzo 2017
No hay comentarios:
Publicar un comentario