Hasta el año 1976, la
escenografía golpista era fácilmente visualizable. En medio de “grietas”
profundas, Hipólito Irigoyen, Juan Perón, Arturo Illía e Isabel Perón, eran
derrocados por acciones militares violentas y víctimas inmediatas. Producido el
primer “emprolijamiento” institucional a través de la designación de un
gabinete, resurgían civiles de las elites políticas, judiciales, empresarias y
gremiales, dispuestos a asumir “el momento histórico”. Los escasos ejemplos de
dignidad y resistencia, no eran suficientes para torcer el rumbo de los hechos.
La recuperación de la democracia
en 1983, extinguió la amenaza golpista uniformada, pero no neutralizó las
fuertes cuando no violentas pujas de intereses sectoriales políticos y económicos.
El término “golpista” fue sustituido por el más sofisticado “destituyente”. En
1989 Alfonsín debió renunciar a seis meses de finalizar su mandato en beneficio
de Menem, quien no pudo frenar la hiperinflación hasta un año más tarde, cuando
Cavallo implementó la convertibilidad. En el 2009 Menem traspasó el gobierno a
De la Rúa, quien debió renunciar a tan solo 24 meses de haberlo asumido. Tras una
crisis de poder inédita, y el efímero Rodríguez Sáa declarara el “default” de
la deuda externa, en enero del 2002 la Asamblea Legislativa designó a Duhalde
como presidente. El “corralito” se transformó en “corralón”, al incautarse los ahorros
de medianos y pequeños ahorristas, y se implementó una fuerte devaluación con un
desempleo feroz. Duhalde tampoco pudo completar su mandato, y en mayo del 2003 se
inició el ciclo Kirchner. Sus doce años de gobierno ininterrumpido, concluyeron
con el 29% de pobreza, y altos funcionarios y empresarios asociados
enriquecidos. En diciembre del 2015, al frente de una coalición, asumió
Mauricio Macri.
Pese a éstos cercanos ciclos
históricos en democracia, con tres mandatos presidenciales inconclusos, los
análisis políticos omiten profundizar sobre las causas estructurales que
explican la recurrencia de fracasos. Un aspecto que no se puede obviar, es que los
principales actores políticos, empresariales, gremiales y judiciales de las
últimas dos décadas, son los mismos. Esta realidad no podrá modificarse en la próxima elección legislativa, que
solo servirá para renovar mandatos o alcancen el beneficio viejos políticos.
Pero debería servirnos para juzgar con otra óptica los rancios discursos o
“tweets”, y repetidas estrategias propagandísticas. Destaquemos algunos puntos
de partida.
1.- No aceptar que las eternas
dirigencias intenten una vez más ocultar sus culpas, delegándolas en los apellidos
Menem, De la Rúa, Duhalde o Kirchner.
2.- No permitir que las viejas
elites oculten intereses y/o negociados tras urgencias, pobreza y protestas
sociales, que paradójicamente, ellas mismas generaron. Los acuerdos sectoriales
no se plasman en manifestaciones, sino en ámbitos más recoletos, usualmente de
cinco estrellas.
3.- No aceptar, sean del
oficialismo, oposición o entidades privadas, montos, cantidades o porcentajes que
no estén respaldadas en información pública detallada que los sustente, para
evitar su utilización como factor de presión. Los datos reales siempre existen.
4.- No aceptar generalidades
dialécticas o mensajes y/o conceptos que buscan ocultar y/o falsear verdades. Expresar
que hay dirigentes, empresarios o jueces “buenos y malos”, es no decir nada. O por
el contrario, ejercer la “coacción” mediante denuncias oportunistas sin pruebas
consistentes.
Previo a ejemplificar en la
próxima opinión conductas incongruentes y/o falaces con nombres y apellidos, es
necesario mencionar dos aspectos que explican parcialmente la prolongada
permanencia dirigencial. Uno, de origen legal, que incluye a
corporaciones privadas y gremiales, se sustenta en regímenes electorales absolutamente
restrictivos en cuanto a la opción ciudadana/afiliado de elegir, y
extremadamente dúctil para permitir continuidades en los cargos. El otro, de origen psicológico, es conocido como
“doble personalidad”, y es utilizado para disimular oportunismos. Vale decir
que entre lo que se dice y se hace, en nuestro país hay muchos Dr. Jekyll y Mr.
Hyde, famoso personaje de la novela de Stevenson.
Buenos Aires, 15 de marzo 2017
No hay comentarios:
Publicar un comentario