miércoles, 15 de marzo de 2017

Rebelión en las sombras

Hasta el año 1976, la escenografía golpista era fácilmente visualizable. En medio de “grietas” profundas, Hipólito Irigoyen, Juan Perón, Arturo Illía e Isabel Perón, eran derrocados por acciones militares violentas y víctimas inmediatas. Producido el primer “emprolijamiento” institucional a través de la designación de un gabinete, resurgían civiles de las elites políticas, judiciales, empresarias y gremiales, dispuestos a asumir “el momento histórico”. Los escasos ejemplos de dignidad y resistencia, no eran suficientes para torcer el rumbo de los hechos.

La recuperación de la democracia en 1983, extinguió la amenaza golpista uniformada, pero no neutralizó las fuertes cuando no violentas pujas de intereses sectoriales políticos y económicos. El término “golpista” fue sustituido por el más sofisticado “destituyente”. En 1989 Alfonsín debió renunciar a seis meses de finalizar su mandato en beneficio de Menem, quien no pudo frenar la hiperinflación hasta un año más tarde, cuando Cavallo implementó la convertibilidad. En el 2009 Menem traspasó el gobierno a De la Rúa, quien debió renunciar a tan solo 24 meses de haberlo asumido. Tras una crisis de poder inédita, y el efímero Rodríguez Sáa declarara el “default” de la deuda externa, en enero del 2002 la Asamblea Legislativa designó a Duhalde como presidente. El “corralito” se transformó en “corralón”, al incautarse los ahorros de medianos y pequeños ahorristas, y se implementó una fuerte devaluación con un desempleo feroz. Duhalde tampoco pudo completar su mandato, y en mayo del 2003 se inició el ciclo Kirchner. Sus doce años de gobierno ininterrumpido, concluyeron con el 29% de pobreza, y altos funcionarios y empresarios asociados enriquecidos. En diciembre del 2015, al frente de una coalición, asumió Mauricio Macri.   

Pese a éstos cercanos ciclos históricos en democracia, con tres mandatos presidenciales inconclusos, los análisis políticos omiten profundizar sobre las causas estructurales que explican la recurrencia de fracasos. Un aspecto que no se puede obviar, es que los principales actores políticos, empresariales, gremiales y judiciales de las últimas dos décadas, son los mismos.  Esta realidad no podrá modificarse en la próxima elección legislativa, que solo servirá para renovar mandatos o alcancen el beneficio viejos políticos. Pero debería servirnos para juzgar con otra óptica los rancios discursos o “tweets”, y repetidas estrategias propagandísticas. Destaquemos algunos puntos de partida.

1.- No aceptar que las eternas dirigencias intenten una vez más ocultar sus culpas, delegándolas en los apellidos Menem, De la Rúa, Duhalde o Kirchner.

2.- No permitir que las viejas elites oculten intereses y/o negociados tras urgencias, pobreza y protestas sociales, que paradójicamente, ellas mismas generaron. Los acuerdos sectoriales no se plasman en manifestaciones, sino en ámbitos más recoletos, usualmente de cinco estrellas.

3.- No aceptar, sean del oficialismo, oposición o entidades privadas, montos, cantidades o porcentajes que no estén respaldadas en información pública detallada que los sustente, para evitar su utilización como factor de presión. Los datos reales siempre existen.

4.- No aceptar generalidades dialécticas o mensajes y/o conceptos que buscan ocultar y/o falsear verdades. Expresar que hay dirigentes, empresarios o jueces “buenos y malos”, es no decir nada. O por el contrario, ejercer la “coacción” mediante denuncias oportunistas sin pruebas consistentes.

Previo a ejemplificar en la próxima opinión conductas incongruentes y/o falaces con nombres y apellidos, es necesario mencionar dos aspectos que explican parcialmente la prolongada permanencia dirigencial.  Uno, de origen legal, que incluye a corporaciones privadas y gremiales, se sustenta en regímenes electorales absolutamente restrictivos en cuanto a la opción ciudadana/afiliado de elegir, y extremadamente dúctil para permitir continuidades en los cargos. El otro, de origen psicológico, es conocido como “doble personalidad”, y es utilizado para disimular oportunismos. Vale decir que entre lo que se dice y se hace, en nuestro país hay muchos Dr. Jekyll y Mr. Hyde, famoso personaje de la novela de Stevenson.


Buenos Aires, 15 de marzo 2017

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