El delito a gran escala, presenta
patrones universales en lo organizativo y psicológico. Los hampones de la
década del 30 necesitaban para sus negocios ilícitos (prostitución, juego y
contrabando), activas complicidades políticas, policíacas y judiciales. Para la
pasividad de la población, utilizaban la resignación, el miedo o el crimen. Sus
enormes ganancias contaban con eficaces estructuras administrativas que falseaban
balances, lavaban dinero (de esa época surge el término), y abrían cuentas
offshore.
Décadas más tarde, los delitos
económicos estatales no presentan diferencias de fondo sino de matices. El
dinero ilícito no surge de negocios privados, sino de recursos del Estado. Semánticamente,
el duro término “delito” se dulcificó en el híbrido “corrupción”. Los
“hampones” de entonces, mutaron en funcionarios políticos asociados a empresarios
cómplices. Las antiguas crónicas policiales que relataban cinematográficos
robos a bancos en medio de balaceras, se dedican hoy a los sofisticados saqueos
de presupuestos públicos planificados en confortables oficinas o confiterías de
moda. La única diferencia entre el ayer y el hoy, es el acelerado desarrollo
tecnológico digital y de medios de comunicación, que hace cada vez más difícil la
utilización invalorable “del secreto” para ocultar pruebas y complicidades. Ello
obligó a que la clásica estrategia comunicacional de la lucha de “buenos contra malos”, se transformara en
un discurso que por repetido no deja de mantener cierta eficacia: “no hay inocentes, somos todos ladrones”.
O bien disimular culpabilidades con el recurso de la falsa proclamación ética
que tan bien definiera el historiador Luis Alberto Romero: “quienes se sienten amenazados en sus intereses, se defienden empleando
el mismo lenguaje de la virtud”.
Para evitar la mimetización entre
culpables e inocentes, o entre procesados y denunciados, con el fin de confundir
a la opinión pública para que nada cambie, se deben destacar cinco conceptos.
1) Muchos de los responsables políticos,
judiciales, empresariales y sindicales que por acción u omisión posibilitaron
la corrupción en las últimas décadas, están en pleno ejercicio de sus roles. De
ahí que una real acción contra la corrupción, se logrará solo manteniendo una
fuerte y sostenida presión social.
2) Para evitar el engaño encubridor
de “todo es lo mismo”, es necesario categorizar acciones y sus consecuencias
políticas: a) rendición de cuentas por actos de gobierno que importaron
sustracción ilegal de recursos del Estado (delito); b) cuentas y/o bienes en el
exterior no declarados (evasión); c) cuentas y/o bienes en el exterior declarados
(legítimo).
3) La justicia deberá investigar
con igual celeridad denuncias sobre el gobierno anterior como del actual. Será
esencial el aporte de organismos de control público, hasta hace poco facilitadores
de la corrupción estatal-privada ( AFIP, Personas Jurídicas, Procelac, etc.).
Si sus responsables ocultan y/o niegan la entrega de documentación en tiempo y
forma, deberán ser denunciados y procesados.
4) Los legisladores deberán cumplir
con su obligación indelegable de lograr leyes eficaces para combatir la
corrupción. Y abandonar el intento de confundir a la sociedad con opinables
debates éticos de carácter filosófico, dado que las inobservancias éticas no son
penalmente punibles. Menos aún pueden incursionar en este campo quienes se
autoprotegen interpretando capciosamente la ley de fueros, permitiendo que
procesados y/o condenados por delitos comunes puedan ser candidatos y/o
legisladores.
5) Un ejemplo de la distancia política
que existe entre lo discursivo ético y lo legislativo sancionatorio, es la ley
de Extinción de Dominio, que permite decomisar bienes de la corrupción y
reintegrarlos al presupuesto público. Aplicada con éxito en los países más
avanzados, se encuentra congelada desde hace casi dos años en el Senado. Podrían
decomisarse por ejemplo, los nueve millones de dólares de José López. Con un beneficio
adicional; al actuar prestamente sobre el objeto del delito (dinero y bienes),
perderá sentido “cajonear” causas judiciales, pues.los propios afectados serán los
interesados en acelerarlas.
Buenos Aires, 14 de marzo 2018
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