domingo, 5 de febrero de 2012

EL ANILLO DE OYARBIDE

Es sabido que existen dos vertientes clásicas para el análisis político: la utópica (Platón; Santo Tomás de Aquino), que parte desde un punto de vista ético aplicado a que la política debe estar al servicio de los demás (habitual en los discursos), y la escéptica (Maquiavelo; Max Weber), que la evalúa como es, y no como nos gustaría que fuera (habitual en las acciones).
Hace más de 500 años expresaba Maquiavelo en “El príncipe”, que “ni siquiera una facción victoriosa logró permanecer nunca unida, salvo cuando la facción rival era poderosa. Pero si esta era aniquilada por el bando en el poder, y la victoriosa ya no tenía temores que la limitara ni leyes que la controlasen, se dividía”
Si sustituímos los términos originales “facción” y “bando”, habituales en dicha época, veremos la increíble actualidad de la visión de Maquiavelo respecto a nuestra situación política. Otro término a sustituir es “aniquilar” cuando se refiere a la facción rival (hoy denominada oposición). En nuestro país no hizo falta aniquilar (derrotar), a la facción rival (oposición): esta se derrotó sola, o peor aún, nunca asumió el rol de oposición.
No es casual entonces que las mayores polémicas hoy se dan en el seno del propio gobierno, en donde predominan una vez mas los intereses sectoriales y particulares, antes que disensos en la aplicación de políticas de gobierno.
Pero como está claro que el poder aún continúa plenamente en manos de la Presidenta, con un contexto económico que más allá de predicciones no halagüeñas se lo permite, el juego de intereses en pugna es aún sordo, y enmascarados en el afable “Cristina”, que a futuro es más preocupante que “señora Presidenta”, como posiblemente opinaría Maquiavelo.

Cumplido el sueño de Pino Solanas de acabar con el bipartidismo, y comprobada su nefasta consecuencia, se deberá comenzar a reconstruir una alternativa de gobierno seria y coherente, que no solo actúe como oposición, sino también como sostén democrático legítimo surgido de un razonable apoyo popular a través del voto, para brindar apoyo institucional alejado de lo sectorial y de internismos, en las decisiones transformadoras que se compartan con el Gobierno. “Cristina” no podrá realizar cambios de fondo solo con adherentes obsecuentes y costosos, o con supuestos opositores volubles pagados de sí mismos, cuya preocupación inmediata es como mantendrán sus cargos legislativos en la elección de 2013. Por eso es necesario abandonar por un momento focalizar los debates en si Cristina es buena o mala, y echar una ojeada a las actividades de la oposición, aclarando que en la emergencia llamaremos “oposición” a aquéllos que al menos no proclaman “Cristina eterna”, o los que señalen todos sus defectos sin proponerle alternativas, que como legisladores y representantes partidarios están obligados a brindar.

En este objetivo, cabe analizar la denuncia judicial presentada al Consejo de la Magistratura por la diputada nacional Patricia Bullrich, para que se investigue al juez federal Norberto Oyarbide por la compra de un anillo de brillantes. Esta denuncia merece varias reflexiones, para que la ciudadanía no se vea engañada una vez mas por acciones escenográficas e insulsas, eludiendo transparentar los problemas de fondo.
1.- En primer lugar, una denuncia, a diferencia de una querella, no permite la intervención y seguimiento del denunciante en el expediente. Por lo tanto el objetivo es mediático, sin asumir responsabilidades ni aportar pruebas. Por lo tanto, en el manejo de responsabilidades públicas, basta de denuncias.
2.- Cabe preguntarse además: tiene sentido denunciar a Oyarbide por un anillo sea cual fuere su valor, cuando ningún político oficialista u opositor se preocupa de informar a la ciudadanía el trámite que siguieron las múltiples denuncias ante el Consejo de la Magistratura por su actuación como juez, y los fundamentos de eventuales faltas de mérito?
3.- Tiene sentido denunciarlo por un anillo cuando tiene absolutamente paralizada la investigación de la causa por los millones de dólares transferidos sin ningún control por organismos del Estado a la Fundación Sueños Compartidos para construir viviendas, con la posterior defraudación de dichos fondos públicos?
4.- Tiene sentido denunciarlo ante el Consejo de la Magistratura, cuando este organismo está acusado por supuestos opositores de actuar (o no actuar), por contar con una mayoría oficialista?

Qué debería entonces hacer un verdadero opositor, en su función de contralor que por su carácter de minoría le corresponde en un sistema democrático? Cuanto menos, informar a la comunidad de los actos de gobierno. En el caso del Consejo, informar como se votó ante pedidos de enjuiciamiento por mal desempeño de funciones de los magistrados, muy especialmente en los casos de delitos contra el Estado, o sea, de corrupción económica. En la práctica, esta acción es mas sencilla y positiva para la sociedad, que averiguar como compró el anillo Oyarbide. Los consejeros son solo trece: Oscar Aguad; Mario Cimadevilla; Stella Maris Córdoba; Alejandro Fargosi; Mario Fera; Marcelo Fuentes; Ada Iturrez de Capellini; Luis Ordiales; Carlos Moreno; Daniel Ostropolsky; Ricardo Recondo; Alejandro Sánchez Freytes y Manuel Urriza. Todos son abogados. Intencionadamente no se indica a que sectores representan, y menos aún se los tilda de oficialistas u opositores, porque sería prejuzgar. Son solo trece. Es mucho pedir que alguno de ellos o algún legislador “opositor” nos informe cómo votaron en cada caso de pedido de destitución, como por ejemplo, los que involucraron al juez Oyarbide? O quién o quienes mantienen “cajoneada” determinadas denuncias?

Vale el ejemplo del anillo, porque se avecina una etapa en que será muy importante desentrañar la realidad transmitida a la sociedad, cuando esté enmascarada en altisonancias verbales.
Cierra la reflexión Maquiavelo:”Hay tres clases de cerebros: el primero discierne por sí mismo, el segundo entiende lo que otros disciernen y el tercero no discierne ni entiende lo que otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero inútil”.



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