domingo, 1 de abril de 2012

LIBERALISMO O PROGRESISMO: FALSO DEBATE PARA QUE NADA CAMBIE

Las últimas dos décadas han exhibido una recurrencia política que no reconoce muchos antecedentes a nivel mundial: adopción de medidas de gobierno totalmente contrapuestas adoptadas por los mismos actores políticos, que engañosamente pretenden escudarse en posturas filosóficas antagónicas: supuestos liberalismos o progresismos. Posiblemente este absurdo repetido hasta el hartazgo, haya obrado en el inconsciente de manera sorprendente para quien nunca fue peronista, haciéndome recordar a Juan Domingo Perón en su recordada postura a favor de una Tercera Posición, ante la falacia ideológica de posguerra de presentar la opción entre capitalismo y comunismo como inevitables. En su libro “El proyecto nacional” Perón decía que el desarrollo intenso de la política internacional impuso la necesidad de crear instrumentos para manejarla, surgiendo las que llamó las “Grandes Internacionales”. Expresaba textualmente: “El capitalismo y el comunismo soviético no son sino dos de ellas, aparentemente contrapuestas pero, en realidad de verdad perfectamente unidas y coordinadas” (página 32). Está de más señalar que políticamente Perón inevitablemente estará entre las figuras históricas más controversiales, pero lo que muchos desconocen es que fue uno de nuestros pensadores geopolíticos más trascendentes.

El recuerdo inconsciente de Perón no fue caprichoso; sirvió para asimilar su concepto a a la falsedad del debate que se quiere instalar hoy en la sociedad, entre supuestos liberalismos y progresismos, para que nada cambie en lo que en el “setentismo” se denominaba “oligarquía política”. Esta situación explica además que la ausencia de oposición desde hace años, dramáticamente expresada en la última elección presidencial, y el grosero aumento de dietas legislativas con el acuerdo y silencio de todos los bloques partidarios, no es casual.

Temas trascendentales y estratégicos como la explotación de hidrocarburos; línea aérea de bandera; sistema jubilatorio; rol del Banco Central, por citar los más conocidos, merecieron decisiones políticas y legislativas absolutamente contrapuestas en pocos años, aún dentro de un mismo período de gobierno, increíblemente llevadas a cabo por los mismos actores políticos. El fenómeno se manifiesta no solo en las acciones, sino también en las omisiones, como la de mantener inalterable la matriz de corrupción entre funcionarios públicos y empresarios privados; la permanencia en sus cargos de jueces federales que le brindan cobertura; el mantenimiento de sistemas de distribución de los ingresos públicos que transforman en declamatorio al federalismo, con la imprescindible complicidad de gobernadores y legisladores provinciales; mantenimiento de sistemas electorales que llevan a su mínima expresión la posibilidad del ciudadano de elegir a sus representantes (listas sábanas; candidaturas testimoniales).

El mejor ejemplo de lo expresado es el actual debate acerca de la explotación de los hidrocarburos por parte de las petroleras, concentrado en su principal actor, la empresa Repsol – YPF. Al respecto, para quienes somos neófitos en el tema, es recomendable leer el artículo “Una nueva política petrolera” que publicara en La Nación el pasado 27 de marzo el ex gobernador de Santa Cruz en el período 2003-2006, Sergio Acevedo.

Mientras Pacho O´Donnell continúa investigando la verdadera causa del fusilamiento de Manuel Dorrego, retrocedamos pocos años para recordar el trámite de privatización de YPF. Obviamente generó gran resistencia social y legislativa, con el rechazo total de la UCR, que en esa época existía. Ante la dificultad de obtener los votos necesarios, se conformó el habitual “lobby”, en donde no se discute de liberalismos o progresismos sino exclusivamente de dinero. La estrategia esencial del “lobby” para vencer resistencias fue contar con el apoyo unánime de todas las provincias petroleras: Santa Cruz; Chubut; Neuquén; La Pampa; Mendoza; Salta; Jujuy y Formosa, que estaban agrupadas en la Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos. El 21 de agosto de 1991 asumió la presidencia de la Organización el gobernador de Santa Cruz Néstor Kirchner. El 30 de agosto del mismo año, Carlos Menem, Domingo Cavallo y José Luis Manzano suscribieron un acuerdo con Santa Cruz por el que la Nación le reconocía una deuda de 480 millones de dólares, pago que quedaba sujeto a la sanción de la ley de privatización de YPF, por una cláusula que indicaba que si no se aprobaba el acuerdo quedaba sin efecto. Del mismo modo se acordó con las restantes provincias petroleras el pago de importantes regalías producto de la venta de la empresa, proporcionales a sus producciones. Las provincias patagónicas, principales productoras, estaban gobernadas por un justicialista en Santa Cruz; un radical en Chubut y un integrante de la familia Sapag en Neuquén, pero en esa instancia dejaron de debatir acerca de Perón, Yrigoyen y la familia Sapag, y fueron mancomunadamente en busca de los fondos. Se consiguió la unanimidad deseada a favor de la privatización, y el 24 de septiembre de 1992 por la noche la Cámara de Diputados aprobó el proyecto de ley de privatización, siendo miembro informante el diputado neuquino Oscar Parrilli, actual secretario general de la Presidencia..

Entre quienes habilitaron el tratamiento y aprobación de la ley de venta de YPF se encontraban los hoy vigentes Felipe Solá; Eduardo Amadeo; Eduardo Camaño; Oscar Lamberto; Jorge Yoma; el actual integrante de la Corte Suprema Juan Carlos Maqueda; Carlos Ruckauf, y el mencionado Oscar Parrilli. El presidente de la Nación era el hoy senador nacional Carlos Menem (en diciembre ningún legislador objetó su jura); en Santa Cruz eran legisladores provinciales Cristina Kirchner y el actual jefe de la SIDE Héctor Icazuriaga, quienes promovieron un proyecto en su legislatura provincial que avalaba la privatización.

El problema político que arrastra nuestro país no surge de la confrontación de posiciones en defensa del interés nacional, sino de la peligrosa y creciente concordancia de los distintos sectores políticos para perpetuar sus privilegios personales, intentando disimular esta realidad tras falsos debates ideológicos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario