Las recurrentes discusiones y asimetrías
salariales entre los distintos organismos del Estado nacional, provinciales y
aún municipales, exponen con crudeza que las políticas públicas siquiera tienen
un horizonte previsible de un par de meses, y mucho menos aún de un año.
Mas allá de declamaciones estentóreas y grandilocuentes,
la factibilidad de las políticas de estado quedan plasmadas en el único
instrumento que puede convertir los deseos en realidad: los presupuestos
públicos elaborados por los distintos Poderes Ejecutivos, que son los
verdaderos instrumentos de desarrollo de una sociedad, al establecer
prioridades y perseguir objetivos para el corto plazo de un año, y posibilitar
el normal desarrollo de los de largo plazo. La tarea exige mantener
negociaciones previas entre los diversos sectores públicos y privados
involucrados, valorizar costos administrativos, proyectar indicadores
económicos, definir salarios públicos e inversiones, para luego plasmar
ingresos y egresos, debiendo incluir éstos últimos una reserva ante situaciones
imprevistas, tales como emergencias y catástrofes. De este modo se manifiestan las
verdaderas políticas de gobierno y resultados de gestión, que pueden
posteriormente denominarse Proyecto Nacional, Modelo, o el nombre de fantasía
que se prefiera.
Una vez confeccionados son elevados a
consideración de los correspondientes Poderes Legislativos para ser analizados,
eventualmente modificados, y transformados en Ley, que en el caso del
Presupuesto Nacional, que también involucra a provincias y municipios, no en
vano es conocida como “la Ley
de leyes”. No concluye aquí la tarea legislativa; los denominados
representantes del pueblo deben ejercer un control permanente de su correcto
cumplimiento, muy especialmente los sectores de oposición, que para ello la
sociedad les otorgó el mandato en el carácter de tal.
El primer pensamiento del lector podrá ser
que lo expresado no aporta nada nuevo a lo ampliamente conocido. Cabe entonces
preguntarse cómo es posible que todos los años se repitan los descalabros y
desigualdades salariales de los distintos organismos del Estado, y muy
especialmente sean endémicos los conflictos del sector docente, que están
llevando a la educación pública a niveles extremos de degradación, con cada vez
menos días de clase efectivos en cada ciclo anual, lo que se traduce en un
desbalance mortífero entre sus alumnos y los que concurren a establecimientos
privados.
El Presupuesto Nacional del año 2013 comenzó
a diseñarse en el pasado mes de julio, siendo aprobado en Diputados con 147
votos positivos y 87 negativos, y por el Senado por 42 votos a favor y 23 en
contra. El 05 de noviembre de 2012 fue promulgado por el Gobierno nacional. El
Presupuesto de la provincia de Buenos Aires, por su parte, fue sancionado el 01
de noviembre de 2012. Los que en ambos casos votaron negativamente, deben
aceptar obviamente la decisión de las mayorías y convertir sus objetivos en
propios, pero sin renunciar a su ineludible obligación de controlar que se
ejecute según lo establecido, y evaluar sus resultados concretos.
Si ejemplificamos lo antedicho con el
conflicto salarial docente de la provincia de Buenos Aires, es natural suponer
que dirigentes políticos oficialistas y opositores; gremialistas docentes y
funcionarios del Ejecutivo provincial encabezados por Daniel Scioli, sabían
perfectamente cuáles serían los salarios aprobados para todo el ejercicio del
año 2013. Entonces, qué se está discutiendo en marzo de éste año, dejando a
miles de alumnos sin la mentada “educación pública”?
A partir de esta pregunta cercana a la
estupidez, se abren distintas hipótesis que no son tratadas por la mayoría de
los analistas políticos, y menos aún, por los políticos de distintas vertientes
partidarias sean oficialistas u opositores, acostumbrados a opinar
mediáticamente de innumerables temas sin jamás proveer información concreta. No
se conoce, por ejemplo, si la crisis provincial docente se origina porque
Nación no envía mensualmente las partidas que corresponden a Buenos Aires, o
bien la provincia elaboró un presupuesto irreal que ahora necesita de “un
auxilio” no previsto por parte de la Nación. Por otra parte, cabe preguntarse si los
dirigentes gremiales docentes se tomaron el trabajo de estudiar en noviembre de
2012 el presupuesto para éste año, porque no se entiende que recién ahora
descubran que los incrementos aprobados por ley son muy inferiores a lo
pretendido. Los interrogantes se suman: en caso de otorgarse a los docentes un
incremento salarial mayor al previsto por ley, de qué partida saldría la
diferencia? Si fuera la asignada a Educación, se afectará por ejemplo el
rubro mantenimiento de escuelas? Si así
fuera, saldrían oportunistas dirigentes políticos y gremiales a criticar al
adversario político que ejerce el
gobierno (por ejemplo Cristina Kirchner en Nación y Mauricio Macri en la ciudad
capital), por no ejecutar las obras afectadas por la redistribución de partidas
que ellos mismos promovieron?
La política salarial del Estado llegó a tales
niveles de caos, desigualdad, injusticia y privilegios, que las diferencia
entre los salarios jerarquizados de cargos políticos, legislativos y judiciales
con la enorme masa de trabajadores de los sectores de la educación, salud y
seguridad alcanza niveles escandalosos. Lo expresado incluye a las supuestas
reparticiones estatales que se escudan en una falsa “autarquía financiera”, que
no es tal cuando sus ingresos provienen de aportes de los contribuyentes en
forma directa y obligatoria, o a través del Tesoro Nacional para cubrir sus enormes
deficits operativos. En esta política de privilegios colaboran los conocidos
dirigentes gremiales del sector público, siempre más atentos a sus intereses
políticos personales que al de sus representados.
Esto se llama política salarial pública
nacional y popular?
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