El cierre de listas para participar en la
elección de legisladores nacionales como precandidatos en las primarias de agosto, y luego en la
elección nacional del 27 de octubre, permite reflexionar sobre algunos aspectos
que pueden dejar enseñanzas a futuro. Uno de ellos es el extraño caso llamado Daniel Scioli.
En primer lugar sorprende el uso
que sectores políticos supuestamente enfrentados hace cada uno de ellos de la
personalidad y accionar de Scioli, y la alta intención de voto que le otorgan encuestadores
y analistas. Sus antecedentes políticos comienzan a partir de la quiebra de la
tradicional y familiar empresa de artículos del hogar llamada “Casa Scioli”, en
ese entonces a cargo de Daniel y sus hermanos. De inmediato acude en su ayuda
laboral el ex presidente Carlos Menem, quien lo incorpora a su equipo de
gobierno como Secretario de Turismo de la Nación. A partir de entonces no
abandonó la función pública, ocupando cargos en los gobiernos de Duhalde y
Kirchner; con este último como vicepresidente y gobernador de la Provincia de
Buenos Aires. Son recordados los retos públicos a los que lo sometió como
presidente de la Cámara Alta la en ese entonces senadora Cristina
Kirchner. También sus deseos públicos de
presentar candidatura como Jefe de Gobierno de la Ciudad, para luego aceptar la
de la gobernación de la provincia de Buenos Aires, a requerimiento de Néstor
Kirchner . Cuando meses atrás expresó
su intención de ser presidente, y cuando lo descalificaron los kirchneristas
más fundamentalistas se llamó a silencio. Finalmente, en el reciente proceso de
conformación de listas para legisladores nacionales, gestionó la incorporación
de personas de su confianza en las alternativas peronistas no kirchneristas
hasta último momento. No lo consiguió siquiera dentro del oficialismo. Pese a
ello, concluída la integración de listas, todas ellas a dedo como en la mayoría
de las agrupaciones, se transformó en el fervoroso promotor de la lista
oficialista que encabeza Insaurralde, sobreactuando con frases rimbombantes
como “se está con el modelo o contra el
modelo”, o “no hay que abandonar el caballo en medio del río”. Cabe preguntarse
porque tal firmeza no la explicitó desde un principio, desactivando en tiempo y
forma las informaciones acerca del
accionar de sus operadores en las reuniones con Massa y De Narváez, con el
consiguiente malestar de la Presidente y sus colaboradores.
Debemos reconocerle la
respetuosidad de sus expresiones y una identificación con la condición de
conciliador, que en un contexto político de permanentes cruce de agravios más
escenográficos que ciertos, no deja de ser una virtud destacable. Pero plantear
los temas en forma educada y respetuosa del disenso, impide ser claro y
firme en las definiciones? La capacidad
de soportar agravios justifica que se le adjudique invariablemente “alta
imagen” entre el electorado, más en un país que ensalza liderazgos de
conducción fuertes cuando no personalistas?
Para aproximarnos a un
diagnóstico factible, puede sernos de utilidad la película “Desde el jardín”
estrenada en 1979, basada en la novela de trama sencilla que escribió en 1971
Jerzy Kosinsky, en donde ironiza contra la superficialidad del mundo moderno,
que alcanza a los mensajes políticos del más alto nivel. La trama se sustenta
en Chance Gardiner, interpretado por Peter Sellers, quien es un personaje muy
limitado intelectualmente que vive en Estados Unidos, y se conecta con el mundo
a través del televisor en su cuarto, y su actividad de jardinero. Por un hecho
fortuito, un multimillonario muy enfermo y
de gran influencia en la alta política lo emplea para cuidar su jardín.
En una reunión que mantiene en su mansión con el presidente de Estados Unidos
analizando los efectos de una crisis económica, el millonario pregunta a
Gardiner, circunstancialmente presente, que opina al respecto. Inmutable,
responde en forma lenta y monocorde, que tras la caída de las hojas en otoño y
pasado el invierno, llega el florecimiento de la primavera. Se produce un
silencio, el presidente y el millonario cruzan miradas, y dan a la frase de
Gardiner una sofisticada interpretación relacionada con una próxima mejora de
la economía. La conversación privada trasciende por ser citada su frase en un
discurso nacional del presidente, y Gardiner llega a ser entrevistado en
televisión como un inteligente y enigmático analista.
Ello recuerda las no
comprometidas frases de Scioli ante cualquier interrogante, o las sesudas
interpretaciones que sus colaboradores inmediatos hacen de sus silencios. Es justo señalar que la hibridez en los
mensajes es aplicable a la mayoría de
los mensajes de campaña, y de la propaganda política en general. Pero el caso
Scioli cobra especial relevancia cuando se relaciona su hibridez con la
supuesta alta imagen en la sociedad. Sería importante que las encuestadoras más serias y analíticas
intenten dilucidar e informarnos que entiende la población por “imagen” de un
político con expectativas de encabezar proyectos de gobierno, y como la
interrelaciona con la capacidad de gobernar. Hoy hasta podría sospecharse que
la anomia de Scioli sea una estrategia que permita, con cierta dosis de
cinismo, que tras su “imagen” puedan
escudarse de igual modo intereses tanto oficialistas como opositores,
permitiéndole competir por la presidencia de la Nación casi sin esfuerzo.
Señalamos que “Desde el jardín”
es también muy aplicable en las campañas electorales. Cuando el candidato
Sergio Massa, por ejemplo, expresa que mantendrá lo bueno del kircherismo y
cambiará lo malo, sin mayores detalles y compromisos, hace recordar a Chance
Gardiner.
No hay comentarios:
Publicar un comentario