miércoles, 17 de julio de 2013

SERÁ SCIOLI COMO CHANCE GARDINER?

El  cierre de listas para participar en la elección de legisladores nacionales como precandidatos  en las primarias de agosto, y luego en la elección nacional del 27 de octubre, permite reflexionar sobre algunos aspectos que pueden dejar enseñanzas a futuro. Uno de ellos es  el extraño caso llamado Daniel Scioli.

En primer lugar sorprende el uso que sectores políticos supuestamente enfrentados hace cada uno de ellos de la personalidad y accionar de Scioli, y la alta intención de voto que le otorgan encuestadores y analistas. Sus antecedentes políticos comienzan a partir de la quiebra de la tradicional y familiar empresa de artículos del hogar llamada “Casa Scioli”, en ese entonces a cargo de Daniel y sus hermanos. De inmediato acude en su ayuda laboral el ex presidente Carlos Menem, quien lo incorpora a su equipo de gobierno como Secretario de Turismo de la Nación. A partir de entonces no abandonó la función pública, ocupando cargos en los gobiernos de Duhalde y Kirchner; con este último como vicepresidente y gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Son recordados los retos públicos a los que lo sometió como presidente de la Cámara Alta la en ese entonces senadora Cristina Kirchner.  También sus deseos públicos de presentar candidatura como Jefe de Gobierno de la Ciudad, para luego aceptar la de la gobernación de la provincia de Buenos Aires, a requerimiento de Néstor Kirchner .   Cuando meses atrás expresó su intención de ser presidente, y cuando lo descalificaron los kirchneristas más fundamentalistas se llamó a silencio. Finalmente, en el reciente proceso de conformación de listas para legisladores nacionales, gestionó la incorporación de personas de su confianza en las alternativas peronistas no kirchneristas hasta último momento. No lo consiguió siquiera dentro del oficialismo. Pese a ello, concluída la integración de listas, todas ellas a dedo como en la mayoría de las agrupaciones, se transformó en el fervoroso promotor de la lista oficialista que encabeza Insaurralde, sobreactuando con frases rimbombantes como  “se está con el modelo o contra el modelo”, o “no hay que abandonar el caballo en medio del río”. Cabe preguntarse porque tal firmeza no la explicitó desde un principio, desactivando en tiempo y forma  las informaciones acerca del accionar de sus operadores en las reuniones con Massa y De Narváez, con el consiguiente malestar de la Presidente y sus colaboradores.

Debemos reconocerle la respetuosidad de sus expresiones y una identificación con la condición de conciliador, que en un contexto político de permanentes cruce de agravios más escenográficos que ciertos, no deja de ser una virtud destacable. Pero plantear los temas en forma educada y respetuosa del disenso, impide ser claro y firme  en las definiciones? La capacidad de soportar agravios justifica que se le adjudique invariablemente “alta imagen” entre el electorado, más en un país que ensalza liderazgos de conducción fuertes cuando no personalistas?

Para aproximarnos a un diagnóstico factible, puede sernos de utilidad la película “Desde el jardín” estrenada en 1979, basada en la novela de trama sencilla que escribió en 1971 Jerzy Kosinsky, en donde ironiza contra la superficialidad del mundo moderno, que alcanza a los mensajes políticos del más alto nivel. La trama se sustenta en Chance Gardiner, interpretado por Peter Sellers, quien es un personaje muy limitado intelectualmente que vive en Estados Unidos, y se conecta con el mundo a través del televisor en su cuarto, y su actividad de jardinero. Por un hecho fortuito, un multimillonario muy enfermo y  de gran influencia en la alta política lo emplea para cuidar su jardín. En una reunión que mantiene en su mansión con el presidente de Estados Unidos analizando los efectos de una crisis económica, el millonario pregunta a Gardiner, circunstancialmente presente, que opina al respecto. Inmutable, responde en forma lenta y monocorde, que tras la caída de las hojas en otoño y pasado el invierno, llega el florecimiento de la primavera. Se produce un silencio, el presidente y el millonario cruzan miradas, y dan a la frase de Gardiner una sofisticada interpretación relacionada con una próxima mejora de la economía. La conversación privada trasciende por ser citada su frase en un discurso nacional del presidente, y Gardiner llega a ser entrevistado en televisión como un inteligente y enigmático analista.

Ello recuerda las no comprometidas frases de Scioli ante cualquier interrogante, o las sesudas interpretaciones que sus colaboradores inmediatos hacen de sus silencios.  Es justo señalar que la hibridez en los mensajes es aplicable  a la mayoría de los mensajes de campaña, y de la propaganda política en general. Pero el caso Scioli cobra especial relevancia cuando se relaciona su hibridez con la supuesta alta imagen en la sociedad. Sería importante que  las encuestadoras más serias y analíticas intenten dilucidar e informarnos que entiende la población por “imagen” de un político con expectativas de encabezar proyectos de gobierno, y como la interrelaciona con la capacidad de gobernar. Hoy hasta podría sospecharse que la anomia de Scioli sea una estrategia que permita, con cierta dosis de cinismo, que tras su “imagen”  puedan escudarse de igual modo intereses tanto oficialistas como opositores, permitiéndole competir por la presidencia de la Nación casi sin esfuerzo.

Señalamos que “Desde el jardín” es también muy aplicable en las campañas electorales. Cuando el candidato Sergio Massa, por ejemplo, expresa que mantendrá lo bueno del kircherismo y cambiará lo malo, sin mayores detalles y compromisos, hace recordar a Chance Gardiner.


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