miércoles, 10 de julio de 2013

ESCASAS EXPECTATIVAS DE CAMBIOS

El cierre y oficialización de las listas “partidarias” que participarán en la internas de agosto (PASO), para definir quienes competirán  en la elección del 27 de octubre para la renovación parcial de diputados y senadores nacionales, dejó en claro que las expectativas de mejoramiento de nuestro sistema político una vez más han quedado postergadas. Sin embargo dicha circunstancia, pasado el desánimo y escepticismo inicial, debe ser capitalizada para transparentar los vicios que sustentan lo afirmado, porque la reiteración de camuflajes de la realidad llevará inevitablemente al hartazgo popular, más allá de identificaciones “partidarias” o ideológicas.

En primer lugar resalta el hecho que las internas, llamadas ahora primarias, son evitadas por la casi totalidad de los actores políticos. La honrosa excepción la presentó la interna entre la UCR, Coaliciòn Cìvica y Proyecto Sur en Capital Federal, agrupadas en UNEN. Súmese a ello la persistencia de dos reclamos de reforma electoral reiteradamente negados a la  sociedad: la lista única, que impida el caos de boletas y robos de la mismas, y el sistema de ordenamiento final de los candidatos según el voto ciudadano, quien se ve limitado a votar a paquete cerrado las incombustibles “listas sábanas”. Ello distorsiona a tal nivel el poder democrático de elegir, que la ciudadanía se acostumbró a no reaccionar ante los crecientes casos de nepotismo, en donde las listas están plagadas de esposas, ex esposas, hijos, hermanos y otros familiares de los distintos candidatos. Qué posibilidad tiene el ciudadano de reaccionar con su voto ante el nepotismo? Ninguna: se vota a paquete cerrado.

También se reitera la aparición de nuevos partidos y/o alianzas con tal velocidad de presentación en sociedad, que hace dudar que muchos de ellos cumplan con los requisitos establecidos por ley para ser considerados partidos, ante lo cual la justicia electoral, sobrepasada por tanta creatividad fundacional, omite su tarea de control. Verificar esta posibilidad sería un interesante caso de investigación periodística.

La creciente atomización partidaria, que para no degradar el concepto esencial de partido debería llamarse de “espacios polìticos”, hace falaz la supuesta existencia de proyectos que excedan lo personal, por no estar sustentados por estructuras coherentes, representativas en el tiempo, y extendidas en lo territorial. El caso del Partido Renovador de Massa es un ejemplo. Conformado a último momento bajo el repetido recurso del híbrido llamado “transversalidad”, incorporó a su lista al hasta hace poco presidente de la Coalición Cívica Adrián Pérez, quien al no conseguir ubicación expectante en su partido, con el pase en su poder se insertó en la lista de Massa. Lo mismo sucedió con el reciente presidente de la Unión Industrial Argentina, Ignacio de Mendiguren. Citamos el caso Massa por su reciente aparición en el escenario político con expectativas nacionales, pero lo expresado es aplicable para todas las agrupaciones existentes. Ante estas realidades, es evidente que hoy no pueden existir proyectos que excedan lo personal.

Por ello ya no sorprende que un candidato acceda a un cargo por determinada agrupación, y una vez elegido se incorpore a otra, o pretenda en el marco de la soberbia actuar como “bloque independiente”, burlando el voto ciudadano. Estas distorsiones al sistema democrático exigen soluciones que no intentarán implementar quienes se ven beneficiados por estos subterfugios. En una reforma política futura realmente eficaz, habrá que reactualizar el viejo debate sobre si la banca es del legislador o del partido, estableciendo los límites ante una u otra posibilidad. También será necesario reformular el calendario electoral, eliminando las elecciones cada dos años para llevarlas a cuatro años, no solo para evitar el perjuicio que implica a la tarea legislativa las prolongadas campañas electorales, sino que los candidatos a presidente sean legisladores que no renuncian a su condición y nada arriesgan, dos años más tarde renueven como legisladores, pasados dos años se presenten como candidatos a presidente, y asì hasta el infinito. Desactivar esta trampa, implica diseñar una metodologìa adecuada de renovación del Congreso.

Es evidente entonces que centrar la campaña electoral en no avalar una eventual  reforma constitucional que habilite continuas reelecciones presidenciales, no solo permite eludir compromisos legislativos para las urgencias inmediatas, sino que la volatilidad de las convicciones e identificaciones partidarias hace irrelevantes las promesas. De hecho, ya sucedió con la reforma constitucional de 1994.

Un comentario aparte merecen las externas políticas del peronismo, que suplen a las internas. Justificaciones como que el Partido Justicialista no existe o que está intervenido, rayan en el absurdo. Qué confianza pueden transmitir candidatos que se dicen peronistas y no son capaces de hacer funcionar normalmente a su propio partido? Lo cierto es que la ausencia de alternativas partidarias coherentes y consolidadas, posibilita que en un distrito clave desde lo numérico como el de la provincia de Buenos Aires, el peronismo se pueda permitir el lujo de trasladar su interna a la elección general, captando una expectativa social hábilmente sobredimensionada entre candidatos del mismo partido. La picardía fué descripta con su habitual lucidez e ironía por Perón, al expresar que cuando se pensaba que los peronistas se estaban peleando, en realidad se estaban reproduciendo.

Por ello el 27 de octubre próximo no competirán proyectos ni soluciones para la ciudadanía, sino espacios de poder con proyección al 2015 en el caso del partido gobernante, y el deseo de mantener y/o alcanzar cargos legislativos en las atomizadas y débiles oposiciones. La esperanza se funda en que una vez atravesada la elección nacional, tendremos dos años para que en el 2015 existan al menos dos alternativas de gobierno con estructuras polìticas consistentes que permitan al ciudadano elegir realmente opciones de gobierno.


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