La
primera reacción de los ciudadanos al cierre de las elecciones legislativas en
la noche del 27 de octubre, fue de sorpresa: todos festejaron como
triunfadores. Pero si se reflexiona sobre las razones subyacentes, las puestas
en escena tienen su justificación.
En
primer lugar de carácter personal: los que saltaban en los distintos escenarios
se habían asegurado una diputación o senaduría para los próximos períodos, sin
haber atravesado internas partidarias (salvo el caso UNEN en Capital Federal),
y puestos a dedo en listas sábana, que
impiden que el votante elija a quienes considera sus mejores candidatos. En los
casos de aquéllos que pretenden erigirse como potenciales candidatos presidenciales
en el 2015, tempranamente se sumergieron en el escenario visual marketinero “de
los grandes triunfadores”. El círculo se cerró desde el Gobierno en su sede
electoral, cuando el vicepresidente Boudou actuando como maestro de ceremonias
exultante y enfervorizado, gritaba “somos la primera minoría”. Hasta acá, lo
transmitido por los políticos. Ahora intentemos una visión desde el ciudadano
común, independientemente de a quien haya votado.
El
previsible resultado electoral tuvo como elemento determinante el cierre
definitivo de una reforma constitucional que habilite una nueva reelección de
la presidente Kirchner, más allá que posiblemente surjan ideólogos que intenten
una reelección mediante vías alternativas antijurídicas, con interpretaciones
forzadas. El escenario a futuro cambió sustancialmente: se pasó de un debate
constitucional a una lucha sucesoria.
A
partir de este dato, se abre un amplio panorama con múltiples y confusas
opciones para constituirse en opción de gobierno, ya sea en lo referido a las
configuraciones partidarias como a los candidatos para representarlas. Estos
últimos deberán ser juzgados de ahora en más a través de sus tareas
legislativas y proyectos concretos, lo que obviamente incluye al oficialismo en
ejercicio del gobierno, pues el país no soportará estériles discusiones y
mensajes grandilocuentes respecto a la economía, corrupción, inflación e
inseguridad, entre los reclamos más relevantes.
Por
ello es válido centrar el análisis en aspectos concretos que dejó la última
elección y su proyección a futuro, ante que dedicarnos a los infantiles
listados de supuestos ganadores y perdedores. Comencemos por los resultados
generales nacionales. Sobre un total de 22.590.000 votos válidos, el
ordenamiento por votos obtenidos fue el siguiente, computando el vasto campo de
“los aliados”:
Frente
Para la Victoria 7.488.000 Unión Cívica Radical 4.830.000
Frente
Renovador 3.848.000 Frente Cívico Social 2.068.575
PRO
2.034.000 Frente de Izquierda 1.155.000
Las
seis agrupaciones representan el 86 % de los votantes.
Si
el análisis se centra en los partidos de extensión nacional, comienzan las
curiosidades. La UCR solo participó como tal, en las provincias de Córdoba,
Chubut, Entre Ríos, Mendoza, Misiones, Río Negro y Tierra del Fuego, con un
total de 1.330.611 votos . El PJ solo compitió en La Pampa, Salta, Santa Cruz y
Tierra del Fuego, sumando 223.243 votos. El histórico y tradicional Partido
Socialista solo se presentó en Misiones. El Frente Para la Victoria por su
parte, es el único partido que se presentó en la casi totalidad de los
distritos, salvo en La Pampa y Salta. Hay que reconocerle entonces no solo su
lógica condición de primera minoría, sino la coherencia que debe exhibir
cualquier partido que pretenda conducir al país: tener presencia efectiva en
todas las provincias.
Tras
el justificado halago para el FPV, se presenta un serio problema que debería
resolverse en los próximos dos años: si un 67 % de ciudadanos no votaron
candidatos de gobierno, se les negará el derecho de tener una opción presidencial
real en el 2015, frente a las multicolores variantes peronistas? Esa eventual opción deberá apoyarse en una
estructura partidaria y programática coherente; sustentarse en un trabajo
mancomunado y sostenido desde ahora; y reflejarse
en un candidato presidencial surgido en interna abierta y no en “consensos”
entre pocos particulares. Hoy esa opción no existe. Es de esperar también que para el 2015 finalmente
estén derogadas las listas sábana legislativas, en la que se cuelan personajes
sin méritos y familiares de dirigentes, negando al ciudadano el derecho de
elegir a sus legisladores individualmente.
Retomando
la realidad numérica, analicemos los votos sacados por quienes al día de hoy se
presentan como candidatos presidenciales, ordenados de mayor a menor según cantidad
de votos. Se considerará solo la categoría de diputados nacionales, que se votó
en todas las provincias, y se sumarán solo los votos aportados a los partidos
que representan, excluyéndose a los
llamados aliados, por ser circunstanciales y especulativos a favor de sus cúpulas
dirigenciales.
Urribarri/Capitanich/Scioli (Frente Para la Victoria) 6.648.451
Massa (Frente Renovador) 3.776.898
Binner (Frente
Progresista Cívico y Social) 2.068.575
Macri (PRO)
1.473.742
Cobos/Sanz (UCR) 1.350.940
Frente de
Izquierda (candidato desconocido) 950.600
Carrió (UNEN) 581.096
De la Sota (Unión por Córdoba) 515.848
En
momentos que las encuestadoras una vez más fallaron ostensiblemente en sus
pronósticos, sorprende que analistas y políticos no profundicen en las conclusiones que pueden obtenerse de
la encuesta más precisa e irrefutable: la suma del voto del ciudadano. Intente
el lector sacar sus propias conclusiones, y la próxima semana continuaremos
avanzando en el tema.
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