miércoles, 4 de diciembre de 2013

DE LA LEVEDAD DE LAS PALABRAS A LOS HECHOS

En esta semana se oficializa el recambio legislativo de diputados y senadores nacionales, provinciales y de la ciudad de Buenos Aires, como resultado de las elecciones del pasado mes de octubre. Es oportuno recordar las dos funciones perfectamente diferenciadas que la Constitución Nacional otorga al Poder Legislativo: la específicamente legislativa (dictar leyes), y la de naturaleza parlamentaria (control sobre los actos del Poder Ejecutivo). No se puede obviar por su parte, el pobrísimo funcionamiento legislativo de los últimos años, incluyendo el incumplimiento de muchos legisladores de las obligaciones básicas de representación y trabajo por las que fueron votados.

Sin embargo es de gran importancia destacar una circunstancia particular: desactivada la posibilidad de reelección de la Presidente, el ámbito legislativo será el vehículo que posibilitará a la ciudadanía evaluar de manera concreta la personalidad, voluntad de acción, calidad de propuestas y gestión para transformarlas en leyes, de quienes pretenden ser elegidos en el 2015 para conducir los destinos del país. Ello es aplicable tanto para las supuestas oposiciones como para el oficialismo gobernante. Incluye a Cobos, Binner, Sanz, o las variantes justicialistas Massa, Capitanich, De la Sota, Scioli, o quienes surjan a futuro. En cuanto a los gobernadores con pretensión de candidatos, será relevante la actuación de sus representantes nacionales en las Cámaras. Tanto o más importante que centrar los análisis políticos en Cristina Kirchner, será considerar la real consistencia de cada uno de los candidatos, tanto en lo personal como la de las agrupaciones que le brindan soporte. La etapa de las sonrisas marketineras, las promesas lisonjeras o análisis más propios de comentaristas que de legisladores, concluyó. Remedando a Ortega y Gasset, es momento de decir: legisladores en general, y candidatos en particular, a las cosas.

Las minorías no podrán escudarse en su condición de tal. Si bien no podrá pedírseles aprobación de leyes por no reunir los votos necesarios, si deberán cumplir con su obligación de informar con claridad a la ciudadanía sobre las virtudes de sus proyectos, y lo que considere falencias de los aprobados. También deberán informar acerca del funcionamiento de todos los sectores que constituyen la administración pública, con datos precisos. Para ello las minorías están representadas en las distintas comisiones legislativas, y su condición de legisladores les brinda instrumentos y atribuciones para estar perfectamente informados, y a su vez, informar a la sociedad. De negárseles información, deberán denunciarlo públicamente, con sustento y seriedad. No es posible que los casos de corrupción, por ejemplo, sean conocidos casi exclusivamente a través de los medios de comunicación, y no por los legisladores.

Esta etapa legislativa ofrece a partidos y candidatos que pretenden ser opción de gobierno, una invalorable oportunidad. Comenzar por un acto de transparencia que depende de sus voluntades individuales, y no de las corporativas: volcar al conocimiento público a través de la página de Internet sus estructuras administrativas y de asesores, actividades personales como viajes al exterior y sus motivos, y actividad de sus bloques políticos y de los ajenos. Modificar en lo inmediato un vicio recurrente y de complicidad unánime, mostrando que los grandes acuerdos políticos existen, como es el de ocultar incrementos y montos de las dietas, viáticos y pasajes, parcialmente conocidos por la comunidad, una vez más, solo por investigaciones periodísticas.

Este requerimiento no es superficial. Un problema cada vez más creciente y grave es la inacción, obviamente provocada, de todos los organismos de control estatal (Auditoría General de la Nación, que si bien por rango constitucional es el máximo órgano de control a cargo de la oposición, tiene mayoría oficialista; Sindicatura General de la Nación; Inspección General de Justicia; Unidad de Información Financiera; Fiscalía de Investigaciones Administrativas), en donde no solo cunde la inoperancia y ocultamiento, sino que se retacea documentación a la propia justicia, cuando le es requerida en conocidos casos de corrupción contra el Estado. Lo saben los legisladores, pero no denuncian a los responsables jerárquicos. Para quienes se dicen opositores y deben controlar al oficialismo, esta tarea es inexcusable. Pero mal puede ejercerla quien no es claro y explícito para brindar a la comunidad información sobre sí mismo en su rol público

Quiénes sean capaces de modificar paradigmas basados en que lo público es paradójicamente secreto, podrán intentar presentarse como transformador de viejas, excesivamente viejas políticas. Podrán hacerlo, por ejemplo, Cobos; Binner; Solanas; Michetti o Carrió a nivel nacional? Massa;  Stolbizer, o un real representante de la izquierda como Néstor Pitrola en la provincia de Buenos Aires? Los próximos dos años serán particularmente difíciles para los argentinos. La sociedad en general se debatirá entre la indigencia, la subsistencia o el crecimiento. Los legisladores deberán decidir si se mantendrán en el discurso halagador o protesta insustancial de campaña, o incursionarán definitivamente en la acción esforzada y fecunda para la que fueron designados. Hace ya más de 500 años, expresaba Maquiavelo: “Una cosa se dice en la plaza; otra en el palacio”.


No hay comentarios:

Publicar un comentario