martes, 31 de diciembre de 2013

REGALOS NAVIDEÑOS POLÍTICOS

Diciembre, otrora mes de balances personales, encuentros familiares, espíritus navideños festivos y planificación del período de descanso, era el mes indicado para emitir los fallos judiciales más controvertidos que permitían la impunidad de la corrupción estatal-privada; aprobar un sinnúmero de leyes sin mayores análisis, acumuladas como resultado de la ociosidad legislativa a lo largo del año, y dar el mayor ejemplo de acuerdo político sin falsos debates ideológicos: acordar el incremento de las dietas de diputados y senadores.

Sin embargo, desde hace años y de forma crecientemente violenta, diciembre mutó en receptáculo de tensiones políticas acumuladas a lo largo del año, exhibiendo lo peor de la dirigencia política y de una sociedad frustrada. El sutil accionar al estilo “que el pueblo no se entere de que se trata”, fue barrido por reacciones populares masivas coléricas, en las que confluyen necesidades sociales, aprietes, delitos, reclamos legítimos por medios ilegítimos, frustraciones en quienes dependen de su trabajo y esfuerzo diario, con el consecuente hartazgo social. Todo ello en el marco de polémicas entre los responsables directos y quienes pretenden representar opiniones opositoras de enorme frivolidad, cuando no capciosas o lisa y llanamente falsas, tales como “el Estado no tiene nada que ver; es culpa de las empresas privadas”. Gremialistas demagógicos no se quedan atrás para crear malestar: “si los empresarios no nos pagan un bono especial aparte del aguinaldo, vamos al paro” (no confundirse; esta propuesta gremial democrática no tiene como destino a los jubilados, que ganan bastante).  Observar como autoridades de distintas aéreas gubernamentales, ya sean nacionales, de la ciudad o provinciales, intercambian diagnósticos y soluciones oportunistas y de emergencia por los medios de comunicación, indigna.

Muchos dirigentes y ciudadanos poseen la información y el conocimiento necesario para detectar la mentira o la frivolidad, según el caso. Pero no sufren los efectos: solo los comentan. Por el contrario, la inmensa mayoría de la población, aquéllos que supuestamente conforman lo que las encuestadoras llaman formadores de la “imagen del político y/o candidato en la sociedad”, que ven amenazada su seguridad; su capacidad de progresar honestamente; su calidad de vida, la sufren en carne propia. Esta realidad es la que da lugar al insostenible divorcio entre la clase dirigente y la sociedad. Las víctimas de Cromagnon producto de coimas entre funcionarios y privados; las coimas que dieron lugar a los muertos de estación Once; las inundaciones que arrasaron viviendas en la ciudad y provincia de Buenos Aires a comienzo de año; los comerciantes minoristas y medianos que vieron saqueadas su fuentes de trabajo, no fueron discriminados por sus inclinaciones políticas. Las víctimas de la corrupción o la ineficacia de gestión a nivel de trabajadores sin privilegios, afecta por igual a peronistas, radicales, socialistas, neoliberales,  progresistas o independientes.

Para cerrar el año era oportuno esbozar una reflexión alejada del simplista “creo o no creo en su existencia”, relativa al sobreseimiento generalizado de los acusados en la causa conocida como “coimas en el Senado”. Pero tratar este o cualquier otro tema político cuando miles de ciudadanos no tienen agua y luz durante días o semanas, y muchos otros han perdido en los conflictos sociales a familiares, o sus fuentes de trabajo fueron saqueadas, es irrespetuoso. Solo cabe esperar que las situaciones traumáticas se superen cuanto antes, y enero nos permita disminuir tensiones. De ser así, nuestros políticos podrán retomar en los centros de veraneo su “contacto con la gente”, mediante espectáculos musicales; partiditos de fútbol con figuras conocidas, y el alegre cotillón amarillo, naranja, verde o azul y blanco, según la ocasión.


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