La visualización de los témpanos
de hielo en el mar es de solo una octava parte de su volumen total. De ahí su
mortal peligro para la navegación. La imagen es adecuada para entender el
andamiaje que posibilita que en un país democrático, la corrupción sea
sistemática, consentida, protegida y/o ejercida por los mismos políticos,
empresarios, gremialistas y jueces, durante los últimos veinte años o más. Ello
requiere de un complejo entramado de impunidad, con participación por acción u
omisión, de múltiples estructuras institucionales y sectoriales a niveles de
decisión, que hace necesario superen largamente los tiempos de alternancia
política que supone el propio sistema democrático. Tal es así, que a nadie puede
sorprender que ya sea en la década de Menen, presentada como neoliberal, o del
matrimonio Kirchner, exhibida como progresista, el saqueo de los fondos
públicos y su impunidad se mantuviera inmutable en actores y estrategias. La
diferencia, sutil quizás, la aporta el escritor y analista político Jorge Asís, con su habitual ironía: “Con el apoyo
de la izquierda se roba más fácil”.
En el actual contexto
preelectoral, se observa que la prioritaria preocupación de gobernadores,
legisladores, funcionarios, empresarios y jueces, es la de continuar
manteniendo sus espacios de poder durante el próximo gobierno, sea cual fuere.
Los escenográficos debates ideológicos mediáticos solo actúan como instrumento
de propaganda política disfrazada de intelectualidad, moralidad o futurología,
haciéndonos creer que para que la nueva revolución tenga lugar tendremos que
esperar nada más ni nada menos que 19 meses. Se elude utilizar el período
faltante hasta el próximo recambio de gobierno, para promover, discutir e
intentar aprobar leyes verdaderamente transformadoras, que permitan asumir en
condiciones medianamente manejables lo económico, político y social. No existe
mejor campaña que proponer leyes, y que la ciudadanía evalúe cómo las viabilizan
o bloquean los representantes de las distintas agrupaciones políticas con
expectativas de triunfo.
Sin embargo, lo razonable se
manifiesta hoy como imposible. El obstáculo es precisamente la corrupción, que
no solo es delictiva, sino también suele protegerse con la túnica de “la
legalidad”. Por ello es necesario profundizar ya no sobre su parte visible,
sino en la base del témpano que nadie menciona. Existen tres condiciones
básicas que exigen consensos intersectoriales para mantener su continuidad, más
allá de circunstanciales oficialismos u oposiciones: 1) implementación de sistemas
electorales restrictivos y/o tramposos (limitar el derecho de elegir); 2) posibilidad
de otorgar prebendas desde el Estado (compra de voluntades o adhesiones con cargos
públicos y contratos); 3) negociados con empresarios asociados (saqueos
delictivos de de recursos públicos). Vivir en una democracia, aunque sea débil,
nos evita afrontar la cuarta condición: la amenaza y el terror.
Profundizar estas condiciones nos
evitará caer en el engaño de presentar a la corrupción solo como hechos
consumados a resolverse en el campo judicial, e intentar minimizar los costos
de la opinión pública mediante estrategias mediáticas de propaganda y contra propaganda.
Nuestra historia reciente abunda en ejemplos para trabajar sobre una hipótesis de
trabajo sustentada en los siguientes aspectos:
1.- Restructuración del sistema
judicial y Consejo de la Magistratura, previa investigación del estado de las
causas más impactantes y demoradas.
2.- Modificación del sistema
electoral.
3.- Reestructuración de los
Organismos de control.
4.- Representaciones
parlamentarias. Requisitos y responsabilidades.
5.- Estructuras administrativas e
ingresos a la administración pública.
6.- Transparencia de los actos
públicos. Acciones inmediatas.
La seriedad del análisis debe
eludir dos trampas que por reiteradas, sorprenden que aún tengan éxito: adjudicar
responsabilidades políticas según sean oficialismos u oposiciones; mayorías o
minorías. Es de esperar que los equipos de trabajo de agrupaciones políticas,
analistas especializados y
organizaciones no gubernamentales los desarrollen y profundicen, pues cuentan
con las infraestructuras para ello. Por nuestra parte, incursionaremos en
futuras reflexiones en cada uno de los aspectos indicados.
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