miércoles, 18 de febrero de 2015

TRAGICOMEDIA POLÍTICA CRIOLLA

Una tragicomedia es una obra dramática que combina elementos trágicos y cómicos, matizados con toques de sarcasmo y parodia.

14 de enero, en un poderoso país sudamericano. Un fiscal, al que el gobierno le creó una unidad especial para investigar un atentado terrorista contra una institución de la colectividad judía hace veinte años, anuncia que presentará una denuncia contra altas autoridades del país, por intentar desviar la investigación contra funcionarios iraníes acusados de su planificación e instigación. Incluye a personajes marginales especialistas en aprietes callejeros, devenidos en sutiles diplomáticos, y a un representante en el país de la comunidad iraní, que oficiaría de nexo con el exterior. Prestamente, el Canciller lee nerviosamente un comunicado oficial, negando la acusación.

Se dan a conocer escuchas telefónicas entre un emblemático piquetero y el nexo criollo-iraní. El juez a cargo de la causa declara de inmediato que no ordenó las escuchas. Un día más tarde se desdice, manifestando que las ordenó para los teléfonos del supuesto nexo local iraní. Legisladores opositores invitan al fiscal denunciante a concurrir ante una Comisión parlamentaria para ampliar la información. Este acepta. Una diputada del oficialismo expresa que asistirá al Congreso el acordado día lunes, pero “con los tapones de punta”. No para escuchar sino para preguntar. El día anterior a la reunión, 18 de enero, el fiscal aparece muerto en su departamento.

Ese mismo día un histriónico Secretario de Seguridad ingresa al departamento. Las cámaras lo captan siempre dinámico y hablando permanentemente por celular. Justifica su presencia en que debía verificar los protocolos del personal de vigilancia oficial, y resguardar el escenario del hecho. Lunes a la mañana. Un colaborador informático del fiscal se presenta ante la fiscal a cargo de la instrucción, para declarar que le entregó el día sábado un arma de fuego al fallecido. El 19 de enero, a través de una red social la Presidente aventura una hipótesis: el fiscal se suicidó? De inmediato altos funcionarios claman al unísono: el fiscal se suicidó.

El hiperkinético Secretario de Seguridad continúa con sus declaraciones a la prensa, incrementando la confusión. Ingresó al departamento un minuto antes o un minuto después que la fiscal? Se informa que las dos únicas puertas de acceso al departamento estaban cerradas por dentro. Aparece un enigmático cerrajero que abre la puerta de servicio “en dos minutos y con un alambre”. No tenía pasador por dentro. Días más tarde se descubre que había un tercer acceso: un pleno de equipos de aire acondicionado que conectaba la unidad del fiscal con la vecina, que estaba vacía y alquilada por un chino. Cunde el desasosiego; justo un chino, ahora que firmamos un convenio con el gigante asiático?

22 de enero. Siempre por red social, la Presidente manifiesta tener la convicción que el fiscal fue asesinado. Sin demora, altos funcionarios claman al unísono: al fiscal lo asesinaron. En la investigación, se constata que los custodios custodiaban poco. La fiscal los interroga: cumplieron los protocolos? Qué protocolos?, responden sorprendidos. De inmediato sus superiores los ponen en comisión y los denuncian ante la justicia. Los superiores aún mantienen sus cargos. El sistema de seguridad del lujoso complejo tenía muchas cámaras que no funcionaban. Los vigiladores privados anotaban ingresos y salidas en un cuadernito. Valijines y mochilas no se revisaban.

La hipótesis del asesinato exige sospechosos y motivos. Empiezan a surgir  extraños cambios de personalidad. El fiscal bueno, se transformó en malo. Un agente secreto criollo más famoso que James Bond durante décadas bueno, se transformó en malo. El colaborador informático de confianza del fiscal, de bueno pasó a malo. La ex esposa del fiscal muerto, que en su condición de jueza federal conoce el accionar de la justicia, solicitó ser querellante y aportar peritos de parte. El piquetero implicado clama protección. Una legisladora le pide públicamente al Comandante en Jefe del Ejército que no la mate.

Ante tal caos, develó el misterio el inefable Secretario General de la Presidencia, que recuerda a los tradicionales payadores criollos, capaces de improvisar sobre cualquier tema un recitado en rima acompañados de una guitarra. Concluyó que al pobre fiscal lo obligaron a presentar una denuncia, que para colmo, por su pobre elaboración jamás pudo ser redactada por un abogado. Llegado el momento de sostenerla, abrumado por la humillación que debería soportar, se suicidó.

Cae el telón ante la ovación de los espectadores. De improviso sube al escenario el director de la obra, y pregunta angustiado: hay un psiquiatra en la sala?


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