miércoles, 18 de marzo de 2015

EL DISFRAZ DE LAS IDEOLOGÍAS

Una ideología es un conjunto de ideas sobre realidades políticas, sociales, económicas, morales, entre otras, que identifican a un sistema como reformista; conservador; reaccionario; republicano; autoritario, etc.  Estas caracterizaciones no son tajantes; de serlo estaríamos en serios problemas. Por ejemplo, Stalin era de izquierda (comunismo), y Hitler de derecha (fascismo). Por cuál de los dos optaríamos?

En épocas electorales, cuando las ideologías abandonan el análisis meditado para fusionarse con el discurso político, se transforman en un producto envasado que se comercializa a los votantes a través de la propaganda, que inevitablemente adquiere tendencias totalitarias. Es usual escuchar “Nosotros somos el progresismo”, o bien “Nuestros adversarios representan la más rancia derecha”. El mensaje es: elegís progreso o atraso? A los buenos o a los malos? Señalaba Ortega y Gasset respecto a este juego de absolutos: “Ser de izquierdas o ser de derechas, es una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil”.

En países con sociedades democráticas evolucionadas, estos conceptos se canalizan a través de partidos consolidados de centro-izquierdas o centro-derechas, con capacidad de alternar en el ejercicio del poder, cosa que habitualmente sucede. Ejemplos: Partidos Demócrata y Republicano (EE. UU.); Socialista y Popular (España); Laborista y Conservador (Inglaterra); Concertaciones de derechas e izquierdas (Chile). Los diferencian aspectos específicos, con más o menos relevancia según la época, pero en ningún caso se plantea “yo o el caos”. Lamentablemente en Argentina desaparecieron los Partidos Justicialista y Radical como intermediadores entre la sociedad y la política, para transformarse en cáscaras protectoras de intereses dirigenciales casi hereditarios. Para gobernar, ambos fueron reemplazados por un Partido Único, en donde el PJ, integrado por quienes ejercen mayoritariamente funciones ejecutivas, solo es útil en casos de crisis, para hacerle recordar a la sociedad que sus integrantes son peronistas, aunque muchos no lo sean. Néstor Kirchner lo definió con precisión como “pejotismo”.

Valga tener presente este contexto para reflexionar sobre las múltiples manifestaciones públicas a las que dio lugar la reciente Convención Radical en Gualeguaychú, que aprobó el acuerdo entre la UCR, Pro y Coalición Cívica. Se utilizaron una vez más los ajados sellos de goma de derechas e izquierdas, destacándose las furibundas declaraciones de algunos dirigentes radicales, enojados por la entrega del “centenario partido” a la derecha. En su lugar, proponían acompañar al progresismo justicialista del Frente Renovador, y algún dirigente enmascarado, al gobernante justicialismo kirchnerista. Un encolerizado senador-empresario anunció una posible ruptura del partido. Los que lo deseen y no respeten las decisiones de las mayorías, tienen el derecho de abandonar la UCR para formar otro partido, o bien incorporarse a otra alternativa electoral. Sería saludable como inicio de una lenta recuperación radical futura. Pero ese derecho no los autoriza a comercializar en interés propio la sigla partidaria, ofreciéndose como radicales K, M o S.

Transcurridos más de 500 años de su muerte, quizás el denostado Maquiavelo preguntaría hoy al príncipe: su excelencia, está seguro que Aníbal Fernández; Amado Boudou; Daniel Scioli; Rodríguez Saa; Gildo Insfrán; César Milani; Gerardo Zamora; Lázaro Báez; Cristóbal López; Carlos Menem; Hugo Curto; José Alperovich; Gerardo Martínez; Francisco De Narváez, Beder Herrera, Daniel Peralta, entre otros, representan a la izquierda progresista?  Le sugeriría Maquiavelo: “ El príncipe que descanse en soldados mercenarios, no estará nunca seguro ni tranquilo, porque son ambiciosos, desleales, valientes entre los amigos, pero cobardes cuando se encuentran entre los enemigos; porque no tienen temor de Dios ni buena fe con los hombres”.


Hoy, los ajados políticos que intentan entretenernos con estériles debates ideológicos, siquiera conocen como se integrarán las grillas de candidatos a las gobernaciones y cargos legislativos (estos últimos definidos en quinchos con asados mediante). Se está en plena etapa de “escucho ofertas”. Es de esperar que una vez concluida, conozcamos los planes de gobierno de los candidatos. Pero inmerso en el fárrago verbal se pretende instalar un concepto que no se puede dejar pasar por alto.  Asimilar el acuerdo UCR/PRO/Coalición Cívica con la Alianza que alcanzó el gobierno en 1999, semeja a una velada amenaza, no meramente propagandística. Por ello, analizaremos en la próxima reflexión diferencias y similitudes con el 2001-2002.

No hay comentarios:

Publicar un comentario