Una ideología es un conjunto de
ideas sobre realidades políticas, sociales, económicas, morales, entre otras,
que identifican a un sistema como reformista; conservador; reaccionario;
republicano; autoritario, etc. Estas caracterizaciones
no son tajantes; de serlo estaríamos en serios problemas. Por ejemplo, Stalin
era de izquierda (comunismo), y Hitler de derecha (fascismo). Por cuál de los
dos optaríamos?
En épocas electorales, cuando las
ideologías abandonan el análisis meditado para fusionarse con el discurso
político, se transforman en un producto envasado que se comercializa a los votantes
a través de la propaganda, que inevitablemente adquiere tendencias
totalitarias. Es usual escuchar “Nosotros somos el progresismo”, o bien
“Nuestros adversarios representan la más rancia derecha”. El mensaje es: elegís
progreso o atraso? A los buenos o a los malos? Señalaba Ortega y Gasset
respecto a este juego de absolutos: “Ser de izquierdas o ser de derechas, es
una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil”.
En países con sociedades
democráticas evolucionadas, estos conceptos se canalizan a través de partidos consolidados
de centro-izquierdas o centro-derechas, con capacidad de alternar en el
ejercicio del poder, cosa que habitualmente sucede. Ejemplos: Partidos
Demócrata y Republicano (EE. UU.); Socialista y Popular (España); Laborista y
Conservador (Inglaterra); Concertaciones de derechas e izquierdas (Chile). Los
diferencian aspectos específicos, con más o menos relevancia según la época, pero
en ningún caso se plantea “yo o el caos”. Lamentablemente en Argentina desaparecieron
los Partidos Justicialista y Radical como intermediadores entre la sociedad y
la política, para transformarse en cáscaras protectoras de intereses
dirigenciales casi hereditarios. Para gobernar, ambos fueron reemplazados por
un Partido Único, en donde el PJ, integrado por quienes ejercen
mayoritariamente funciones ejecutivas, solo es útil en casos de crisis, para
hacerle recordar a la sociedad que sus integrantes son peronistas, aunque
muchos no lo sean. Néstor Kirchner lo definió con precisión como “pejotismo”.
Valga tener presente este
contexto para reflexionar sobre las múltiples manifestaciones públicas a las
que dio lugar la reciente Convención Radical en Gualeguaychú, que aprobó el
acuerdo entre la UCR, Pro y Coalición Cívica. Se utilizaron una vez más los
ajados sellos de goma de derechas e izquierdas, destacándose las furibundas
declaraciones de algunos dirigentes radicales, enojados por la entrega del “centenario
partido” a la derecha. En su lugar, proponían acompañar al progresismo justicialista
del Frente Renovador, y algún dirigente enmascarado, al gobernante
justicialismo kirchnerista. Un encolerizado senador-empresario anunció una posible
ruptura del partido. Los que lo deseen y no respeten las decisiones de las
mayorías, tienen el derecho de abandonar la UCR para formar otro partido, o
bien incorporarse a otra alternativa electoral. Sería saludable como inicio de
una lenta recuperación radical futura. Pero ese derecho no los autoriza a comercializar
en interés propio la sigla partidaria, ofreciéndose como radicales K, M o S.
Transcurridos más de 500 años de
su muerte, quizás el denostado Maquiavelo preguntaría hoy al príncipe: su
excelencia, está seguro que Aníbal Fernández; Amado Boudou; Daniel Scioli;
Rodríguez Saa; Gildo Insfrán; César Milani; Gerardo Zamora; Lázaro Báez;
Cristóbal López; Carlos Menem; Hugo Curto; José Alperovich; Gerardo Martínez;
Francisco De Narváez, Beder Herrera, Daniel Peralta, entre otros, representan a
la izquierda progresista? Le sugeriría
Maquiavelo: “ El príncipe que descanse en soldados mercenarios, no estará nunca
seguro ni tranquilo, porque son ambiciosos, desleales, valientes entre los
amigos, pero cobardes cuando se encuentran entre los enemigos; porque no tienen
temor de Dios ni buena fe con los hombres”.
Hoy, los ajados políticos que intentan
entretenernos con estériles debates ideológicos, siquiera conocen como se
integrarán las grillas de candidatos a las gobernaciones y cargos legislativos
(estos últimos definidos en quinchos con asados mediante). Se está en plena
etapa de “escucho ofertas”. Es de esperar que una vez concluida, conozcamos los
planes de gobierno de los candidatos. Pero inmerso en el fárrago verbal se
pretende instalar un concepto que no se puede dejar pasar por alto. Asimilar el acuerdo UCR/PRO/Coalición Cívica
con la Alianza que alcanzó el gobierno en 1999, semeja a una velada amenaza, no
meramente propagandística. Por ello, analizaremos en la próxima reflexión
diferencias y similitudes con el 2001-2002.
No hay comentarios:
Publicar un comentario