miércoles, 11 de marzo de 2015

EL ENIGMA RADICAL

El próximo sábado la Unión Cívica Radical realizará una Convención Nacional en la ciudad de Gualeguaychú (Entre Ríos), para definir una estrategia con vista a las elecciones presidenciales de este año. No será una Convención más.

La recurrente anomia radical que provocó la desaparición física de Raúl Alfonsín, se manifiesta dramáticamente en las posturas anárquicas cuando no oportunistas de sus dirigentes. Son responsables, entre otras consecuencias, del ejercicio ininterrumpido del Partido Justicialista en el ejercicio del poder presidencial durante los últimos 25 años, parcialmente compartido en los años 1999-2001. Tras el necio torneo de egolatrías que exhibió UNEN en su corta existencia, la dirigencia radical parece embarcada una vez más en una operación de salvataje personal, en lugar de definir una estrategia destinada a que la ciudadanía tenga una opción electoral coherente y con extensión territorial, acorde con una democracia. Cobos y Ricardo Alfonsín proponen que el radicalismo concurra a elecciones sin alianzas importantes, facilitando el camino para la continuidad justicialista. Sanz pretende llegar a un acuerdo con el PRO. Gerardo Morales clama acoplarse al justicialismo Renovador de Massa. Moreau, si es que continúa en el Partido, alaba sin ruborizarse al justicialismo kirchnerista como continuidad de Illia y Raúl Alfonsín. Finalmente, aletea la posibilidad de dejar librado a cada distrito eventuales alianzas.

Para entender tanta incoherencia, solo hay que historiar los últimos 16 años.  En 1999 la UCR triunfó en la elección presidencial integrando la Alianza, llevando con vice al justicialista Carlos Alvarez, que abandonó el gobierno a los 272 días de asumido. En el 2003, la UCR se presentó sin aliados con Moreau a la cabeza, y sacó el 2,34 % de los votos. En 2007 Cristina Kirchner accedió a la presidencia con Cobos como vice, en la nefasta experiencia con los recordados “radicales K”. En la misma elección, la UCR asociada a partidos menores, llevó al justicialista Lavagna como candidato a presidente, y al radical Gerardo Morales como vice (sacaron el 16,91 %). En las elecciones presidenciales de 2011 Ricardo Alfonsín se presentó con González Fraga de vice, bajo la sigla partidaria UDESO (sacaron el 11,14 %). Además, Alfonsín llevó a los justicialistas José Scioli y Francisco De Narváez como precandidatos a senador nacional y gobernador de la provincia de Buenos Aires, respectivamente. Tal espíritu de unidad no confundió a los votantes. Scioli y De Narváez fracasaron en el usufructo del llamado melancólicamente “partido centenario”.

No es difícil comprender las razones por las que la UCR se ve impedida desde hace años de constituirse en una opción democrática de gobierno por sí sola. Es conducida por una dirigencia con renta permanente en cargos legislativos, que ha sentido y siente un placer casi sadomasoquista en ser utilizada preelectoralmente por distintas variantes justicialistas, que luego los menosprecian bajo el rótulo de “no saber gobernar” o de ser “traidores”. En lo inmediato la Convención deberá eludir las trampas de los intereses personales para nada ingenuos, enmascarados en falsas grandilocuencias, como derechas e izquierdas. Más importante sería explicar en que se han diferenciado tanto unas como otras en temas como la corrupción estatal-privada; manipulación de los poderes legislativo y judicial; crecimiento desaforado del juego en manos privadas; consolidación de las estructuras del narcotráfico con indisimuladas coberturas políticas.

Es momento de pensar en los miles de afiliados distribuidos en todo el país, muchos de ellos carentes de conducción y actividades partidarias permanentes y enriquecedoras. Ese capital humano merece sentirse parte de acuerdos programáticos integradores explícitos que tengan posibilidades sólidas de constituirse en opción viable al Partido Justicialista. Se debe pensar en presidencia, gobernaciones y legislaturas como un todo, y no como partículas descuartizadas según convenga a líderes territoriales, bajo el engañoso rótulo de “pureza partidaria”.

Cuando de ejercicio del poder se trata, el PJ no dubita en cobijar bajo el mismo paraguas a Menem, Kirchner, Alsogaray, Hebe de Bonafini, Boudou, Moyano, Gildo Insfrán, Gerardo Zamora, D´Elía, César Milani, “radicales K”, y hasta perdonar los pecados adjudicados al Cardenal Bergoglio, a partir de su elección como Papa.




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