El próximo sábado la Unión Cívica Radical realizará
una Convención Nacional en la ciudad de Gualeguaychú (Entre Ríos), para definir
una estrategia con vista a las elecciones presidenciales de este año. No será
una Convención más.
La recurrente anomia radical que provocó la
desaparición física de Raúl Alfonsín, se manifiesta dramáticamente en las
posturas anárquicas cuando no oportunistas de sus dirigentes. Son responsables,
entre otras consecuencias, del ejercicio ininterrumpido del Partido
Justicialista en el ejercicio del poder presidencial durante los últimos 25
años, parcialmente compartido en los años 1999-2001. Tras el necio torneo de
egolatrías que exhibió UNEN en su corta existencia, la dirigencia radical
parece embarcada una vez más en una operación de salvataje personal, en lugar
de definir una estrategia destinada a que la ciudadanía tenga una opción
electoral coherente y con extensión territorial, acorde con una democracia.
Cobos y Ricardo Alfonsín proponen que el radicalismo concurra a elecciones sin
alianzas importantes, facilitando el camino para la continuidad justicialista.
Sanz pretende llegar a un acuerdo con el PRO. Gerardo Morales clama acoplarse
al justicialismo Renovador de Massa. Moreau, si es que continúa en el Partido, alaba
sin ruborizarse al justicialismo kirchnerista como continuidad de Illia y Raúl Alfonsín.
Finalmente, aletea la posibilidad de dejar librado a cada distrito eventuales alianzas.
Para entender tanta incoherencia, solo hay que
historiar los últimos 16 años. En 1999
la UCR triunfó en la elección presidencial integrando la Alianza, llevando con
vice al justicialista Carlos Alvarez, que abandonó el gobierno a los 272 días
de asumido. En el 2003, la UCR se presentó sin aliados con Moreau a la cabeza,
y sacó el 2,34 % de los votos. En 2007 Cristina Kirchner accedió a la
presidencia con Cobos como vice, en la nefasta experiencia con los recordados
“radicales K”. En la misma elección, la UCR asociada a partidos menores, llevó
al justicialista Lavagna como candidato a presidente, y al radical Gerardo
Morales como vice (sacaron el 16,91 %). En las elecciones presidenciales de
2011 Ricardo Alfonsín se presentó con González Fraga de vice, bajo la sigla
partidaria UDESO (sacaron el 11,14 %). Además, Alfonsín llevó a los
justicialistas José Scioli y Francisco De Narváez como precandidatos a senador
nacional y gobernador de la provincia de Buenos Aires, respectivamente. Tal
espíritu de unidad no confundió a los votantes. Scioli y De Narváez fracasaron
en el usufructo del llamado melancólicamente “partido centenario”.
No es difícil comprender las razones por las que la
UCR se ve impedida desde hace años de constituirse en una opción democrática de
gobierno por sí sola. Es conducida por una dirigencia con renta permanente en
cargos legislativos, que ha sentido y siente un placer casi sadomasoquista en
ser utilizada preelectoralmente por distintas variantes justicialistas, que
luego los menosprecian bajo el rótulo de “no saber gobernar” o de ser “traidores”.
En lo inmediato la Convención deberá eludir las trampas de los intereses
personales para nada ingenuos, enmascarados en falsas grandilocuencias, como
derechas e izquierdas. Más importante sería explicar en que se han diferenciado
tanto unas como otras en temas como la corrupción estatal-privada; manipulación
de los poderes legislativo y judicial; crecimiento desaforado del juego en
manos privadas; consolidación de las estructuras del narcotráfico con
indisimuladas coberturas políticas.
Es momento de pensar en los miles de afiliados
distribuidos en todo el país, muchos de ellos carentes de conducción y
actividades partidarias permanentes y enriquecedoras. Ese capital humano merece
sentirse parte de acuerdos programáticos integradores explícitos que tengan posibilidades
sólidas de constituirse en opción viable al Partido Justicialista. Se debe
pensar en presidencia, gobernaciones y legislaturas como un todo, y no como
partículas descuartizadas según convenga a líderes territoriales, bajo el engañoso
rótulo de “pureza partidaria”.
Cuando de ejercicio del poder se trata, el PJ no
dubita en cobijar bajo el mismo paraguas a Menem, Kirchner, Alsogaray, Hebe de
Bonafini, Boudou, Moyano, Gildo Insfrán, Gerardo Zamora, D´Elía, César Milani, “radicales
K”, y hasta perdonar los pecados adjudicados al Cardenal Bergoglio, a partir de
su elección como Papa.
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