Rememoremos la escena de “El
Tercer hombre”, clásico policial de 1949 desarrollado en la Viena de posguerra.
Orson Welles, en el papel de Harry Lime, invita a un amigo de la infancia
desocupado que vive en Estados Unidos, llamado Martins, a trabajar con él.
Cuando llega a Viena, Martins se entera que pocas horas antes Lime murió
atropellado por un auto. Avanzada la trama, es informado que Lime traficaba
penicilina adulterada, causando centenares de víctimas, incluidos niños, y que había
simulado su muerte. Martins consigue contactar a Lime, quien lo cita en el
parque de diversiones Prater, el más antiguo de Europa. Suben a un carro de la
Montaña Rusa, y Martins reprocha a su amigo las víctimas de su negocio. Lime,
observando a 65 metros de altura a quienes transitaban por el parque, le
responde: Víctimas? Mira ahí abajo; de
verdad sentirías pena si un punto de esos dejara de moverse para siempre?
Esta escena es adecuada para
ejemplificar la relación de las clases políticas (pocos y reconocibles), con
los “puntitos” (millones de ciudadanos anónimos, que trabajan alejados del
usufructo del Estado). En una democracia, los “puntitos” deben tener opciones que
los representen, a través de organizaciones políticas consistentes, de
extensión territorial y con capacidad de gobernar, posibilitando alternancias
que eviten el peor riesgo que puede afrontar un país: el Partido Único, que corrompe
y degrada personas e instituciones, con el único fin de permanecer.
Adaptemos la escena de “El Tercer
Hombre” a nuestra realidad vernácula, y supongamos que se desarrolla en un
barrio porteño. Orson Welles/Lime, terminado su encuentro con Martins, decide tomarse
un café. En una mesa cercana, escucha un debate político entre cuatro
“puntitos” amigos: un peronista, un radical, un izquierdista y un independiente.
Para ordenar el debate y ejemplificar trayectorias e ideologías, acuerdan
elaborar un listado con veinte nombres representativos en cada uno de los
sectores político, gremial y empresario. Como condición necesaria, dichos
nombres deben tener una vigencia mínima de 20 años relacionados con el poder, o
sea, desde 1995. Cuando analizan los diversos alineamientos y oportunismos políticos
de cada uno de ellos con distintos gobiernos y/o partidos, posiblemente los
cuatro “puntitos” del café se hayan sentido decepcionados e indefensos. Welles/Lime
por su parte, abandonaría el café pensando que, al fin y al cabo, las
dirigencias argentinas compartirían su cínica opinión en cuanto a la
irrelevancia del destino de los “puntitos” móviles de la sociedad que dicen
representar.
Esta continuidad política ininterrumpida,
que incluye parte del gobierno de Alianza, cuyos integrantes del Frente Grande
ocupan en el kirchnerismo cargos relevantes, con Carlos “Chacho” Alvarez a la
cabeza, nos acerca al riesgo del Partido
Único. La responsabilidad no puede recaer en el kirchnerismo exclusivamente,
como se pretendiera hacerlo en su momento con el menemismo. Necesita de la
participación de amplios sectores políticos supuestamente opositores, y de empresarios
asociados en negocios lucrativos con el Estado. Esta disolución partidaria y
anomia ideológica se refleja en la campaña electoral en dos síntomas: 1) superficialidad
en los mensajes de los candidatos, con ausencia de indicadores
económico-sociales y propuestas concretas; 2) fuerte resistencia de los
sectores políticos beneficiarios, a todo intento de generar una opción de
gobierno medianamente coherente con
posibilidades de alternar en el poder.
Esta realidad se pretende
disimularla apelando al voto emocional, intentando manipular sentimientos
peronistas, radicales o progresistas, considerándolos “puntitos” abstractos que
pueden ser pesados en una balanza para ganar una elección. Ya instalados,
políticos inescrupulosos se autoproclaman representantes de esos mismos
“puntitos”, usándolos como prenda de
negociación con el oficialismo para obtener beneficios personales. Este proceso
cada vez se transparenta más, inclusive en los habitualmente reservados grupos
económicos. El canal C5N, del empresario Cristóbal López, con múltiples
negocios con el Gobierno, se dedicó a denostar a Macri y Cambiemos. El grupo
Clarín por su parte, enfrentado al gobierno y crítico implacable de Cristina
Kirchner, actúa con una indisimulable complacencia con Scioli.
Con independencia del resultado
de la elección del domingo, en la próxima reflexión analizaremos el rol desempeñado
en el esquema Partido Único, por las seis agrupaciones que competiten en la
categoría presidencial. A los “puntitos” nos queda el halago que nos dedican
los candidatos: “estamos pensando en vos”.
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