La campaña electoral, que
tuvo un pico de interés en el debate entre Macri y Scioli, ofrece aspectos
destacables que nos recuerdan la película de ciencia ficción “Volver al futuro”, producida hace 30 años
por Steven Spielberg. Su trama relata las peripecias de un adolescente (Michael
Fox), que en 1985 es transportado accidentalmente por medio de una máquina del
tiempo a 1955. Al descubrir que sus futuros padres habían roto su noviazgo, se
esfuerza para que se reúnan nuevamente y den lugar a su posterior nacimiento.
La
versión argentina transportaría al adolescente a comienzos de la tenebrosa “década
del 90”. Observaría que en 1989 comenzó la presidencia de Menem. Durante la
campaña electoral previa, el menemista Guido Di Tella expresó que la economía
del país necesitaba un dólar “recontra alto”. Sus afirmaciones causaron una feroz
corrida cambiaria, que sepultó el Plan Primavera II de Alfonsín, y obligó a la
entrega anticipada de su mandato. El adolescente se sorprendería entonces que
25 años más tarde se repita la irresponsabilidad, intentando asustar a la
población con un dólar a 15 pesos, o con una mega devaluación.
Recién
asumido, Menen indultó a las juntas militares, condenadas en el juicio
histórico desarrollado por el gobierno de Alfonsín. La amnistía que el
justicialismo había prometido en la campaña de 1983, la llevó a cabo en 1989. Tras
superar un rebrote hiperinflacionario en el primer tramo de su gobierno, Menem comenzó
una etapa conocida como “modernización del Estado”. El pilar fueron las
privatizaciones de empresas estatales. La de YPF se concretó en 1992, con el
apoyo entusiasta de gobernadores de las provincias petroleras, tanto justicialistas,
radicales o provincialistas. La comunión ideológica se logró por el compromiso que
con la venta, automáticamente se cancelarían las regalías petroleras adeudadas
por la Nación a dichas provincias. Néstor Kirchner, gobernador de Santa Cruz,
recibió 480 millones de dólares. El Estado se quedó con el 20% de las acciones,
y la “acción de oro”, que le daba poder de veto ante determinadas decisiones
privadas. Las acciones estatales fueron vendidas en su totalidad en 1999 a la
española Repsol, previo a la asunción de De la Rúa y Carlos Alvarez. La acción
de oro, subrepticiamente, desapareció. Con estos antecedentes, el adolescente una
vez regresado a 2015, querría saber porque en la actualidad nadie habla del
destino dado al 24,9 % de las acciones de Repsol, que en su reestatización
parcial en 2012, se encontraban en poder del empresario argentino Eskenazi.
En
1994 se realizó una reforma constitucional plagada de grandilocuencias, a la
fecha incumplidas. Pero el objetivo final no admitía prosa florida: se aprobó
la reelección presidencial. Transportado al pasado, el adolescente vería en
1997 el comienzo político de Scioli, asumiendo como diputado nacional por el
menemismo. También se hubiera enterado que dos años antes, Macri asumía
la presidencia de Boca Juniors, acusado por su opositor Carlos Heller de querer privatizar
el club. Hubiera detectado un clima de alegría y consumo. La gente viajaba a
Miami, y exhibía su poder de compra: “deme dos”. Es cierto: había pobres. Pero
pobres hay en todo el mundo. Por eso a su regreso al 2015, se sorprendería que la
presidente Kirchner, repitiendo la historia que dice criticar, se enorgullezca de la cantidad de dólares que
los argentinos gastan en el exterior. Y que pese al crecimiento en la venta de
pasajes aéreos, Aerolíneas continúe consumiendo subsidios por sumas millonarias,
pagadas por ricos y pobres. Ya en esa época las denuncias por corrupción
abundaban. Pero felizmente, estaban en funciones entre otros, los jueces Oyarbide,
Canicoba Corral y Servini de Cubría.
Devuelto a la actualidad a
través de la cápsula del tiempo, el adolescente observaría que la mayoría de los
personajes de entonces mantienen plena vigencia. Incluso el patriarca Carlos
Menem es senador. Pese a estar condenado por contrabando, se le permite legislar.
Complicidad institucional, quizás producto de la melancolía que embargan a sus viejos
amigos de correrías políticas.
Queda una reflexión final.
En épocas de elecciones se contratan los servicios de costosísimos consultores
internacionales (norteamericanos, españoles, ecuatorianos, peruanos,
brasileños), para fijar estrategias de campaña. En general, vienen con libretos
“enlatados” que readaptan en corto tiempo a contextos locales. Recientemente el
equipo de Scioli sumó de apuro a nuevos consultores, especialistas en la
instalación de campañas “del miedo”. Vistos nuestros antecedentes políticos a
partir de 1990, habrán venido para asesorar o para aprender?
No hay comentarios:
Publicar un comentario