Dos instituciones aparentemente
disímiles en importancia, Gobierno nacional y Asociación del Fútbol Argentino,
transitan procesos de cambio en sus conducciones. Las diferencias parecieran
diluirse cuando se analizan actores intervinientes; entrecruzamientos de
intereses políticos, económicos y empresariales, y vicios de corrupción. El Gobierno
proclama que el fútbol es gratuito “para todos”, sean multimillonarios o
carenciados sin agua potable y cloacas, y destina cuantiosos recursos
económicos sin control. La AFA por su parte, con clubes aún llamados “entidades
sin fines de lucro” y económicamente quebrados,
apela al sentimiento que despierta el deporte más popular, para intermediar en
escandalosos negociados.
En ambos casos cesaron liderazgos
tras extensos períodos de conducción. El kirchnerismo justicialista, al no
existir posibilidad de reelección, traspasa el poder tras doce años. La AFA, debido
al fallecimiento de Julio Grondona, que la manejó férreamente durante 35 años. Ceder
poder siempre ha sido traumático. Más aún en Argentina, donde la alternancia no
es considerada una virtud, sino un fracaso. En este tipo de liderazgos, lo
legal e institucional no son marcos referenciales, sino trabas a soslayar. El
autoritarismo y sus variantes, abundan en la historia. Señalaba Maquiavelo que “en los Estados hereditarios, en los que el
príncipe hereda derechos dinásticos, las dificultades para conservar el poder
son menores que las que se dan en los principados que llamamos nuevos. Porque
al príncipe que recibe el poder por herencia le basta no descuidar el orden
establecido por sus antepasados, y contemporizar con los acontecimientos que se
sucedan”.
Un símbolo criollo de este
pensamiento, lo representa el famoso anillo de Don Julio, con la inscripción
“Todo pasa”. Para un autoritario, el tránsito temporal que supone el mensaje es
aplicable a circunstancias y entornos, pero nunca a su persona. Se ha dicho que
nuestra Nación es aún joven, por lo que su corta historia está plagada de
divisiones, contradicciones e interpretaciones maniqueas, resumidas en bueno o malo.
Pero esta etapa se nos agotó. Países vecinos como Uruguay, Chile, Colombia, Brasil,
entre otros, la superaron hace tiempo.
Ante el nuevo ciclo institucional
que se abre, es oportuno destacar ciertos aspectos que se irán desmenuzando a
futuro.
1.- A partir de 1983 se cerró el
ciclo de los golpes militares. Queda por confirmar que también se clausuró la
etapa de los golpes mal llamados “institucionales”. En la crisis 2001-2002, la
ciudadanía no reclamó “que vengan los que saben gobernar”, sino, enfáticamente,
“que se vayan todos”.
2.- Para evitar los oscurantismos
que dejan atrás los líderes, y posteriores discusiones banales, el nuevo
Gobierno deberá informar a corto plazo indicadores reales a diciembre 2015, como
punto de partida de la gestión. Entre ellos, reservas disponibles del Banco
Central; deudas externas con entidades financieras y privados, e internas con organismos
públicos; inflación; desempleo; pobreza (aclarando que se entiende como tal).
3.- El peronismo deberá
clarificar inicialmente el alcance del término, para luego establecer su
verdadera y única representación partidaria. De este modo colaborará en la
reconstrucción de partidos coherentes en el tiempo. Sería recomendable que durante
esta catarsis utilice el término justicialismo, para evitar el manoseo
oportunista del nombre de Perón. Lo sugiere quien nunca fue peronista.
4.- Se deberá evitar la trampa de
utilizar los resultados electorales como prenda de negociación y/o presión de
grupos políticos. Es un simplismo falso decir que el 51,3 % de los votos de
Macri y 48,7 % de Scioli, muestran un país
dividido. La verdadera segmentación se transparentó en la primera vuelta
electoral, entre seis agrupaciones políticas. En esta estrategia de
simplificación se insertan análisis irónicos y capciosos que señalan que en las
manifestaciones de Cambiemos se ven a “blanquitos”, y en las del FPV a
“negritos”. Muchos “blanquitos” (sector financiero; supermercadismo;
comunicaciones; juego; funcionarios públicos), tuvieron fenomenales ganancias
durante la promocionada década ganada. Por el contrario, resultados electorales
como los de Jujuy y conurbano bonaerense, mostraron que el ciudadano anónimo
necesita hechos, en lugar de revolucionarios enriquecidos y segmentaciones
oportunistas.
Según Maquiavelo, Macri deberá afrontar
las dificultades de un principado que no hereda derechos dinásticos.
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