Concluida la feria judicial,
retomamos el seguimiento regular de algunos de los innumerables casos de
corrupción estatal que asocian a funcionarios públicos con empresarios privados.
De este modo, se podrá visualizar la gravedad de una problemática que desangra
desde hace décadas los presupuestos públicos. Sus principales patologías, como
la cleptomanía dirigencial; organismos de control inoperantes, y justicia lenta
y cómplice, no reconocen ideologías. Citemos algunos casos.
1.- Tragedia ferroviaria en estación Once, en febrero de 2012
En diciembre pasado, el Tribunal
Oral n° 2, integrado por Giménez Uriburu, Tassara y Gorini, dictó 21 condenas, que
incluyen prisión para Ricardo Jaime y Juan Schiavi (funcionarios públicos), y
Sergio Cirigliano y Marcelo Calderón (empresarios privados), entre otros. Se
destacan dos aspectos: 1) Plantear que la Justicia es lenta como realidad
irreversible, es falso. La constancia y participación de familiares de las
innumerables víctimas durante el desarrollo de la causa, como sucediera con
Cromañón, muestra que juicios complejos se pueden desarrollar en tiempos
razonables. 2) Es la primera vez que reciben condenas empresarios asociados a
la corrupción. En este caso, como concesionarios de servicios públicos.
2.- Lavado de dinero a través del grupo empresarial de Lázaro Báez
La sala II de la Cámara Federal,
integrada por Martín Irurzum, Hoaracio Cattani y Eduardo Farah, ya a fines de
2014 ordenó al juez Sebastián Casanello, del Juzgado Federal n° 7, que
centralizara su investigación sobre Báez, y no en protagonistas menores como
Elaskar y Fariña. Casanello lo citó el 13 de marzo de 2015, solo para indagarlo
por la compra de un campo en Mendoza. Ante sus dilaciones, el juez federal
Martínez de Giorgi acusó por prevaricato a Casanello y al fiscal Omar Orsi,
integrantes de la Procuraduría de Criminalidad Económica y Lavado de Activos,
por perjudicar deliberadamente la investigación.
3.- Defraudación de fondos públicos entregados a la Fundación Sueños
Compartidos, para construir viviendas
Causa iniciada en mayo de 2011,
con motivo del desvío de 765 millones de pesos entregados por el Gobierno a la
Fundación de Hebe de Bonafini. Luego que el juez federal Oyarbide licuara los
elementos de prueba, tardíamente los camaristas Jorge Ballestero y Eduardo
Farah lo apartaron de la causa por mal desempeño. El expediente recayó a
principios de 2014 en el juez Martínez de Giorgi, quien lo mantiene sin avances,
a la espera de la prescripción.
4.- Quiebra de la imprenta ex Ciccone Calcográfica
Causa iniciada en febrero de 2012.
El juez federal Ariel Lijo procesó al ex vicepresidente Boudou, sospechado de
quedarse con el 70% de las acciones de la empresa, y otros implicados, que
alcanzan a organismos de control estatal; banqueros; empresarios y testaferros.
No hay fecha de inicio del juicio oral.
5.- Causa por posible lavado de dinero en la empresa Hotesur
Empresa perteneciente a la
familia Kirchner, propietaria entre otros del hotel Alto Calafate, es sospechada
de haberse utilizado para lavado de dinero, a través de empresas beneficiarias
de recursos del Estado. Entre otras, las constructoras de obras públicas de
Lázaro Báez, y Aerolíneas Argentinas. Se investiga también la intervención de
organismos como AFIP y Personas Jurídicas. Tras un allanamiento y retiro de
documentación en sedes comerciales situadas en la Patagonia, ordenados por el
juez Claudio Bonadío en el 2015, este fue apartado de la causa por los
integrantes de la Cámara Federal Jorge Ballestero y Eduardo Freiler. En su
reemplazo asumió el juez Daniel Rafecas, con antecedentes de recusaciones y
pedidos de juicio político por sus controvertidas actuaciones en las causas
sobornos en el Senado; venta de la ex Ciccone Calcográfica, y desestimación sin
mayor análisis, de la denuncia del fallecido fiscal Nisman.
Decía el estadista ateniense
Solón, hace más de 2.500 años: “Las leyes
son como las telarañas. Atrapan a los más débiles, pero los más fuertes pueden
escapar”.
Buenos Aires, 10 de febrero 2016
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