El recambio de gobierno, tras
doce años de gestión presidencial del matrimonio Kirchner encabezando el Frente
Para la Victoria, es oportuno para evaluar aspectos políticos-institucionales
que muestran vicios estructurales lesivos para el país, sólidamente arraigados
desde hace décadas. Quizás el más relevante, sea el pertinaz y planificado
usufructo y desprecio por el Estado. La invocación para esta degradación, debería
indignar por su cinismo: “crear puestos de trabajo; salvar puestos de trabajo”.
La oleada de designaciones y contrataciones
de empleados públicos durante los últimos meses de la gestión del gobierno
anterior, que afectó a los ámbitos nacionales, provinciales y municipales, con
la indisimulable complacencia de los dirigentes gremiales, debería despertarnos
inquietudes superadoras del debate circunstancial. Por ejemplo, formularnos preguntas
que hoy no tienen claras respuestas: cuáles son las estructuras administrativas
del Estado? Cuáles son sus ordenamientos jerárquicos, pirámides salariales y
atribuciones específicas? Qué alcance real tienen conceptos como autarquía
financiera y salarial; autonomía operativa; atribuciones administrativas; sociedades
del Estado o mixtas?
Comentamos anteriormente dos políticas
de empobrecimiento del Estado: 1) saturarlo de empleados públicos,
paralizándolo; 2) “triangular” recursos públicos entre funcionarios y
empresarios asociados, en negocios público-privados específicos. Comentaremos
hoy la tercera y más nociva alternativa, vista desde sus impactos económicos.
Es la que interrelaciona políticas económicas de carácter general, con beneficios
prebendarios a grandes grupos empresarios. No identificaremos responsables,
porque en cada caso se produjeron amplios debates, sean acusatorios o
exculpatorios, al estilo “yo no fui”, o “no tuve alternativa”. De todos modos,
existe amplia bibliografía al respecto, y a través de Internet puede obtenerse buena
información. Se destacan tres ejemplos:
1.- Estatización deuda privada en dólares – 1982
En 1982 el Banco Central, tras
una fuerte devaluación, vinculó a las empresas endeudadas en dólares en el
exterior, con un seguro de cambio basado en una “tasa de variación de precios”
local. Sintetizando: cuando el dólar subía, el Estado absorbía de las deudas
empresarias, la diferencia entre el incremento del dólar y la variación de
precios local. Resultaron favorecidas entre otras, IBM, Esso, Renault, Bridas,
Aluar, Banco Río, Banco Francés.
2.- Banco Nacional de Desarrollo (BANADE) – 1993
Creado en 1944 como Banco de
Crédito Industrial, y transformado en BANADE en 1970, tenía el objeto de
financiar proyectos productivos a través de créditos “blandos”, preferentemente
a pymes. Pero comenzaron a financiarse proyectos de grandes empresas, con aval
del Tesoro nacional. Por la altísima morosidad se declaró su proceso de
liquidación en 1993. Pero no fue fundido por las pymes. El 60% de la cartera
crediticia se concentraba en grandes empresas, tales como Massuh, Alpargatas,
Celulosa, Pérez Companc.
3.- Pesificación asimétrica para deudores privados en dólares - 2002
La salida de la convertibilidad a
comienzos de 2002, significó una fuerte devaluación. Las obligaciones en
dólares se pesificaron a $1,40 por dólar, pese a que el oficial cotizaba a
$2,20 por dólar. A los ahorristas particulares se les entregó un bono a 10 años
(Boden 2012). Pero a grandes empresas y banqueros se les licuó y estatizó parte
de sus deudas, con el procedimiento conocido como pesificación asimétrica.
Consistía en compensarles la diferencia entre el dólar de pesificación ($
1,40), y el oficial ($ 2,20), con la entrega de Bonos del Estado. Entre otras,
licuaron parte de sus pasivos Repsol-YPF, Telecom, Telefónica, Aguas
Argentinas, Edenor, Edesur, Metrogas.
Valga el recuerdo para asumir que
la eficacia del Estado no se mide por escenográficos debates ideológicos, o por
saqueadores de recursos públicos disfrazados de revolucionarios. De persistir
en grandilocuencias sin resultados, el Estado para salvar “puestos de trabajo”,
deberá seguir financiando a multimillonarios. Lidiar con los grandes grupos
empresarios, exige una alta profesionalidad por parte de los funcionarios de
cada área específica, y una irrenunciable honestidad. Se logrará?
Buenos Aires, 03 de febrero 2016
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