En la reflexión anterior, propusimos
como método para que el mayor espectro social posible entienda la mecánica de
corrupción en el Estado, receptar el desarrollo de los acontecimientos como parte
de una atrapante novela policial, en la que no seremos lectores pasivos, sino intentaremos
desempeñar un rol analítico. Lo que no deberá ser un entretenimiento será el
resultado final: sanción a los corruptos, recuperación de la mayor cantidad del
dinero sustraído al Estado, y destrucción de la trama de impunidad vigente
desde hace veinte años. Los saqueos políticos nacen invocando fines virtuosos:
subsidios a los que menos tienen, pese a que incluyen empresarios; protección
de fuentes de trabajo, para justificar negociados públicos-privados; luchas
contra grandes grupos económicos, jamás concretadas; cunas gratis de alto costo
y baja calidad, para madres necesitadas; conversión de organizaciones sociales
en grandes empresas constructoras. “Delitos virtuosos” entonces, no es un título contradictorio.
Previo al inicio de nuestras conjeturas,
debemos destacar dos aspectos: 1) Plantear “Ud. cree que Fulano es culpable?”,
no solo es irrelevante, sino podemos caer en la principal trampa de la
propaganda política: hacernos pensar y actuar en base a emociones o creencias,
y no a razonamientos. 2) Inicialmente se debe aplicar el principio de la duda,
dudando de todos. Para detectar engaños u omisiones, serán útiles las opiniones
de oficialistas u opositores; del canal TN (Clarín), o C5N (Cristóbal López). En
la estrategia mediática del ocultamiento y confusión, no es necesario acusar
sin pruebas; es suficiente con sembrar dudas.
Un relato se inicia con
descripción del lugar de los hechos, personajes intervinientes y delitos cometidos.
El lugar es Argentina. Los personajes pertenecen al ámbito
político-institucional de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. Empresarios
y gremialistas actúan según los casos, como cómplices necesarios. La primera
dificultad surge al momento de establecer los delitos. De hecho, hasta el
momento no hay crímenes o robos contra el Estado; solo sospechas. Los
involucrados, como es natural, se declaran inocentes, o sin rubor, perseguidos políticos.
Esta teatralización de inocencia fue exitosa en las últimas décadas, debido a
la garantía de impunidad brindada por un sector clave en la trama del saqueo: el
poder judicial, y en especial, el fuero federal.
Qué cambió para causar la
conmoción popular actual? Los ciudadanos pudieron “ver”, sin mayor
intermediación comunicacional explicativa, como empleados de Milagro Sala sacaban un
bolso con 29 millones de pesos del Banco Nación de Jujuy; a integrantes del
grupo Báez, contando millones de dólares en Puerto Madero; al ex secretario de
Obras Públicas de la Nación, José López,
arrojando de madrugada bolsos con 9 millones de dólares, en un convento
que aún no se sabe si lo es, y con monjas que se ignora si lo son; y a una hija
heredera del matrimonio presidencial, con 4.600.000 dólares en una caja de
seguridad bancaria. La población, azotada por serias desigualdades sociales
desde hace décadas, explotó de indignación. Tardíamente, jueces, fiscales y
políticos, que no desconocían el trasfondo de corrupción, se preocuparon.
La imagen de un hecho es un
poderoso instrumento para comunicar sus implicancias a un amplio espectro
social y cultural, con similares resultados de comprensión. Los 8.000 millones
de pesos de impuestos a los combustibles, que el empresario Cristóbal López en
su carácter de agente de retención no depositara en la AFIP, y que el ex
titular del Organismo Ricardo Echegaray le refinanciara en condiciones
irrisorias, implicaron un perjuicio fiscal de 533 millones de dólares. Sin
embargo, tuvieron mucho menor impacto en la opinión pública que los 9 millones
de dólares que José López quiso ocultar en un convento.
La reacción social masiva e
inédita contra la corrupción estatal-privada, en principio no implica un punto
de inflexión, como superficialmente auguran algunos políticos y comunicadores.
La trama de impunidad es muy fuerte y está vigente. Para sostenerla se
utilizarán recursos comunicacionales periodísticos, políticos y judiciales, que
sometan a la opinión pública a una estrategia de dilación, confusión y
ocultamiento, mezclando verdad con falsedad. El objetivo es la saturación y el
olvido. En el próximo capítulo de la novela incursionaremos en ejemplos de la
trama de impunidad, y ubicaremos “crímenes”, que además fueron seriales, pese a
la inexistencia de condenas. El código penal los denomina enriquecimientos
ilícitos.
Buenos Aires, 20 de julio de
2016.
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