Ambos términos parecieran ser claramente
opuestos. Sin embargo, relacionados con las obligaciones del poder judicial de
actuar con celeridad y eficacia ante actos
corruptos en perjuicio de los recursos del Estado, son entendidos como
sinónimos. Porqué? Cuando jueces y fiscales actúan con evidente morosidad en casos
de corrupción, son acusados de brindar “protección”. Si por el contrario proceden
acorde a las leyes, aún cuando sea tardío y oportunista, los otrora protegidos se
quejan de persecución. Por ello, tanto protección como persecución, expresan
discrecionalidad y complicidad. Tal desprestigio del poder judicial, y en
especial el fuero federal, no es infundado.
En este contexto, se produjo el
cimbronazo político del triunfo presidencial de la coalición Cambiemos,
desalojando del Ejecutivo a una expresión justicialista que gobernó
ininterrumpidamente durante doce años. En simultáneo, estallaron escandalosos
hechos de corrupción que no se “contaron” o se “leyeron”; sino fueron “vistos” en
tiempo real personajes manipulando fondos multimillonarios, que por añadidura,
y contrariando falsas proclamas políticas, eran en dólares. Cabe preguntarnos:
se podrá fracturar, aunque sea parcialmente, la fuerte trama
político-empresaria-judicial y gremial, conformada por los mismos actores desde
hace veinte años?
En los sistemas democráticos las
sustituciones institucionales son parciales. Las del Ejecutivo no se replican
en los poderes Legislativo y Judicial, y menos aún, en las representaciones
empresariales y gremiales. Pero es claro que tamaño saqueo de los recursos
públicos, no pudo realizarse sin una activa participación, por acción u
omisión, de importantes actores de cada uno de estos sectores. Lo que se conoce
como “trama o estructura” en el campo del delito, cuando supera ciertos niveles
económicos y temporales, adquiere tanto o más poder que los propios Gobiernos. Por
ello, es en el campo de la corrupción donde deberán plasmarse verdaderos
“acuerdos políticos” que prioricen honestidades y capacidades, no falsas ideologías
y especulaciones. Hay tres aspectos que históricamente tienden a ser conservadores:
el poder; el dinero y el delito.
La lucha por mantener impunidades
y fortunas mal habidas será durísima, por lo que la sociedad deberá
involucrarse firmemente, demandando resultados concretos. El riesgo de que
nuevamente “todo siga igual” está latente. Involucrarse, de alguna manera
significar “entender”, y la corrupción con sus diversos matices, tiene
complejidades. Entender, implica lecturas y procesamientos de datos no siempre sencillos.
El desafío consistirá en lograr transmitir al mayor espectro social-cultural
posible, conceptos y enseñanzas consistentes. Una alternativa formativa y a su
vez entretenida, sería analizar el desarrollo de los acontecimientos, para
desentrañar hechos, personajes y culpables, como si fuera una novela policial. El
escritor griego Petros Márkaris, autor de la serie del policía Kostas Jaritos
en el marco de la crisis de la deuda externa griega, señalaba que “el enorme
éxito de la novela negra en las últimas décadas, se debe a que refleja la
novela social y política de nuestro tiempo”. A los argentinos, “asesinos y crímenes”
políticos-económicos nos sobran.
Nuestra “novela” se basará en la
información obtenida a través de medios de comunicación masivos: televisión
(oír y ver), radio (oír) y prensa escrita (ver). La libertad de prensa nos
confronta con distintas fuentes de información, capacidades profesionales,
honestidades, e intereses subterráneos. Se apelará a dos periodismos. El de investigación,
más complejo y que requiere una especial profesionalidad y disponibilidad de recursos,
ha cumplido un rol fundamental a nivel mundial para descubrir escándalos de
corrupción económico-políticos, superando ampliamente al rol legislativo. En el
periodismo de opinión, sin negar su condición de espectáculo, prevalece el
comentario y/o denuncia sin validez legal, de no ser ratificada judicialmente. Por
su variedad de voces (especialistas varios, abogados defensores), y
habitualidad en la pantalla, es el que más incide en la opinión pública. Sobre
esta franja comunicacional actúan los expertos en propaganda y manejo de opinión,
y según sus objetivos, mezclan información con desinformación, verdad con
ocultamiento o desfiguración.
El comienzo de nuestra novela
respondió a patrones clásicos. Varios personajes involucrados desde hace
décadas en la trama de impunidad, declararon impávidos: “yo no sabía”, “no lo
conozco”, o bien, “solo firmaba el expediente que me traía mi secretaria”. En
la próxima reflexión, el segundo capítulo.
Buenos Aires, 13 de julio de 2015
No hay comentarios:
Publicar un comentario