La impunidad de la corrupción
estatal-privada instalada desde hace dos décadas, es explicable por la
permanencia de una sólida red de complicidad entre los poderes ejecutivo,
legislativo y judicial, asociados a testaferros y empresarios. Con una enorme
dosis de ingenuidad en algunos casos, o de malicia en otros, se instaló que el
solo cambio de gobierno desbarataría el entramado. Se obviaron tres detalles:
1) el oficialismo no tiene mayoría legislativa en ninguna de las Cámaras; 2) los
corruptos cuentan con fuerzas de choque golpistas; 3) es un mito que jueces y fiscales federales actúen según los
resultados electorales. Lo hacen según mantengan las coberturas de protección.
Hasta el momento, siempre encontraron en el Consejo de la Magistratura el voto
que los salve de un juicio político. Colabora la pata política, que hace imposible
aprobar leyes consistentes contra la corrupción. No debiera sorprender que en
Diputados y Senado, otrora “Honorables Cámaras”, ingresen cada vez más procesados
o condenados. Si bien es verdad que ningún juez o fiscal cambió, tampoco cambiaron
viejos políticos y sus discípulos, eternos gremialistas y prebendarios
empresarios. Dada la responsabilidad prioritaria del poder judicial para cortar
con esta continuidad delictiva, aportaremos algunos elementos consistentes para
evaluar su accionar. Los dividiremos en causas elevadas a juicio oral,
condenas, promesas y acciones distractivas.
1.- Causas elevadas a juicio oral. Ninguna de las causas de
corrupción más trascendentes que involucran a altos funcionarios y
empresarios del gobierno anterior, conocidas
desde hace más de cuatro años por la precisa y detalla información brindada por
el periodismo de investigación, tienen fecha de juicio oral. Se destacan las
que involucran a la familia Kirchner por retornos y lavado de dinero; Amado
Boudou por Ciccone; Lázaro Báez como contratista testaferro de obras públicas;
Cristóbal López por evasión multimillonaria de impuestos; José López por
enriquecimiento ilícito e intermediario de sobornos, y Sueños Compartidos por
desvío de fondos públicos.
2.- Condenas.- Con indisimulable ironía destacaremos dos: 1) En el 2013 fueron condenados a 13 años de
prisión los hermanos Juliá, por transportar desde Ezeiza al aeropuerto español
El Pratt, 944 kilos de cocaína. Claro está, la condena fue en España. En
Argentina iniciaron la investigación los jueces Alejandro Catania y Rafael
Caputo en ese orden, sin ningún resultado a la fecha. 2) En el 2015 fue
detenido y puesto en arresto domiciliario el argentino Alejandro Burzaco, ex
CEO de Torneos y Competencias, por el escándalo de lavado de dinero y coimas en
la FIFA. Pero sucedió en Nueva York. En Argentina, tras dos años de investigación
y con el informe de sus veedores Alicia López, Alberto Piotti y Horacio Della
Rocca por el caso Fútbol para Todos, la jueza Servini de Cubría aún no elevó la
causa a juicio oral, ni determinó quienes se quedaron con la diferencia de 760
millones de pesos entre lo pagado por el Gobierno y lo ingresado en la AFA.
3.- Promesas.- En medio del virus de transparencia que afectó a
círculos de poder tras el cambio de gobierno, en febrero de 2016 el juez de la
Corte Ricardo Lorenzetti prometió un relevamiento de causas del fuero federal,
y darle estado público. No se cumplió. El Consejo de la Magistratura por su
parte, a pedido del Colegio de Abogados de Capital, realizó una auditoría de
las causas de corrupción tramitadas en la justicia federal en los últimos
veinte años (más de 2.000 abiertas), comprometiendo su difusión pública para
marzo de este año. No se cumplió.
4.- Acciones distractivas.- Tras cinco años de iniciada la causa
por el pago de 7,6 millones de pesos por parte del gobierno de Formosa a la
inexistente Old Fund, para refinanciar la deuda provincial con la Nación,
recién ahora el fiscal Di Lello pidió al juez Lijo indagar al gobernador Gildo
Insfrán. El fiscal Stornelli por su parte, tras doce años de iniciada la causa
por el pago de coimas de la empresa Skanska a funcionarios, solicitó al juez
Casanello reactivarla.
Estas inacciones y/o
complicidades no debieran sorprender al legislador y político griego Solón,
quien expresara hace más de 2.500 años: “Las leyes son como las telarañas;
detienen a lo débil y ligero, y son desechas por lo fuerte y poderoso”.
Buenos Aires, 05 de julio 2017
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