miércoles, 9 de agosto de 2017

CINISMOS Y AUTISMOS

Para seguir profundizando sobre los alcances del concepto “ajuste”, es necesario conocer su mecánica. Todo acuerdo político se conforma con diagnóstico, propuesta, implementación y controles de cumplimiento. En un sistema democrático, los responsables de concretarlos son los legítimos representantes políticos, empresariales y sindicales involucrados. Los antecedentes de las últimas cuatro décadas tuvieron un denominador común: fueron ruinosos para la población alejada de los círculos de poder. Para vislumbrar en el actual contexto posibilidades de un acuerdo “virtuoso”, es válido recordar lo actuado en la crisis 2001-2002 por dos razones: 1) es el acuerdo/ajuste más cercano en el tiempo; 2) sus principales dirigentes políticos, empresariales y sindicales, mantienen plena vigencia en la actualidad. Por ello, transparentar decisiones políticas y falacias discursivas podría evitar repeticiones. No será fácil, pero es posible.

Las campañas electorales muestran una mediocridad y oportunismo comunicacional, del que no se salvan algunos prestigiosos analistas políticos. Los temas en debate no difieren de los planteados en 1989 (Alfonsín), o 1999 (Menem): déficit fiscal, presión impositiva, endeudamiento, coparticipación Nación-provincias, dólar bajo o alto, achicar o agrandar el Estado, costo laboral. Se incorpora como novedad, producto de la presión social, un tema que incomoda a los políticos: la corrupción. Al punto que la clásica invocación “todos somos honestos hasta que no se pruebe lo contrario”, ha sido suplida por “ todos somos ladrones”. Este ejercicio dialéctico disparatado, pareciera oscilar entre el cinismo (mentir con descaro o defender deshonestamente lo que merece repudio), y el autismo (practicar rutinas, comportamientos y mensajes invariablemente repetitivos). La permanencia de dirigentes hereditarios con lastres de nepotismos, caudillismos arcaicos y aún sólidas tramas de impunidad, paradójicamente brinda la oportunidad para que el ciudadano en sus evaluaciones aplique un conocido eslogan comercial: “Yo te conozco”. A futuro, es de esperar que muchos políticos “arrepentidos” legislen transformaciones “virtuosas” en lugar de “viciosas”. Para ello, todo diagnóstico debiera considerar: 

1.- Actitud negociadora.- Los indicadores económicos a tomar como base de discusión, serán solo una referencia matemática para lograr lo trascendente a futuro: políticas de Estado racionales y consistentes. Los sectores involucrados no deberán reunirse para ganar o mantener, sino para ceder.

2.- Distribución de costos.- Lo definió el economista Roberto Frenkel: “Los conflictos en Argentina no son por los pobres; son por los que más ganan”. El déficit fiscal o gasto público lo generan tanto sectores públicos como privados. El Estado nacional como los provinciales. Cuando se habla de pujas distributivas, se deberá clarificar si se refiere a ingresos, salarios o prebendas. Estas últimas, por afectar injustificadamente recursos públicos, deberán ser las principales afectadas por orden de mérito, sean del sector público o privado.  

3.- Derechos adquiridos.- Concepto no válido para mantener prebendas. Su definición ahorra discusiones: “Ventaja o beneficio que recibe arbitrariamente una persona”.  Como las prebendas serán defendidas ante la justicia bajo el disfraz de derechos, recordemos solo dos hitos que sientan jurisprudencia al respecto: 1) la reforma constitucional de 1994 fijó plazo hasta fin de 1996 para elaborar un nuevo sistema de coparticipación federal. Transcurridos más de veinte años, no se cumplió. 2) En agosto del 2001 los legisladores sancionaron una ley de “intangibilidad de los depósitos” de los ahorristas. Cinco meses más tarde el Estado confiscó los ahorros, especialmente de pequeños y medianos ahorristas.

4.- Invocaciones para crear o salvar “fuentes de trabajo”.- Otro concepto que virtuoso en sí mismo, es habitualmente usado para legitimar negociados a costa de recursos públicos, entre funcionarios y empresarios sin capitales de riesgo propios. Solo en el rubro periodístico cabe recordar los casos de los empresarios Szpolsky, Garfunkel, Gvirtz, Cristóbal López y otros, que sin perjuicios personales y concluido el maná estatal, abandonaron y/o cerraron sus medios audiovisuales, dejando un tendal de despedidos.

En la próxima opinión hablaremos de un tema prehistórico: el rol del Estado.


Buenos Aires, 09 de agosto 2017

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