Es recurrente e inevitable que
ante situaciones políticas complejas, distintos analistas políticos y
representantes sectoriales reclamen un acuerdo político entre oficialismo y
oposición para revertir una decadencia de décadas. Pero jamás identifican a los
autores y garantes del eventual acuerdo. Resumen sus deseos en abstracciones
tales como gobierno, oposición o similares, sin establecer referentes
sectoriales con legitimidad de representación. Esta hibridez conceptual se
manifiesta en denominar a la oposición “el peronismo”, sin referenciarlo con el
receptáculo político-institucional que debiera otorgar organicidad y
coherencia: el Partido Justicialista. Este fenómeno se refleja en menor medida
en los radicales, quienes al menos mantienen la estructura UCR, más
escenográfica que real. Ni hablar de los volátiles partidos menores. Esta realidad
genera confusión en propios y extraños, y nos retrotrae a la pregunta del
inicio: quiénes serían los autores y garantes de un consenso virtuoso?
Para intentar una respuesta sin
entrar en intencionadas “grietas” que
eludan debates, se debe partir de
algunos supuestos: 1) Los rótulos peronistas, radicales y similares, deben ser
completados con el término “dirigentes”, para no involucrar a los ciudadanos en
su conjunto. 2) Hablar de peronismo en forma global como lo mencionan políticos
y periodistas, elude señalar que en la Coalición Cambiemos abundan peronistas
que no reniegan de ello, e integran el gobierno. Del mismo modo hay quienes se
dicen radicales y se acoplaron al peronismo. 3) Contra lo que se supone, a
partir de 1990 abundaron los consensos pero a nivel de cúpulas, con resultados
nefastos. Veamos una reseña histórica.
El Partido Justicialista fue
fundado por Peròn en el año 1946. El nombre de peronista o justicialista, sea presentándose
como tal o conformando frentes con partidos menores, se mantuvo en las
elecciones presidenciales de 1951, 1973, 1983 y 1989. En el 83 el PJ sufre su
primera derrota electoral a manos de la UCR, sumando entre ambos partidos el
92% de los votos. En el 89 triunfa Menem con el Frejupo, con el PJ a la cabeza.
En 1995 repite Menem con un Frente con predominio del PJ, y se quiebra el
bipartidismo: la UCR salió tercera. La elección de 1999 exhibe el primer
“consenso”: triunfa la fórmula De la Rúa (radical)-Carlos Alvarez (peronista). En
el 2003, tras la crisis 2001/02, Menem triunfó al frente del PJ con el 24,45 %
de los votos, pero no se presentó a la segunda vuelta, accediendo a la
presidencia Néstor Kirchner con el
Frente para la Victoria. En esa elección, los partidos PJ y UCR sumaron solo el
25,16% de los votos. Los “consensos” no virtuosos se desataron. En el 2007
triunfó el FPV con la fórmula Cristina Kirchner (peronista)-Julio Cobos
(radical). Ni Perón y Balbín lo habían logrado. En la misma elección compitió
la fórmula Lavagna (peronista)-Morales (radical). El PJ no participó. En el
2011 triunfa nuevamente el FPV con Cristina Kirchner, superando al “consenso”
UDESO, que presentó la fórmula Ricardo Alfonsín-González Fraga, y a Francisco
De Narváez como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires. El PJ
como tal, obtuvo el 5,86 % de los votos. En el 2015 triunfó la Coalición
Cambiemos sobre el FPV, del que se desconoce su futuro. El PJ por su parte,
sacó el 1,64 % de los votos.
Es evidente que la memoria de Perón no puede
usarse para encubrir oportunismos y/o corrupciones actuales. Dos argentinos
describen con precisión la mutación peronista. Exequiel Adamosky, profesor de
historia en Londres, expresa en un reportaje: “En el peronismo, antes de los 90 la oposición al poderoso era más
fuerte, y el componente asistencialista era complementario. Ahora su identidad
pasó a ser la ayuda a los pobres, sin buscar a los responsables de la pobreza”.
Julio Bárbaro, peronista genuino, señala: “Desde la muerte de Perón el peronismo se convirtió en un recuerdo que
da votos, pero también en el receptáculo de las ideas de moda: el liberalismo
con Carlos Menem, y la izquierda con Cristina Kirchner”.
En este contexto hablar de
“consensos” y objetivos sin actores legítimos y confiables tanto del
oficialismo y como la oposición, es repetir engaños. La tarea no será fácil;
todos los responsables de la decadencia siguen vigentes. En el caso del
genérico “peronismo” por ejemplo, a quiénes se debería convocar: a Cristina
Kirchner, Schiaretti, Urtubey, Zamora, Barrionuevo, Gioja, Massa, Picheto,
Moreau, Nito Artaza? A todos juntos quizás? El caso de los gobernadores es
peculiar. Arman las listas sábana para legisladores nacionales, pero al momento
de votar políticas acordadas con la Nación, definen a sus elegidos como
librepensadores. Un último deseo: que los periodistas no entretengan a la
ciudadanía con juegos infantiles como Mauricio o Cristina; peronistas
racionales o irracionales (que para mayor confusión votan juntos). Y que los
políticos sean coherentes con sus discursos, y alguna vez actúen en beneficio del
país.
Buenos Aires, 07 de junio 2018
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