miércoles, 20 de febrero de 2019

NÚCLEOS DUROS FLEXIBLES

En la última newsletter reflexionamos sobre el incorrecto uso del concepto “núcleo duro” aplicado a porcentajes globales de adhesión a un partido o candidato, tanto en encuestas como en análisis. Dado que la condición de “duro” pertenece a los materiales, usaremos esta analogía para incursionar en el voluble mundo de la política, y transparentar viejas falacias discursivas. La menor partícula de un material es el átomo, formado por un núcleo que combina protones y neutrones, rol que correspondería a personajes políticos y corporativos identificables, con electrones, que giran permanentemente alrededor del núcleo, rol que cumplen los millones de votantes anónimos.

En los átomos políticos partidarios, la incidencia de los núcleos respecto a la totalidad de adhesión a un partido o candidato, es de aproximadamente del 2%, que sube al 5% en caso de acceder al gobierno, debido a que el concepto “ejercicio del poder” en democracia, abarca no solo a oficialismos, sino a oposiciones e instituciones corporativas. El porcentaje remanente corresponde a votantes anónimos. La cuantificación del 5% parecería escasa en términos porcentuales, pero no lo es en relación al total de votos obtenidos por el partido que triunfa en una elección nacional, que contaría un universo aproximado de 6.000 cargos públicos con personas identificables, entre poderes ejecutivo, legislativo y judicial. 

Este enfoque, lejos de ser un juego de palabras o de números, permite asumir la importancia de poner el foco de atención en los actores visibles que conforman las cadenas de responsabilidades públicas, impidiendo que intenten mimetizarse cual voceros místicos, tras supuestas opiniones o adhesiones multitudinarias. Esta antigua estrategia responde a una de las reglas de la propaganda política nacida en las primeras décadas del siglo XX para el manejo de la opinión pública, llamada “de la unanimidad y contagio”. Se basa en la comprobación de la presión psicológica que ejerce un conjunto de opiniones por sobre la opinión individual. Jean Marie Domenach lo ejemplificó en su libro “La propaganda política”, relatando que en el siglo XIX tres sastres de Londres elevaron una petición sectorial al Rey, firmándola “Nosotros, el pueblo inglés”. Nada cambió. Reconocidos políticos, analistas y periodistas intentan sostener sus mensajes expresando que “la gente está muy mal” o “la gente estará mejor”, sin explicitar sus propias opiniones, y en caso de ejercer funciones políticas, formular propuestas.

Eludir la trampa de los mensajes enlatados supuestamente verosímiles, como “tal candidato tiene un núcleo duro del 30%”, que combinan lo conceptual (duro), con lo numérico (30%), permitirá formular nuevos interrogantes para detectar falacias discursivas y pobres estrategias de marketing político. El período que concluirá el próximo 22 de junio con el cierre de listas de candidatos a cargos nacionales, y con calendarios más diversificados en las provincias, es óptimo para este ejercicio, porque destruye el concepto de “núcleo duro” entendido como fidelidad partidaria y coherencia programática por parte de los políticos. Por el contrario, se observa en su mayoría una enorme flexibilidad personal para, girando como votantes anónimos, intentar acomodarse en las listas de candidatos, sin limitaciones partidarias. En política, más que hablar de núcleos duros, habría que hablar de núcleos plásticos.

Para cerrar estas analogías entre el mundo físico-químico y el político, resta mencionar a las fuerzas que en los laboratorios unen a los átomos entre sí, permitiendo realizar las diversas combinaciones necesarias para fabricar materiales, llamadas enlaces químicos. Cabe preguntarse, que se entendería por enlaces químicos en política, ya no para fabricar materiales, sino para conseguir objetivos personales? Ejemplifiquemos con dos objetivos: 1) Promover la perpetuación política; 2) Promover el saqueo de los recursos económicos del Estado.

Para el primer objetivo el rol de enlaces químicos los cumplen los sistemas electorales, sean nacional o provinciales. Son intencionadamente restrictivos con el derecho del ciudadano a elegir, a través de innumerables artilugios legalizados, que no existen en otros países. Muchos de ellos inconstitucionales, avalados por la propia Corte Suprema de Justicia. Lograr este objetivo necesita solo de enlaces políticos legislativos y judiciales. En cuanto al segundo objetivo, el de promover y facilitar la corrupción en el Estado, dada la cantidad y variedad de enlaces políticos necesarios, merecerá un análisis más detallado en la próxima reflexión. 

Buenos Aires, 20 de febrero 2019

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