miércoles, 14 de noviembre de 2012

COMO PASAR DE LA EMOCIÓN A LA RAZÓN


La multitudinaria convocatoria popular que abarcó todo el territorio nacional el pasado 08 de noviembre, con epicentro en la avenida 9 de Julio, inevitablemente será objeto de variadas interpretaciones por parte de analistas y políticos de diversas posturas ideológicas. Es razonable suponer que dichos análisis se moldearán en mayor o menor grado por las convicciones de quienes los formulan, predominando en general “lo que me gustaría que fuera”, en lugar de “lo que es”. Surge entonces un primer dilema: qué puntos de partida sólidos se pueden establecer para mensurar los reclamos fundamentales de un importante sector de la sociedad, que no fueron satisfechos por las organizaciones políticas? Establecerlos lo más fidedignamente posible permitirá que el reclamo social no se agote por el simple transcurso del tiempo, y se pueda pasar de la emoción de lo multitudinario a la razón de las acciones concretas, haciendo realidad lo que a los políticos profesionales les encanta declamar pero temen implementar: “atender los reclamos del pueblo”.

En tal sentido es oportuno utilizar el amplio campo de las redes sociales, para volcar a consideración pública de manera ordenada y amplia algunas opiniones y/o propuestas a ser debatidas e intercambiadas en el marco de alguna plataforma digital común adecuada y específica, que permita la participación interrelacionada de ciudadanos con diversos niveles sociales, ideológicos e institucionales,  con el objeto de viabilizar políticas esenciales que hacen a la calidad de vida de los ciudadanos, basadas en el interés común, la racionalidad, la adecuada elaboración jurídica y su factible instrumentación institucional. Es evidente que estos requisitos no tuvieron respuesta en niveles políticos cada vez menos representativos y más personalistas, dedicados casi en exclusividad a las coyunturas y al oportunismo político. No es casual que las principales figuras políticas se mantengan invariablemente en cargos públicos durante los últimos veinte años.

Para implementar esta propuesta con fines positivos y resultados coherentes en el tiempo y mayoritariamente compartidos, es necesario establecer hipótesis de trabajo igualmente compartidas. Aportemos algunas:
1)   En primer término, reconocer sin temor y orgullosamente que las masivas movilizaciones tienen un carácter político, porque todos los reclamos planteados necesitan de acciones políticas públicas. Su manifestación respetuosa y constructiva la convierte en “POLÍTICA” con mayúsculas, y no en política sectorial prebendaria, cuando no patoteril.
2)   Los partidos políticos como tales, que son los naturales mediadores entre la sociedad, gobierno e instituciones, han sido persistente y silenciosamente disueltos. Tanto en el oficialismo como en la oposición predomina tal variedad ideológica que convierte a la ideología en un mero recurso discursivo. Con absoluta naturalidad, un fervoroso liberal de ayer puede ser igualmente fervoroso progresista hoy. Cierta homogeneidad del oficialismo la brinda el usufructo del poder y distribución de cargos, mientras que la “oposición” como tal no existe. Su identificación adecuada debería ser “voces opositoras”.
3)    Este desequilibrio entre oficialismo y oposición permite implantar en la sociedad un concepto cuasi dictatorial: el que gana una elección puede hacer lo que quiera porque tuvo la mayoría del voto popular. Falso. El gobernante debe realizar lo comprometido en su plataforma de gobierno, y la oposición respetuosamente acompañar lo que la ciudadanía votó. Todo aquello que no fuera oportunamente planteado a la sociedad, debe ser consensuado y perfeccionado entre mayorías y minorías. En democracia no existen los cheques en blanco con vencimiento a cuatro años.
4)   Este cuadro de situación convierte a esta propuesta en una acción de emergencia coyuntural mediante la utilización de canales de comunicación existentes, útiles y democráticos. Pero un objetivo prioritario e ineludible deberá ser el de reconstituir el sistema de partidos políticos fuertes y representativos, que reiteramos, hoy no existen ni como oficialismo ni como oposición. Esto es lo peor que le puede suceder a un país que pretende ser considerado democrático.

Si acordamos estas y otras hipótesis de trabajo compartidas y debatidas a través de una plataforma específica que canalice diversas redes sociales y opiniones, se podrá transformar la emoción del 08 de noviembre en acción participativa y sanamente integradora, con propuestas concretas a debatirse posteriormente en los ámbitos legislativos. Y obviaremos las opiniones denigrantes vertidas por quienes hacen de la política una profesión permanente, cuando se refieren a expresiones populares que escapan a la posibilidad de su manejo y manipulación.
                                                                                              

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