La multitudinaria convocatoria popular que
abarcó todo el territorio nacional el pasado 08 de noviembre, con epicentro en
la avenida 9 de Julio, inevitablemente será objeto de variadas interpretaciones
por parte de analistas y políticos de diversas posturas ideológicas. Es
razonable suponer que dichos análisis se moldearán en mayor o menor grado por
las convicciones de quienes los formulan, predominando en general “lo que me
gustaría que fuera”, en lugar de “lo que es”. Surge entonces un primer dilema:
qué puntos de partida sólidos se pueden establecer para mensurar los reclamos
fundamentales de un importante sector de la sociedad, que no fueron satisfechos
por las organizaciones políticas? Establecerlos lo más fidedignamente posible permitirá
que el reclamo social no se agote por el simple transcurso del tiempo, y se
pueda pasar de la emoción de lo multitudinario a la razón de las acciones
concretas, haciendo realidad lo que a los políticos profesionales les encanta
declamar pero temen implementar: “atender los reclamos del pueblo”.
En tal sentido es oportuno utilizar el amplio
campo de las redes sociales, para volcar a consideración pública de manera
ordenada y amplia algunas opiniones y/o propuestas a ser debatidas e
intercambiadas en el marco de alguna plataforma digital común adecuada y
específica, que permita la participación interrelacionada de ciudadanos con
diversos niveles sociales, ideológicos e institucionales, con el objeto de viabilizar políticas
esenciales que hacen a la calidad de vida de los ciudadanos, basadas en el
interés común, la racionalidad, la adecuada elaboración jurídica y su factible
instrumentación institucional. Es evidente que estos requisitos no tuvieron
respuesta en niveles políticos cada vez menos representativos y más
personalistas, dedicados casi en exclusividad a las coyunturas y al oportunismo
político. No es casual que las principales figuras políticas se mantengan
invariablemente en cargos públicos durante los últimos veinte años.
Para implementar esta propuesta con fines
positivos y resultados coherentes en el tiempo y mayoritariamente compartidos,
es necesario establecer hipótesis de trabajo igualmente compartidas. Aportemos
algunas:
1) En primer término, reconocer sin
temor y orgullosamente que las masivas movilizaciones tienen un carácter
político, porque todos los reclamos planteados necesitan de acciones políticas públicas.
Su manifestación respetuosa y constructiva la convierte en “POLÍTICA” con mayúsculas,
y no en política sectorial prebendaria, cuando no patoteril.
2) Los partidos políticos como
tales, que son los naturales mediadores entre la sociedad, gobierno e
instituciones, han sido persistente y silenciosamente disueltos. Tanto en el
oficialismo como en la oposición predomina tal variedad ideológica que
convierte a la ideología en un mero recurso discursivo. Con absoluta
naturalidad, un fervoroso liberal de ayer puede ser igualmente fervoroso
progresista hoy. Cierta homogeneidad del oficialismo la brinda el usufructo del
poder y distribución de cargos, mientras que la “oposición” como tal no existe.
Su identificación adecuada debería ser “voces opositoras”.
3) Este desequilibrio entre
oficialismo y oposición permite implantar en la sociedad un concepto cuasi
dictatorial: el que gana una elección puede hacer lo que quiera porque tuvo la
mayoría del voto popular. Falso. El gobernante debe realizar lo comprometido en
su plataforma de gobierno, y la oposición respetuosamente acompañar lo que la
ciudadanía votó. Todo aquello que no fuera oportunamente planteado a la
sociedad, debe ser consensuado y perfeccionado entre mayorías y minorías. En
democracia no existen los cheques en blanco con vencimiento a cuatro años.
4) Este cuadro de situación
convierte a esta propuesta en una acción de emergencia coyuntural mediante la
utilización de canales de comunicación existentes, útiles y democráticos. Pero
un objetivo prioritario e ineludible deberá ser el de reconstituir el sistema
de partidos políticos fuertes y representativos, que reiteramos, hoy no existen
ni como oficialismo ni como oposición. Esto es lo peor que le puede suceder a
un país que pretende ser considerado democrático.
Si acordamos estas y otras hipótesis de
trabajo compartidas y debatidas a través de una plataforma específica que
canalice diversas redes sociales y opiniones, se podrá transformar la emoción
del 08 de noviembre en acción participativa y sanamente integradora, con
propuestas concretas a debatirse posteriormente en los ámbitos legislativos. Y obviaremos
las opiniones denigrantes vertidas por quienes hacen de la política una
profesión permanente, cuando se refieren a expresiones populares que escapan a
la posibilidad de su manejo y manipulación.
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