miércoles, 14 de agosto de 2013

Colapso judicial y las PASO - agenda agosto 2013

La publicación regular de una agenda que sintetice las actuaciones  de la Justicia Penal Federal  en los casos de mayor repercusión que involucren a funcionarios públicos y empresarios privados asociados para afectar el patrimonio del Estado con destino  a sus enriquecimientos, aún a costa de la vida de ciudadanos inocentes, tiene como objeto visualizar  la magnitud de la impunidad de estos delitos.

El compromiso de los candidatos en campaña de “luchar contra la corrupción”, puede ser o bien declamatorio, o entender erróneamente que la lucha se agota con la denuncia, soslayando que el grado de complicidad para ocultar y/o proteger a los involucrados necesita de una red conformada no solo por altos funcionarios de gobierno, sino también por empresarios, gremialistas, jueces y oposiciones ineficaces cuando no cómplices. Casos como Skanska, Ciccone Calcográfica, Fundación Sueños Compartidos, entre otros tantos negociados, remiten a funcionarios y empresarios que cuentan con un invalorable salvoconducto: “si voy preso hablo”.

Por ello el debate sobre la “democratización de la justicia” instalado por el Gobierno,  y la defensa de la independencia del Poder Judicial como réplica de sectores opositores, es falso en términos abstractos: hay integrantes de la Justicia Federal manifiestamente complacientes y/o ineficaces con los delitos de corrupción pública que no exhiben independencia judicial; pero también existen  recursos legales e institucionales que evitan actitudes corporativas judiciales que impidan la remoción y sanción de los malos jueces, que no son utilizados por supuestas oposiciones, y menos aún por el oficialismo.  

En este contexto no es casual que en plena campaña electoral para elegir legisladores en octubre próximo, se hayan producido tres hechos judiciales que hablan por sí solos respecto a la protección brindada a quienes delinquen contra los recursos del Estado.

La sala I de la Cámara Federal de Casación Penal, integrada por  los dres. Jorge Ballestero y Eduardo Farah, anuló el procesamiento de los hermanos Schoklender y otros 42 imputados, por el desvío de fondos públicos otorgados para construir viviendas sociales a la Fundación Madres de Plaza de Mayo que encabeza Hebe de Bonafini, y apartó al juez actuante Norberto Oyarbide de la causa, acusándolo de una investigación defectuosa, imprecisa, confusa, y violatoria del derecho de defensa y garantías de los acusados. Vale decir que a más de dos años de iniciada la causa, recién ahora la Cámara Federal señala lo que era una obviedad en función de los antecedentes conocidos del caso y el juez actuante, lo que permite demorar, por no decir diluir, el juicio oral y público.

Los mismos jueces Ballestero y Farah rechazaron el pedido del fiscal Di Lello para cerrar la causa contra el vicepresidente Amado Boudou por su participación en el negociado entre el Estado y privados en la adquisición de la ex empresa Ciccone Calcográfica, reclamando en términos muy duros al Juez Ariel Lijo agilizar y profundizar la investigación para esclarecerla rápidamente. Un detalle insólito: la Inspección General de Personas Jurídicas no sabe informar (obviamente oculta) a quien pertenece la sociedad The Old Fund, que se hiciera cargo de la ex Ciccone y cuya cara visible es Vanderbroele.

La Sala IV del mismo fuero con los votos de los dres. Gustavo Hornos y Mariano Borinsky declararon nulo el llamado a juicio oral y público efectuada por el juez Julián Ercolini en la causa de dádivas  entregadas por empresarios a cargo de la explotación de las líneas de ferrocarril Mitre y Sarmiento al ex Secretario de Transportes Ricardo Jaime, funcionario que debía controlarlos.

Oyarbide, Lijo, Di Lello, Ballestero, Farah, entre muchos otros jueces y fiscales del fuero penal, han sido reiteradamente mencionados como ineficaces para juzgar y sancionar los delitos de corrupción pública, como lo muestran los antecedentes de sus fallos. Esta realidad intenta disimularse con escenográficos cruces de acusaciones entre ellos, que tiene un único e irremediable destino: disolución de pruebas; transcurso del tiempo; cierre de causas y/o prescripciones. O sea que estas supuestas “impericias judiciales” no son tales, sino meras estrategias.

Ante este escenario, el poder político que cuenta con los instrumentos necesarios para “democratizar la justicia” a través del Consejo de la Magistratura, no lo hace, y resta validez a los repetidos compromisos electorales de los candidatos de luchar contra la corrupción, tarea que entre paréntesis, compete fundamentalmente a fiscales y jueces, limitándose a formular denuncias mediáticas sustentadas en excelentes investigaciones periodísticas.

Las obligaciones de los legisladores son menos abstractas: 1) Sancionar a los jueces ineptos y/o cómplices a través del  Consejo de la Magistratura; 2) Controlar a los organismos del Estado que deben proveer documentación a la justicia: Fiscalía de Investigaciones Administrativas; Inspección General de Personas Jurídicas; AFIP y Auditoría General de la Nación; 3) Diseñar y aprobar leyes contra la corrupción más estrictas y eficaces en sus normativas, tiempos y sanciones.

Esta función, salvo honrosas excepciones, no fue asumida hasta el momento por los autoproclamados “luchadores contra la corrupción”.


No hay comentarios:

Publicar un comentario