miércoles, 7 de agosto de 2013

NO SIEMPRE LOS ACUERDOS POLÍTICOS SON SALUDABLES

A priori la palabra “acuerdos políticos” se asimila a coincidencias virtuosas, en donde confluyen diversidades ideológicas en aras del beneficio común, que en esencia debiera ser el objetivo de la política. Pocos sin embargo se formulan la pregunta: qué tipo de acuerdo  y para qué? Las conclusiones pueden sorprender: los acuerdos existen y son mucho más extendidos que lo que políticos más reconocidos pretenden hacer creer a la sociedad.

En la presente campaña electoral para la primaria del próximo domingo podemos seleccionar algunas frases que todas las agrupaciones y sus representantes utilizaron sin excepción en sus discursos y propaganda:  “Hay cosas de éste gobierno buenas y malas”; “Es necesario terminar con la confrontación y dialogar”; “Lucharé contra la corrupción”, “Pongamos un límite a éste gobierno”, y finalmente un clásico del cine:  “He presentado un proyecto”. La clave para analizar estos mensajes es tener presente que más del 80 % de los candidatos a legisladores pretenden renovar su banca o bien ocupan cargos ejecutivos.  Las contradicciones comienzan por la ley que dio origen a las primarias.

El próximo domingo se realizará la segunda experiencia de las denominadas primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO), instaladas en el año 2009 como resultado de la aprobación de la pomposamente denominada “Ley de democratización de la representación política, la transparencia y la equidad electoral”. Básicamente establece requisitos para ser considerado partido político, agrupación o alianza; número de afiliados y electores; conformación de listas; pautas electorales y condiciones de financiamiento. 

La primera observación es que la implementación de las primarias prácticamente no tiene primarias, salvo rarísimas excepciones (ejemplo UNEN en Capital Federal). Más grave aún, no existe por parte de la Justicia Electoral información pública de la habilitación de las distintas agrupaciones, especialmente las conformados en los últimos meses, y la Cámara Nacional Electoral no publicita el registro de afiliados de cada agrupación, como lo indica la ley. Los incumplimientos continúan: no se cumplen con los plazos de publicidad, y las autoridades electorales no verifican, aprueban o rechazan el origen de financiamiento en tiempo en forma. En síntesis: no hay democratización de la representación política; no hay transparencia, y no hay equidad electoral. Pese a ello, ninguna voz se alzó durante la campaña para señalar estas irregularidades, con excepción de la publicidad, que ningún oficialismo cumple. Tal unanimidad en omitir esta realidad, hace suponer un acuerdo político generalizado, quizás en disimular que durante un período no menor a cuatro meses cada dos años, las Cámaras de Diputados y Senadores entran en un virtual receso, generando un privilegio más para los legisladores que dicen “escuchar los reclamos de la gente”.

Preocupa además la reiteración de obviedades tales como “hay cosas buenas y malas”; “necesidad de dialogar”, o “poner un límite al gobierno”, sin explicar el cómo a nivel propuesta (proyectos comprometidos por cada agrupación), y factibilidad (que legisladores acompañan dichos proyectos), que en plena campaña puede contar con apoyos oficialistas y aún opositores, haciendo posible que los mismos se transformen en ley una vez elegidos por la ciudadanía. Un ejemplo clarísimo en el que todos los candidatos parecen coincidir, es la modificación del retrógrado impuesto a los salarios considerados como ganancia. Pero esto, que dejaría un beneficio concreto a la sociedad más allá del resultado electoral, no se hace.

Lo más grave, porque todos saben que es falaz, es la muletilla “lucharemos contra la corrupción”. Si con los explícitos y fundamentados casos de corrupción en perjuicio de los fondos del Estado, que incluso provocó catástrofes como la de la estación Once del ferrocarril Sarmiento, con los consecuentes enriquecimientos ilícitos de funcionarios, empresarios, jueces y gremialistas, los candidatos proclamen que es necesario “luchar” y no “actuar”, demuestran claramente que la corrupción, por acción u omisión, alcanzó a todos los estamentos estatales, no solo a  funcionarios del Poder Ejecutivo. El procedimiento de denuncia ha sido amplia y claramente cubierto por serias investigaciones periodísticas, complementadas con el aporte de informaciones bancarias, datos de constitución de empresas en el país y en el exterior, nombre de testaferros sin capacidad económica por un lado, y funcionarios con sus allegados sin justificación del monumental crecimiento de su patrimonio por el otro, ante lo cual jueces y fiscales federales simplemente deben constatar su autenticidad.  Pero el accionar judicial transformó el principio que “toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario”, en el justificada pregunta de los  ciudadanos:  alguna vez los saqueadores de los recursos públicos  y sus cómplices  serán condenados?


Como hecho novedoso, a último momento se sumó una imprevista  primaria cerrada y no obligatoria dentro del espacio oficialista, protagonizada por el candidato Sergio Massa y el Secretario de Seguridad de la Nación Sergio Berni. El debate se centró en determinar a cuál de los oficialismos respondía el integrante de Prefectura que ingresó a robar en el domicilio de Massa.

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