jueves, 29 de agosto de 2013

PUEDE SER EL PERONISMO OPOSICIÓN?

Más importante que el resultado final de las elecciones legislativas de octubre próximo, que no variará sustancialmente el cuadro de situación emergente de las primarias, es asumir que en los próximos dos años, antes que embarcarnos en prematuros debates acerca de posibles sucesiones presidenciales o reformas que intenten continuidades monárquicas antes que republicanas, se deberán implementar sustanciales  avances en el sistema institucional y económico desde lo jurídico e instrumental, para llegar de la mejor forma posible al cambio de gobierno en el 2015.

Por ejemplo reestructurar la estructura administrativa del Estado y empresas mixtas, lograr equidad salarial entre los salarios máximos y mínimos, y brindar posibilidades de acceso de los ciudadanos a los cargos públicos,  evitando la permanente aparición de organismos elefantiásicos e intencionadamente inoperantes , ajenos a la voluntad de sus empleados, porque las reglas del juego se basan en asumir que las decisiones son adoptadas con exclusividad en los más altos niveles del Poder Ejecutivo. Señalemos a modo de ejemplo  cuatro organismos: Fiscalía Nacional de Investigaciones Administrativas; Inspección General de Justicia; Unidad de Información Financiera y Auditoría General de la Nación.

Si a ello sumamos la relación de poder entre gobernadores provinciales y Ejecutivo, es evidente que estamos ante una matriz de conducción política basada en el “unicato”, consistente en que el poder de decisión concentrado a nivel presidencial abarca no solo al Ejecutivo, sino también al Legislativo, y parcialmente al Judicial, en especial el fuero Penal Federal, que investiga la corrupción contra el patrimonio público.  Para esta realidad no podemos desconocer que existe un consenso en niveles políticos e intelectuales que se traslada a gran parte de la ciudadanía, basado en que “los argentinos necesitamos gobiernos con líderes excluyentes”, y ante crisis extremas, “es necesario de inmediato reconstituir ese principio de autoridad”. Como colofón de esta línea de pensamiento, surge la ampliamente aceptada muletilla, de que “los únicos que pueden gobernar son los peronistas”.

Para mantener este criterio lindante en lo antidemocrático, en forma rutinaria y con especial intensidad durante la campaña electoral, son los mismos peronistas quienes instalan términos que se creían desterrados tras casi 35 años ininterrumpidos de democracia: conspiración; golpe institucional; intenciones destituyentes. El gobernador Scioli por ejemplo, se mostró preocupado “por cosas que se escuchan” (obviamente no aclaró cuales ni de quienes), y expresó sus deseos para que el Gobierno “termine de la mejor manera posible”, lo que es una obviedad. Estas expresiones en los máximos niveles de responsabilidad política instala una inquietud nociva para la posibilidad cierta de alternancia política. Pero cuando quien difunde versiones de golpes destituyentes es un gobierno que cuenta con mayoría en Diputados y Senadores; amplia mayoría de gobernadores adictos; manejo de todos los organismos que deberían ejercer el control del Ejecutivo; el monopolio lógico de servicios de inteligencia; complacencia de todas las Cámaras empresariales salvo la rural; militares totalmente sometidos al poder político, y finalmente un estado de beatitud religiosa con motivo de que el Papa es argentino, cabe preguntarse que le queda a cualquier oposición no peronista, que seguramente no contará con esta simultaneidad de mayorías y consensos.  La preocupación se incrementa cuando los depositarios de sospechas de golpes  son integrantes del mismo Gobierno y del mismo partido. Porque nadie podrá pensar que una oposición dispersa y con dirigentes en general anodinos, pueda tener un atisbo de poder destituyente.

El cinismo aplicado a la política del miedo para mantener el poder tiene ejemplos notables. Ante el apresurado debate de una eventual designación de un presidente opositor en la Cámara de Diputados, en el supuesto que el oficialismo pierda su mayoría parlamentaria en octubre próximo, cabe recordar que en el  2001, luego de las elecciones legislativas que perdió el Gobierno de la Alianza, la oposición triunfante, con el voto a favor de la en ese entonces senadora Kirchner, eligió al peronista Ramón Puerta como presidente del Senado. En esa instancia ya había renunciado el peronista “Chacho” Alvarez, hoy funcionario del gobierno. Como es conocido, pocos días después el radical De la Rúa renunció, y en sucesión directa, Puerta debió hacerse cargo del Ejecutivo.

Siguiendo el razonamiento de muchos funcionarios hoy: se produjo en ese entonces un golpe destituyente?  O será este recuerdo lo que inquieta a la Presidente y sus allegados?  Por ello a la muletilla “solo el peronismo puede gobernar”  tendríamos que oponerle a manera de hipótesis, la opción “se puede gobernar con el peronismo duro (determinados gobernadores, intendentes del conurbano y gremialistas), en la oposición?”

En la reciente primaria quedó demostrado que el voto en su conjunto puede mover a decisiones de gobierno en interés de la ciudadanía, aunque sea parcialmente, más allá de si los favorecidos son oficialistas u opositores. Ante los resultados electorales, el Gobierno decidió actualizar el mínimo no imponible que se aplica a los salarios, si bien no incorporó una cláusula de reajuste automático por índice de inflación. No todo es destituyente en la política.

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