El 27 de octubre se
realizarán las elecciones nacionales legislativas que esbozarán el escenario
político hasta arribar a la elección de un nuevo presidente en el año 2015.
Pese a la grandilocuencia épica habitual de una campaña electoral empleada por el
oficialismo y supuestas oposiciones, el contexto no difiere de los reiterados
vicios electorales exhibidos en elecciones pasadas.
El peronismo elude
la selección de sus candidatos en internas partidarias, trasladando su puja a
la sociedad en su conjunto, con la conformación de un sector no bendecido por
el gobierno que pretende exhibirse como una versión nueva y superadora del
propio gobierno que los cobija. La conformación de listas sábana reitera el
engaño de intentar exhibir una amplia pluralidad de sectores sociales y políticos,
cuando en realidad las integran figuras desgastadas en el tiempo por sus
fluctuantes conductas, guiadas mas por intereses personales o sectoriales, que
por avalar proyectos políticos serios y con voluntad de implementarlos. Entre
muchos ejemplos, cabe mencionar a Felipe Solá, Ignacio de Mendiguren o Adrián Pérez.
A este último su inclusión en la lista de diputados de Massa lo convenció que
esta alternativa superaba a la de la Coalición Cívica, de la que fue una de las
caras más visibles en la última década.
Tampoco se reniega
de utilizar figuras populares como deportistas, artistas, árbitros de fútbol,
para que sus carismas disimulen la falta de proyectos de leyes concretos y de
trabajo de base permanente en los ámbitos sociales en los que las agrupaciones
que representan intentan obtener votos.
El oficialismo por
su parte, mantiene férreamente la metodología que las listas de legisladores en
todo el ámbito nacional deban contar ineludiblemente con la conformidad
presidencial. El resultado está a la vista. La reciente aprobación del
presupuesto nacional del año 2014, se complementó con la injustificable prórroga
de emergencia económica votada por la mayoría de los diputados provinciales,
pese a que resta recursos y capacidad de decisión a cada una de sus provincias.
Una vez más queda demostrado que la desigual distribución de fondos coparticipables
entre la Nación y las provincias no es responsabilidad del Ejecutivo, sino de
los legisladores provinciales que lo posibilitan.
La circunstancial
oposición no peronista (Perón afirmaba socarronamente que en el fondo todos
somos peronistas), mostró un caso que abre un interrogante a futuro: la
conformación de UNEN en Capital Federal, posibilitando que la sociedad
explicite con su voto las preferencias para la integración final de listas de
diputados y senadores, entre un conjunto de reconocidos políticos. En un
sistema tan cerrado y sectario de candidaturas por parte de las agrupaciones,
el ejemplo es alentador. Sin embargo debemos tener los pies sobre la tierra, y
no creer en la zalamera frase de que la unión se realizó en respuesta “al
reclamo de la gente” en sus masivas autoconvocatorias. En lo inmediato, la
estrategia fue motivada para incrementar la posibilidad de acceso a bancas, antes
que por ratificar este espacio a futuro. Tal el caso de Pino Solanas y Elisa
Carrió, mutuamente críticos ayer, y en etapa de “noviazgo” hoy. Pero quedó
plantada la semilla de que políticos interesantes y sin prontuario, puedan
aportar a futuro con su conocimiento propuestas legislativas trascendentes, y
un programa de gobierno para el 2015. Ilusiona la integración de figuras jóvenes
y de sólida formación profesional, como Prat Gay y Loustau.
Sistemas
electorales cada vez más limitantes de la voluntad popular, cada dos años nos
hace pensar que en realidad votamos a quienes ya nos demostraron que no van a
cumplir con lo que prometen, repitiendo un dilema que se agrava con el tiempo,
y que la clase política se niega a resolver, aumentando el divorcio entre ellos
y la sociedad argentina. Ya en 1762, en su obra “El contrato social”, Rosseau
planteaba el concepto de “voluntad popular”, en donde el pueblo es representado
por el legislador como delegado de dicha voluntad. Para ello se presentan en el
marco de partidos con compromisos programáticos concretos.
Pero los reiterados
casos de travestimos políticos una vez obtenida la banca, basados en beneficios
personales, cuando no lisa y llanamente en acuerdos inmorales, y burlando a
quienes lo votaron cambian de agrupación, conforman mini bloques sin sustentos
legales, o tienen permanentes ausentismos al Congreso, entre otros vicios, cabe
preguntarse: a quiénes pertenecen las bancas? A los legisladores o a los
partidos? En uno u otro supuesto, cuáles deberían ser los marcos legales que
protejan la independencia de un legislador, pero a su vez sancionen el engaño a
quienes los votaron y representan?
De no legislarse de
manera urgente al respecto, la actividad política continuará degradándose, al
punto que para ser escuchado solo quedará el recurso de sumarse a las marchas
de ciudadanos autoconvocados, que careciendo de institucionalidad, crecen en
legitimidad. En la próxima reflexión ahondaremos el debate acerca de a quién
pertenece una banca legislativa.
Lo que queda claro,
es que para llegar de la mejor manera al recambio presidencial en el año 2015,
hay muchas transformaciones estructurales a realizar, y los comportamientos de
quienes hoy en campaña prometen, deberán ser minuciosamente analizados día tras
día, ya sean oficialistas u opositores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario