miércoles, 9 de octubre de 2013

A QUIÉNES PERTENECEN LAS BANCAS LEGISLATIVAS'

La caída del gobierno de la Alianza en el año 2001, produjo una crisis institucional y eclosión de la representación política que no solo perdura, sino exhibe al amparo de leyes electorales que limitan cada vez más la posibilidad de elegir, signos de creciente deterioro de los partidos políticos, y en la actuación de los legisladores como expresión de la “voluntad popular”.   

No debe sorprender entonces la permanencia de métodos anacrónicos de elección, como boletas dispersas en los cuartos oscuros que repiten nombres de candidatos, llamadas colectoras; ley de lemas que permiten que el voto a determinado candidato pueda ser sumado a otro candidato; candidaturas testimoniales en las que quienes encabezan las listas anuncian que no asumirán la banca; reserva de cargos a futuro, como la presentación a senador por el Chaco del gobernador Capitanich, para asumir dentro de dos años; y la incombustibilidad de las “listas sábana”, que permite que los jefes de las agrupaciones armen las listas según intereses personales, que entre otros efectos genera la integración cada vez mayor de familiares directos de candidatos en las listas, sin que el afiliado participe internamente ni el votante pueda modificar en la urna el “paquete cerrado”. Todo ello, bajo el silencio absoluto de la Justicia Electoral en caso de  transgresiones (partidos que no cumplen con los requisitos para ser considerados como tales; domicilios falseados para poder presentarse en distritos en los que el candidato no tiene la residencia necesaria, entre otros incumplimientos).

Pero lo grave por ser cada vez más recurrente, es que legisladores que acceden al cargo por un partido, transcurrido un tiempo lo abandonan, utilizando su banca para apoyar de manera sistemática otras opciones, habitualmente del oficialismo, dando por tierra el principio democrático de que el legislador debe responder al mandato popular de quienes lo votaron. Eludiremos en esta reflexión las corruptelas que encierran estos travestismos políticos, popularmente conocidos como “borocotización”, para incursionar en los justificativos esgrimidos por los conversos, porque es imprescindible que se legisle al respecto en los próximos dos años, para desterrar definitivamente éste engaño.

Para ello es oportuno tomar como base de análisis una opinión del actual senador Samuel Cabanchick, publicada en enero de 2012 en el diario Clarín, titulada “Las bancas son de los representantes”. Valoriza la opinión de Cabanchik que sea un ejemplo del problema a tratar, por haber sido elegido en representación de la Coalición Cívica, y una vez asumida la banca creó un bloque unipersonal, votando habitualmente en consonancia con el oficialismo. Además su condición de filósofo, hace suponer un sólido sustento intelectual en su argumentación.

Pretende el senador Cabancich esclarecer a la opinión pública acerca de la interpretación del artículo 54 de la Constitución Nacional, que establece que en la distribución de las bancas de senadores electos dos pertenecen “al partido” político más votado, y la restante al segundo más votado. Pese a lo taxativo de lo enunciado, Cabancich afirma que como integró una alianza electoral de partidos e independientes, no se define quienes son, dentro de la lista,  los verdaderos partidos representantes de la propuesta electoral presentada en sociedad. Tan absurda interpretación lo lleva a concluir que en una alianza, cada uno de los sectores que la integran responden “a su propuesta”, y no necesariamente a la plataforma oficializada. Continuando con esta línea de pensamiento, Cabancich afirma que “no hay tribunal posible que pueda determinar, como si se tratase la resolución de un algoritmo, el grado de fidelidad a una plataforma electoral”. Concluye el senador Cabancich con un intento de justificación ètica a su postura, afirmando que…”pretender que los representantes sean meros ejecutores de mandatos generales contenidos en las plataformas políticas, a menudo inevitablemente de significado vago, es antidemocrático y reñido con el sistema representativo de gobierno”.

Elude el senador Cabancich plantear la alternativa más razonable y digna,  en caso que el legislador no se considere contenido o no concuerde con la lìnea política seguida por el Partido que le permitió acceder a una banca: presentar la renuncia, y dar lugar al suplente. Por otra parte existe una evidente contradicción entre la libertad de criterio individual a la que alude Cabancich, con la permanencia férrea de las listas llamadas “sábana”, que conspira contra la libertad individual de elegir del votante, y que ningún sector político propuso modificar.

Sin embargo debemos valorar que Cabancich haya planteado  su opinión en forma pública, más allá de su pretensión de justificar el usufructo de la banca tras el abandono de la Coalición Cívica, pues instaló un debate que la clase política  elude. Debate no menor por otra parte. Si hacemos lugar a la fundamentación de Cabancich, los ciudadanos, independientemente de su ideología política, deberían preguntarse acerca del valor de su voto el próximo 27 de octubre: servirá para elegir a quienes deberán delinear y aprobar en los próximos dos años leyes que mejoren su calidad de vida, o testear posibles candidatos a presidente en el año 2015? Una respuesta la puede brindar los spots publicitarios, que analizaremos en la próxima reflexión. 

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