miércoles, 16 de octubre de 2013

LA PUBLICIDAD TAMBIÉN ES UNA LISTA SÁBANA?

Ante la próxima elección nacional legislativa, resaltábamos en nuestra última reflexión que las sucesivas reformas electorales tienden a limitar cada vez más las opciones que los ciudadanos tienen de elegir, y en los casos más extremos de incumplimientos de la ley, se cuenta con la pasividad y/o complacencia de la justicia electoral. Es justo señalar que en esta limitación de la democracia, coinciden tanto oficialistas como opositores.

Ello explica parcialmente la creciente distorsión del sistema de representación, que se manifiesta en tres consecuencias interrelacionadas: 1) la permanencia de los mismos políticos a través de distintos gobiernos; 2) la disolución de los partidos con extensión territorial, o sea partidos nacionales; 3) la falta de programas de gobierno explícitos, y en el caso de los legisladores, de proyectos de ley explícitos con posibilidad de implementarlos.  Un excelente ejemplo de esta realidad es prestar atención al contenido de los mensajes publicitarios.

La llamada propaganda política como la conocemos hoy aparece en la primera mitad del siglo XX, previo a la Segunda Guerra Mundial, con el desarrollo de medios tecnológicos que permiten comunicar y formar opinión a distancia y a escala masiva. Ello obligó a los países en guerra, a desarrollar reglas de comunicación sofisticadas como elemento estratégico militar, dando lugar a una permanente lucha de propagandas y contrapropagandas, en donde la verdad no era lo sustancial, sino el impacto emotivo y psicológico en las masas.   Un excelente trabajo al respecto es un breve libro de Jean-Marie Domenach llamado “La propaganda política”, publicado en París en 1950, y reeditado en nuestro país por EUDEBA en 1962.

Pasada la guerra e ingresados en la etapa del consumismo, los principios básicos de la propaganda se mantuvieron, pero aplicados a productos comerciales y empresas, en el marco de un sinnúmero de estrategias e instrumentos de análisis de mercado resumidas en el  término “marketing”. Casi simultáneamente, inicialmente en Estados Unidos, estas metodologías fueron trasladas al campo de la política bajo la denominación de “marketing político”,  contando los candidatos en sus equipos con costosos especialistas en esta actividad, muchos de ellos extranjeros. El fenómeno es de carácter mundial e inevitable, por lo que deberemos interrogarnos acerca de cómo analizar las propagandas desde el punto de vista del votante, quien deberá optar por la propuesta  electoral que entienda más favorable para su futuro y el del país, soslayando el deslumbramiento visual.

Todo publicista dirá que una excelente campaña no podrá sostener en el tiempo a un mal producto. Eventualmente promoverá su consumo, pero si al usuario no le satisface dejará de comprarlo, y consecuentemente provocará su fracaso. Lamentablemente en política el desarrollo no es tan lineal, básicamente por la ausencia o limitación de información del producto (candidatos - programas), y restringidas opciones de compra en el supermercado político (listas sábana).

Un excelente ejemplo de esta distorsión es el reciente spot publicitario del candidato del Frente Para la Victoria,  Martín Insaurralde, elaborado por el prestigioso creativo Ernesto Savaglio, recordado entre otras, por la publicidad gráfica de hace más de veinte años bajo el título “Carrefour tiene los huevos por el suelo”, en relación al muy bajo precio de los huevos.  La propaganda causó revuelo y fue rápidamente levantada, pero cumplió ampliamente con el objetivo de dar visibilidad al supermercado. Obviamente esta frase no hubiese sido adecuada para aplicarla al votante el próximo 27 de octubre.

En el spot de Savaglio se presenta un álbum fotográfico familiar de Insaurralde, mostrando a sus padres e hijos. Claro está que ninguno de ellos es candidato a legislador, por lo que cabe preguntarse si no es más importante destacar ante el ciudadano que en su lista intentan renovar banca Recalde, Carlotto, Kunkel y Diana Conti. Tampoco los ímpetus renovadores de Massa  clarifican la razón que tenga en posición expectante en su lista a Felipe Solá, De Mendiguren y un nuevo converso, Adrián Pérez. O que en los primeros puestos de la lista de De Narváez intenten renovar Plaini, Rucci y Ferrari. O que Unen la encabecen nuevamente Stolbizer y Alfonsín. Menos aún se aclara cómo es posible que quienes ya estuvieron con destacadas responsabilidades políticas en el pasado, se presenten ahora como adalides de un cambio a futuro. Estas dudas no tendrán respuesta por parte de los ciudadanos el 27 de octubre, porque con el sistema intocable de lista sábana no tienen ninguna posibilidad de rearmar las listas de legisladores según sus preferencias.

Tampoco los candidatos presentan programas y compromisos concretos ante la sociedad, que haga realidad el denominado contrato social entre legisladores y sus representados. Todos coinciden en expresar que “mantendrán lo bueno y cambiarán lo malo”, sin clarificar que es “lo bueno y lo malo”. Por ello en lo inmediato, nuestras expectativas una vez más, será conocer las medidas que adoptará el gobierno luego de la elección, que por sus implicancias no se atreve anunciar previamente.  

Pese a las limitaciones intencionadamente creadas por una clase política casi hereditaria, el voto es el instrumento más poderoso que tiene un pueblo para expresarse. Se deberá concurrir el próximo 27 a las urnas con entusiasmo, pero alertados  que habrá un arduo trabajo ciudadano en los próximos dos años, para llegar de la mejor manera al recambio presidencial en el 2015. Mientras tanto, los pobres publicistas solo podrán intentar crear climas simpáticos, con colores vivos en los afiches, apelando a frases permanentemente incumplidas: “Combatiremos la corrupción”; “ Queremos vivir sin miedo”; “Vamos todos juntos”. Sin embargo, la mediocridad no es culpa de los publicistas.



No hay comentarios:

Publicar un comentario