La veda de campaña obligatoria pocos días previos a
los actos eleccionarios, pretende establecer un mínimo espacio de reflexión, sin
que el ciudadano esté sometido a un bombardeo propagandístico sustentado en frases,
imágenes y promesas carentes de sustento y credibilidad. Sin embargo serán
estas promesas el punto de partida para analizar el devenir político durante
los próximos dos años.
Como en democracia cada ciudadano aporta un voto, debemos
considerar que para esta tarea están capacitados por igual los distintos
estratos sociales. Es fácil hacer hincapié en el asistencialismo político a las
clases más pobres como forma de subyugación política y subvaloración de su
entendimiento, pero poco se habla del asistencialismo con fondos públicos a
sectores empresariales prebendarios, que por el alto contenido de corrupción
que conlleva, tienen efectos nefastos para una sociedad; entre otros, el de
seguir teniendo altos índices de pobreza.
La elección legislativa próxima encierra una paradoja:
por un lado, más allá de la derrota del gobierno, este mantendrá todos los
instrumentos necesarios para gobernar en base a sus decisiones; por el otro, la
nueva conformación legislativa que en nombres no será tan nueva, abre un
desafío impostergable tanto para el oficialismo como para supuestos opositores:
reformular el sistema de representación política; reconstruir partidos serios
de extensión territorial nacional, e implementar un proyecto de desarrollo
político-económico-social de mediano y largo plazo. El mediano plazo será desde
el 10 de diciembre de 2013 al 10 de diciembre de 2015, fecha en que se
producirá el recambio presidencial, de gobernadores y parcialmente
legislativo. Cada uno de estos aspectos
merecerá amplios análisis en su momento.
El lunes 28 de octubre, las preocupaciones y
expectativas de quienes votarán a las opciones peronistas kirchnerista,
massista o desnarvaeista, radical, socialista, izquierda o centro derecha,
serán exactamente las mismas. Por ello, ante la crisis de representación que
causó el abandono de los partidos como intermediarios imprescindibles para el
acceso del pueblo al gobierno, los ciudadanos deberán generar instrumentos
creativos y pacíficos para movilizar a sus políticos por el camino del interés
común, dado que usualmente les es más fácil actuar en base a personalismos, que
cumplir con el rol democrático de representar reclamos legítimos de mayorías,
ya no en lo dialéctico, sino en lo concreto.
Como reflejo de la abulia que rodeó la campaña, destaquemos
solo algunas de las contradicciones exhibidas en el breve plazo transcurrido
entre los resultados de las PASO del 11 de agosto, a la fecha.
1.- Ante el sorpresivo lanzamiento de Massa en las
PASO, Scioli señaló que las internas debían resolverse dentro del Partido
Justicialista. Omitió decir que él es el presidente, y que desde que lo conduce
está paralizado, al punto que la justicia electoral le retiró la personería
jurídica.
2.- Massa, de exitoso intendente de Tigre, pasó a ser
representante del neoliberalismo. Scioli, acusado de neoliberal, se transformó
en adalid del modelo nacional y popular.
3.- El candidato Insaurralde, unido firmemente a la imagen
presidencial en la campaña para las PASO, pasó en esta etapa a estar firmemente
adherido a la imagen de Scioli. En ambos casos, subestimando los eventuales
méritos de Insaurralde.
4.- Tanto Massa como Insaurralde, y candidatos
peronistas en general, descubrieron luego de más de cinco años que los índices
del Indec no reflejan la realidad, y que el problema de inseguridad (sería más
claro definirlo como del delito), es creciente.
5.- Como la necesidad tiene cara de hereje, los
candidatos oficialistas reconocieron que volcar cuantiosos fondos públicos en
medios de comunicación y periodistas complacientes no generan por sí resultados exitosos. En consecuencia, acudieron
en tropel a los medios de comunicación de “la Corpo” para ser reporteados.
No es casual centrarse en Massa e Insaurralde, pues
por pertenecer ambos al mismo partido gobernante, exhiben las mayores
contradicciones, o si se prefiere, cinismos en sus discursos. Sin embargo los
llamados “opositores” asumen la mayor inconsistencia, al formular promesas que
exceden sus posibilidades , al haber atomizado la representación partidaria al
punto que hacen imposible hablar de alternancias democráticas de gobierno,
sustrayéndoles a los ciudadanos la posibilidad de elegir. Solo intentan
mantener sus bien remunerados cargos legislativos.
No debe extrañar entonces que las pobres propagandas
electorales nos retrotraigan a una frase de Maquiavelo de hace más de 500 años,
referida a la relación del príncipe con sus gobernados: “Pues los
hombres, en general, juzgan más con los ojos que con las manos, porque todos
pueden ver, pero pocos tocar. Todos ven lo que pareces ser, pero pocos ven lo
que eres”.
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