La instancia del voto es la que posibilita que el sistema democrático sea el gobierno de las mayorías a través
de sus representantes . Sin embargo, el tránsito que la clase política ofrece
para este ejercicio popular, es muchas
veces manipulado mediante legislaciones electorales oportunistas que minimizan el derecho a elegir, como las listas
sábana; ley de lemas; listas colectoras y candidaturas testimoniales, entre
otras variantes creativas, dignas de mejores
objetivos para el bien de una sociedad.
El ejercicio reiterado de la
democracia desnuda cada vez más estos subterfugios, y forma al ciudadano en la
detección de los mensajes superficiales, cuando no manifiestamente engañosos.
Es oportuno entonces efectuar algunas reflexiones respecto de las recientes
elecciones primarias para definir candidaturas a legisladores, no ya desde lo
numérico, sino desde las expresiones excesivamente eufóricas o injustificadamente
coléricas emitidas por los actores principales de la elección.
En primer término se debe
destacar el falso mensaje, y por lo reiterado infantil, de que los triunfos provienen
del pueblo, y las derrotas de sectores monopólicos destituyentes. Los grupos
con poder económico existen en toda sociedad, y muchas veces intentan manipular
las decisiones políticas conforme sus intereses y en detrimento del bien común.
Pero para tener éxito necesitan de tres factores: funcionarios corruptos,
jueces venales y leyes en permanente cambio. Por lo tanto es más importante concentrarnos
en quienes pretenden representar a la sociedad en su conjunto y cuentan con la organización
jurídico- institucional necesaria para defenderla, y utilizan al “poder
económico” como recurso de engaño electoral.
Otro aspecto sobre el que
reflexionar y muy relacionado con el anterior, es el referido al poder de los
medios de comunicación. No descubriremos ahora su enorme influencia para crear
opinión, especialmente en el campo de la propaganda política. Pero cabe preguntarse: un gobierno que
cuenta con los medios televisivos y escritos manejados por los grupos
empresarios Spolski, Pierri, Vila-Manzano y Cristóbal López; diarios de
distribución gratuita y “Página 12”; el
canal de televisión oficial, y la publicidad exclusiva del costoso “Fútbol para
Todos” que incluye el armado de los horarios de los partidos según
conveniencia, puede presentarse como víctima de operaciones de prensa, aún en
los casos que estas existan? Cuando felizmente
existe diversidad de información, obsesionarse y poner como una causa de
derrota a un tal señor Magnetto, por muy malo que sea, no es menospreciar al
votante?
Todos los analistas hablan de un
fin de ciclo del kirchnerismo peronista como resultado de una elección,
obviando que cuando la Presidente deje su cargo en el 2015, el kirchnerismo habrá
cumplido un período ininterrumpido de 12 años de gobierno. Resulta difícil
comprender entonces que la clase política necesite de ratificaciones electorales
para impedir cambios constitucionales espúreos, que dañen las saludables
alternancias en el ejercicio del poder que caracterizan a los sistemas
democráticos. Vicio que, cabe recordar, caracterizan a muchos gobiernos
provinciales, que semejan más a estilos caudillejos de colonia que a sistemas
modernos de conducción.
Ante esta realidad, la ciudadanía,
no solo para octubre próximo sino para el irreversible cambio presidencial que
se producirá en el 2015, deberá concentrase inicialmente, en las clásicas
volteretas de los eternos oportunistas
que se presentarán como “lo nuevo” para
permanecer en los envidiables y bien rentados cargos oficiales, llevando a la
práctica la recordada frase del príncipe de Salina en la única novela de
Giuseppe di Lampedusa “El Gatopardo”, cuando avizora el final de la época
aristocrática ante la unificación italiana a mediados del siglo XIX: “Cambiar
para que nada cambie”.
El fin del menemismo peronista
significó un masivo trasvasamiento de supuestos neoliberales a supuestos progresismos.
El fracaso de la Alianza produjo un reacomodamiento en tropel de los dirigentes
peronistas que la integraron, para insertarse en el kirchnerismo. El ejemplo
más patético es el del ex presidente Carlos Alvarez, que iniciara la crisis
política con su renuncia, y desde hace tres años actúa como funcionario de éste
gobierno ante organismos en el exterior.
Esta es la trampa que la ciudadanía, ya sea oficialista, opositora o
indiferente, deberá evitar si pretende que la cultura de lo pragmático dé lugar
a políticas de Estado consensuadas y consistentes en el tiempo.
Una primera
señal preocupante es el declarado fervor de todos los candidatos para encarar
una “lucha frontal contra la corrupción”. Si más del 80 % de ellos son ya
legisladores o bien ocupan cargos en distintos niveles ejecutivos o administrativos,
porqué debemos creer que harán mañana lo que no hicieron hasta hoy?
El resultado de octubre definirá
las ratificaciones y reemplazos en los niveles legislativos. Pero a partir de ese
momento quienes pretendan conducir al país o revalidar títulos en el 2015,
tendrán que demostrar en hechos concretos sus promesas. Dos años es excesivo
tiempo para soportar declamaciones grandilocuentes y demagógicas, mientras
camaristas, jueces y fiscales del fuero Penal Federal, día a día van desarmando
las investigaciones sobre los casos, entre otros, de la estafa de la Fundación
Sueños Compartidos ; venta de la ex Ciccone Calcográfica; degradación de la
infraestructura de transporte como resultado del corrupto destino de los subsidios;
manejo concentrado de la obra pública con casos como los del empresario Lázaro
Báez, y los manifiestos enriquecimientos ilícitos de funcionarios públicos
involucrados y empresarios asociados.
Vencerá el voto popular al
escepticismo de Lampedusa? Pensemos que sí, y actuemos en consecuencia.
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