miércoles, 21 de agosto de 2013

CUANDO EL MENSAJE DEL VOTO NO BASTA

La instancia del voto es la que posibilita que el sistema democrático sea el gobierno de las mayorías a través de sus representantes . Sin embargo, el tránsito que la clase política ofrece para  este ejercicio popular, es muchas veces manipulado mediante legislaciones electorales oportunistas que minimizan el derecho a elegir,  como las listas sábana; ley de lemas; listas colectoras y candidaturas testimoniales, entre otras variantes creativas, dignas de mejores objetivos para el bien de una sociedad.

El ejercicio reiterado de la democracia desnuda cada vez más estos subterfugios, y forma al ciudadano en la detección de los mensajes superficiales, cuando no manifiestamente engañosos. Es oportuno entonces efectuar algunas reflexiones respecto de las recientes elecciones primarias para definir candidaturas a legisladores, no ya desde lo numérico, sino desde las expresiones excesivamente eufóricas o injustificadamente coléricas emitidas por los actores principales de la elección.

En primer término se debe destacar el falso mensaje, y por lo reiterado infantil, de que los triunfos provienen del pueblo, y las derrotas de sectores monopólicos destituyentes. Los grupos con poder económico existen en toda sociedad, y muchas veces intentan manipular las decisiones políticas conforme sus intereses y en detrimento del bien común. Pero para tener éxito necesitan de tres factores: funcionarios corruptos, jueces venales y leyes en permanente cambio. Por lo tanto es más importante concentrarnos en quienes pretenden representar a la sociedad en su conjunto y cuentan con la organización jurídico- institucional necesaria para defenderla, y utilizan al “poder económico” como recurso de engaño electoral.

Otro aspecto sobre el que reflexionar y muy relacionado con el anterior, es el referido al poder de los medios de comunicación. No descubriremos ahora su enorme influencia para crear opinión, especialmente en el campo de la propaganda política.   Pero cabe preguntarse: un gobierno que cuenta con los medios televisivos y escritos manejados por los grupos empresarios Spolski, Pierri, Vila-Manzano y Cristóbal López; diarios de distribución gratuita y  “Página 12”; el canal de televisión oficial, y la publicidad exclusiva del costoso “Fútbol para Todos” que incluye el armado de los horarios de los partidos según conveniencia, puede presentarse como víctima de operaciones de prensa, aún en los casos que estas existan?  Cuando felizmente existe diversidad de información, obsesionarse y poner como una causa de derrota a un tal señor Magnetto, por muy malo que sea, no es menospreciar al votante? 
  
Todos los analistas hablan de un fin de ciclo del kirchnerismo peronista como resultado de una elección, obviando que cuando la Presidente deje su cargo en el 2015, el kirchnerismo habrá cumplido un período ininterrumpido de 12 años de gobierno. Resulta difícil comprender entonces que la clase política necesite de ratificaciones electorales para impedir cambios constitucionales espúreos, que dañen las saludables alternancias en el ejercicio del poder que caracterizan a los sistemas democráticos. Vicio que, cabe recordar, caracterizan a muchos gobiernos provinciales, que semejan más a estilos caudillejos de colonia que a sistemas modernos de conducción.

Ante esta realidad, la ciudadanía, no solo para octubre próximo sino para el irreversible cambio presidencial que se producirá en el 2015, deberá concentrase inicialmente, en las clásicas volteretas   de los eternos oportunistas que se presentarán como “lo nuevo”  para permanecer en los envidiables y bien rentados cargos oficiales, llevando a la práctica la recordada frase del príncipe de Salina en la única novela de Giuseppe di Lampedusa “El Gatopardo”, cuando avizora el final de la época aristocrática ante la unificación italiana a mediados del siglo XIX: “Cambiar para que nada cambie”.

El fin del menemismo peronista significó un masivo trasvasamiento de supuestos neoliberales a supuestos progresismos. El fracaso de la Alianza produjo un reacomodamiento en tropel de los dirigentes peronistas que la integraron, para insertarse en el kirchnerismo. El ejemplo más patético es el del ex presidente Carlos Alvarez, que iniciara la crisis política con su renuncia, y desde hace tres años actúa como funcionario de éste gobierno ante organismos en el exterior.  Esta es la trampa que la ciudadanía, ya sea oficialista, opositora o indiferente, deberá evitar si pretende que la cultura de lo pragmático dé lugar a políticas de Estado consensuadas y consistentes en el tiempo. 

Una primera señal preocupante es el declarado fervor de todos los candidatos para encarar una “lucha frontal contra la corrupción”. Si más del 80 % de ellos son ya legisladores o bien ocupan cargos en distintos niveles ejecutivos o administrativos, porqué debemos creer que harán mañana lo que no hicieron hasta hoy?

El resultado de octubre definirá las ratificaciones y reemplazos en los niveles legislativos. Pero a partir de ese momento quienes pretendan conducir al país o revalidar títulos en el 2015, tendrán que demostrar en hechos concretos sus promesas. Dos años es excesivo tiempo para soportar declamaciones grandilocuentes y demagógicas, mientras camaristas, jueces y fiscales del fuero Penal Federal, día a día van desarmando las investigaciones sobre los casos, entre otros, de la estafa de la Fundación Sueños Compartidos ; venta de la ex Ciccone Calcográfica; degradación de la infraestructura de transporte como resultado del corrupto destino de los subsidios; manejo concentrado de la obra pública con casos como los del empresario Lázaro Báez, y los manifiestos enriquecimientos ilícitos de funcionarios públicos involucrados y empresarios asociados.  


Vencerá el voto popular al escepticismo de Lampedusa? Pensemos que sí, y actuemos en consecuencia.               

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