El lanzamiento en el día de ayer de la Coalición UNEN
a nivel nacional, sustentada en la convergencia de agrupaciones con el loable objetivo de constituirse en seria
alternativa de gobierno a partir de diciembre de 2015, trasciende lo partidario
para transformarse en un punto de partida adecuado para someter al escrutinio
de la ciudadanía conductas, propuestas y estrategias de cambio concretas, en la
pretensión de gobernar.
Por varias razones, la próxima elección será tanto
peculiar como trascendental. Señalemos tres factores distintivos no
excluyentes: 1) Se desarrollará para sustituir una gestión, en este caso
justicialista, que por primera vez ejerció tres períodos consecutivos de
gobierno, debiendo absorber los antipáticos costos de lo actuado en los dos
períodos anteriores. 2) El contexto exhibe una dirigencia política, gremial,
empresarial y judicial que mantiene tal condición desde hace dos décadas,
intercambiando a lo sumo roles. 3) Se llegó a un punto límite de disolución de
partidos políticos y vaciamiento institucional, que obliga ineludiblemente a su
reconstitución. Cada uno de estos puntos motivará futuras reflexiones.
La ciudadanía debería iniciar ya su propia campaña electoral,
afrontando un desafío para lo cual es de esperar esté preparada, tras 30 años
ininterrumpidos de democracia: transformarse individualmente en un analista
crítico de los mensajes múltiples y
contradictorios, cuando no falsos, que conformarán una verdadera “artillería
psicológica” como estrategias de propaganda o marketing político. Para esta
tarea cobrarán altos honorarios asesores (algunos extranjeros); encuestadoras y
periodistas. Los precandidatos deberán
ser evaluados inicialmente no por lo que prometan sino por como actuaron, no
solo en lo referido a la honestidad y ética, sino por personalidad, actitud y
coherencia. Y fundamentalmente, por la credibilidad y extensión territorial de
las estructuras que los sustenten. Como se verá, al menos en esta etapa, no
estamos para globos amarillos, naranjas o celestes y blancos.
En una estrategia de manual, los precandidatos
pretenderán establecer ante la ciudadanía la agenda de debates, y no a la
inversa. O sea, que no sean los ciudadanos los que se suban al ring, sino que
observen a los candidatos desde la platea, alentando o reprobando. Para ello la
propaganda política apela en el manejo de masas a la emoción, casi nunca a la
razón. Y mucho menos a la información precisa.
Por eso no deberemos dejar influenciarnos por encuestas frívolas y
cronológicamente inadecuadas, basadas en
supuestas adhesiones que despierten determinadas “imágenes”,
pretendiendo generar “sensaciones”. Tendrán que primar las realidades,
planteando la ciudadanía reclamos concretos y exigiendo respuestas concretas en
ámbitos legislativos, y no meros
ejercicios discursivos.
En Argentina hace rato que en el manejo del poder se
diluyeron derechas e izquierdas, peronistas o radicales, neoliberales o
progresistas, dejando estos debates para distracciones intelectuales, muchas de
ellas generosamente recompensados desde el Estado. Pocas veces se hace
referencia que está firmemente instalado un fuerte núcleo dirigencial
pluripartidario, muchas veces hereditario, en donde los roles pueden ser
fácilmente intercambiados por los mismos actores a lo largo del tiempo, y
cuentan con fuertes financiamientos de campañas electorales con un único
objetivo: cambiar para que nada cambie. No es momento entonces de fáciles
adhesiones sino de firmes exigencias.
Bajo esta perspectiva, analizaremos en la próxima
reflexión el lanzamiento de UNEN, que abre una esperanzadora opción de gobierno
a futuro. Pero el camino será arduo, y se deberán dejar egos en el camino. Por
eso, sin dejar de lado la esperanza, no es momento de halagos. La campaña
electoral ciudadana ha comenzado.
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