La reciente conformación del Frente UNEN despertó la expectativa de
reconstituir una alternativa electoral a la que viene monopolizando el
justicialismo desde hace más de dos décadas, exhibiendo una asombrosa capacidad
de aplicar políticas supuestamente
neoliberales o progresistas con los mismos dirigentes.
Un efecto colateral positivo ante la atomización de representatividad
que generó la licuación del propio justicialismo y el radicalismo en su
condición de partidos, es que el surgimiento de UNEN inicialmente clarifica las
opciones electorales para el 2015, resumiéndolas en tres: la continuidad
justicialista representada entre otros por Massa; Scioli y De la Sota ; el PRO, con base en la
ciudad de Buenos Aires, y el recientemente conformado UNEN.
Para que la expectativa no sea nuevamente defraudada, debemos ser particularmente
exigentes con UNEN. Los primeros mensajes de sus máximos representantes no son buenos.
Instalar ante la opinión pública como tema sustancial un supuesto acuerdo electoral
con Macri, para de inmediato debatir en el propio seno del Frente su
conveniencia, raya en un absurdo preocupante y alejado de las verdaderas
necesidades y urgencias de la sociedad. Es oportuno entonces destacar cuatro aspectos
a tener en cuenta, planteados desde quien considera que un país que no tenga al
menos dos alternativas de gobierno sólidas y diferenciadas, no es plenamente
democrático.
1.- La total versatilidad ideológica exhibida por el justicialismo para
establecer políticas de gobierno en las últimas décadas, cobijando en su seno
desde derechas a izquierdas con naturalidad, ha sido posible por su fuerte
identificación con el poder. En política esto no es una crítica, sino una
virtud. Ello implica que las variantes justicialistas tienen y tendrán importante
apoyo tanto de grupos económicos empresariales y gremiales favorecidos por
políticas que los enriquecieron, como de sectores adherentes medios o
necesitados que fueron clientelizados. La concentración de poder polìtico
ineludiblemente conlleva concentración de poder econòmico. Por ende las
propuestas de sus candidatos plantearán cambios cosméticos para que nada
cambie. No es casual, por ejemplo, que
medios de comunicación fuertemente críticos con la presidente Kirchner, sean
increíblemente condescendientes con la administración del gobernador Scioli.
2.- La fortaleza inicial que otorga al justicialismo el usufructo del
poder debiera ser paradójicamente su debilidad, porque brinda a UNEN la oportunidad
de plantear desde la acción legislativa inmediata y luego como gobierno,
profundas cambios de la estructura del Estado y sus implicancias sociales, que
cuenten con consenso mayoritario. Primera duda: están dispuestos a ello?
3.- UNEN debiera tener presente que a diferencia de una elección
legislativa, en donde las campañas de candidatos para obtener el limitado
número de votos necesarios que les permita acceder a una banca pueden
realizarse cómodamente desde diversos programas de televisión de señal abierta,
en una elección nacional presidencial es imprescindible una sólida estructura y
estrategia extendida a todas las localidades del país, en un permanente ida y
vuelta entre un centro de conducción política y miles de ciudadanos que deberán
trabajar desde el llano sin dádivas, sino guiados por el convencimiento y el
fervor cívico.
4.- Por ello hablar de diversidad en la integración de UNEN es
inicialmente una virtud, porque la esencia de la política es el debate entre
distintas visiones, para confluir en proyectos y acciones positivas para la
mayoría de la sociedad. Pero esto requiere
organicidad y previos consensos dentro de UNEN. De no ser así, se caerá
inevitablemente en la anomia, como se denomina en sociología a la falta de
normas o incapacidad de conformar las estructuras necesarias para alcanzar una
meta.
El desafío a corto plazo de UNEN es resolver el marco de acción nacional
que viabilice propuestas, sustente su pretensión de gobernar, y posibilite su
ejercicio en caso de ser elegidos. Habrá tiempo para ello? Lo analizaremos en
la próxima reflexión.
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