Señalábamos en la última reflexión que el surgimiento
del Frente Popular UNEN en el escenario político argentino, con expectativas de
consolidarse y ser alternativa seria y posible de gobierno, que fue
monopolizado por el justicialismo desde hace casi 25 años, con la experiencia
“mixta” de la Alianza durante dos años, es auspicioso para la salud del sistema
democrático. Pero el escaso tiempo a las primarias de octubre de 2014 para definir
los candidatos a presidente, en el análisis de UNEN se hace necesario priorizar
exigencias por sobre los halagos, para no sufrir nuevas frustraciones.
En primer término, es imprescindible definir una
formulación estratégica nacional que a partir de un adecuado diagnóstico,
derive en objetivos políticos y programáticos claros, para luego plasmarlos en
equipos y organización eficaces e interaccionados a nivel nacional. Las figuras
representativas de UNEN, con sus mas y sus menos a lo largo de las últimas
décadas, en lo personal revisten una aceptable actuación política, aunque no
siempre coherente. Es entonces urgente constituir una mesa de Acción Política representativa
y de arduo trabajo futuro, para consolidar en brevísimo plazo el marco
referencial estratégico del Frente, evitando que la diversidad de opiniones no
trasmuten en posiciones personales y caprichosas que generen confusión. El
absurdo debate reciente de “Macri sí o Macri no” es un excelente ejemplo del
riesgo.
Dos ejemplos a mirarse para convertir a UNEN en un
partido estable, son el Frente Amplio de Uruguay, y la Nueva Mayoría de Chile.
En el caso de Uruguay, el Frente nació en 1971, y recorrió un largo camino
hasta su consolidación. En Chile, el antecedente es la Convergencia, que nació
en 1979 como resultado de la división del Partido Socialista en dos fracciones,
hasta llegar a la Nueva Mayoría que llevó nuevamente a Bachelet a la conducción
del gobierno. A favor de ambos países, sus calidades democráticas e
institucionales son muy superiores a las nuestras, que abundan en reformulación
de sistemas
constitucionales y electorales inéditos en el mundo, al solo efecto de mantener
el poder a lo largo del tiempo, minimizando el voto popular. Justo es decir que
no fue el justicialismo el único responsable, sino que contó con el inestimable
apoyo de muchos supuestos opositores con intereses personales ajenos a su condición
de representantes del ciudadanos, para también perpetuarse en ámbitos de poder.
Un paradigma a seguir por UNEN es la reciente campaña
electoral en Chile: Bachelet ganó con una propuesta de 50 medidas concretas y
transformadores a llevar a cabo en sus primeros 100 días de gobierno. Repitamos:
medidas concretas, no declamatorias y genéricas, al estilo “combatiremos la
corrupción”. Alfonsín ya lo había implementado en 1983 con sus recordados 100
puntos de acción de gobierno, que se iban tildando a manera de agenda según se
cumplimentaban.
Una realidad insoslayable es que dentro del Frente las
únicas estructuras que abarcan todo el territorio nacional y aún subsisten pese
a todo, son las de la Unión Cívica Radical, y en menor medida, del Partido
Socialista. Deberán actuar en consecuencia en su propio beneficio y en el de
todos los integrantes del Frente, para que UNEN no quede sometido o afectado
ante el eventual riesgo de pretensiones personalistas y hasta ególatras de
algunos de sus integrantes. Hecha la salvedad, bienvenidas sean las nuevas
agrupaciones y figuras surgidas en los años recientes, tanto en lo referido a
los aportes enriquecedores que puedan realizar en lo programático, como en el
trabajo de campo.
El desafío está planteado. Sabrá el Frente UNEN
afrontarlo con inteligencia?
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