miércoles, 2 de julio de 2014

BOUDOU: LUCHA ENTRE LA POLÍTICA Y LA JUSTICIA

El procesamiento de un vicepresidente de la Nación por corrupción es un caso inédito en nuestra historia. Pero pretender que ello signifique por sí solo un punto de inflexión, sería una ingenuidad. Lo importante es que las pruebas y testimonios que llevaron a la decisión del juez Lijo, compartida por el fiscal Di Lello, desnuda una vez más las asociaciones entre funcionarios públicos y empresarios privados para saquear recursos del Estado. Lograr cambios estructurales de fondo para que no sea tan fácil, es una tarea que compete al Poder Legislativo, a través de leyes que destruyan el andamiaje de corrupción.

Es oportuno reflexionar sobre algunos aspectos esenciales para interpretar la evolución de los acontecimientos y formar nuestra opinión, evitando en lo posible subjetividades ideológicas o partidarias. El procesamiento de varios de los involucrados en el caso Ciccone inicia un laborioso camino en donde el objetivo de justicia deberá sortear las sólidas vallas del encubrimiento. No será la primera vez. Casos resonantes como IBM-Banco Nación; Siemens y Skanska, entre otros, que tuvieron confesos de otorgar coimas a funcionarios, hoy están impunes.

En los casos de corrupción se destacan tres sectores interrelacionados: el político; el periodístico-comunicacional, y el judicial. En los dos primeros se desarrollará la clásica lucha de propaganda-contrapropaganda, e información-desinformación. En el judicial se plantearán los subterfugios dialécticos y procesales que posibiliten la impunidad. En cada uno de ellos habrá honestos, corruptos, cómplices, desinteresados, complacientes.

Es importante tener presente que, una vez más, el negociado se conoció como resultado de investigaciones periodísticas; inicialmente a través de Jorge Asís, y luego por Jorge Lanata. Es mundialmente reconocido el valor que el periodismo de investigación tiene en las democracias. Pero cabe preguntarse: no es tarea también de los legisladores de la oposición, cumplir eficazmente su tarea de control de los actos de gobierno y detectar la afectación delictiva de recursos públicos, para luego denunciarlos? Para ello tienen fueros.

El primer intento de degradar la causa, será el de “farandulizarla”. La importante vía comunicacional puede oscilar entre una habitual estrategia de captar audiencia en casos de repercusión pública, al más solapado y estudiado intento de ocultamiento y desprestigio de quienes amenazan la impunidad, transformando en este caso, la investigación periodística documentada en periodismo de voceros de mensajes enlatados. Algo similar sucederá en el campo político. Proponer el juicio político de Boudou para establecer supuestas responsabilidades que ya están siendo juzgadas, es buscar exclusivamente lo escenográfico.

Más útil para la sociedad es legislar que todo funcionario procesado, automáticamente quede apartado de su cargo, e inhabilitado para ejercer otros cargos públicos. No aceptemos la respuesta capciosa de que toda persona es inocente hasta que se demuestre su culpabilidad, de lo que no cabe duda. Pero estamos hablando de funcionarios que manejan fondos públicos, dictan leyes y controlan su aplicación. Son inocentes, pero no aptos para ejercer cargos políticos en su condición de procesados. Así de simple. De todos modos siquiera la culpabilidad se aplica a los políticos. Qué no se dijo de Menem? Hoy es senador, e insólitamente, aún condenado puede seguir legislando.


En esta línea de acciones concretas y no solo discursivas, más allá de ideologías o adhesiones partidarias, no incursionemos en expresiones entre obvias y oportunistas referidas a los  “costos políticos de la Presidente”. Los costos de la corrupción deberán absorberlos conjuntamente las dirigencias políticas, empresariales y gremiales, que desde hace más de veinte años coptaron todas las estructuras de control administrativo y judicial para asegurar su inutilidad, diluyendo las diferencias entre oficialismos y oposiciones.

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