Señalábamos en la última reflexión que intentaríamos
identificar los principios y programas que sustentan las tres opciones con
caudal electoral necesario para ser consideradas opción de gobierno a partir de
diciembre de 2015. Para ello partiremos de sus raíces históricas, que si bien
puede parecer arbitrario, al menos nos evita partir de la atomización partidaria
y la anomia. Son tres opciones que denominaremos:
1) Vertiente justicialista, se presente como
oficialismo u oposición.
2) Vertiente
radical-socialista, circunstancialmente conocida como UNEN.
3) Vertiente partido nuevo conocido como PRO, con base
en el Gobierno de la Ciudad.
La crisis política argentina aflora desde el inicio
del intento de análisis: es mucho más inmediato establecer similitudes entre
ellos que diferencias programáticas. Ello echa por tierra el engañoso reclamo
preelectoral de “falta diálogo”, sino por el contrario, revela la existencia en
las últimas décadas de un permanente
diálogo entre las mismas clases dirigentes, solo que basados en principios de
permanencia e intereses personales, y no en reclamos sociales mayoritarios. Por
otra parte, a falta de partidos tradicionales y consistentes que cohesionen
opiniones y políticas, cabe preguntarse: diálogo con quienes? Con los
ex radicales Zamora, Posse y Moreau? Con los peronistas De Narváez, Mendiguren,
Moyano y Menem? Con los mimados por Hebe de Bonafini, llámense Boudou,
Schocklender y Milani? Con los mini partidos porteños de Solanas y Patricia
Bullrich? Con la insoportable autosuficiencia de Elisa Carrió, creadora
pertinaz de partidos? Con el actual funcionario y ex vicepresidente de la
Alianza Carlos Alvarez? Con los
incombustibles De la Sota y Rodríguez Saa? Con la centro derecha, centro o
centro izquierda? Con peronistas línea menemista, kirchnerista o renovadora? Con radicales
puros o radicales ex K?
Todos los citados conforman una mínima expresión de quienes
han dialogado en forma sostenida durante las dos últimas décadas, siempre bajo
el paraguas protector de los abundantes recursos del Estado. Cierto es que
pueden existir algunas peleítas mediáticas, pero nada personal. Solo al efecto
de mantener espacios de poder. Cumplido este requisito, el juego de alianzas
puede ser insólito e infinito. Citemos
entonces similitudes entre quienes pretenden ser diferentes.
1.- Vulneración permanente de las leyes vigentes. El
ejemplo más reciente es el desaforado inicio de la campaña electoral 2015, anticipando
en 10 meses lo indicado en el artículo 31 del Capítulo IV de la ley electoral
26.571, que indica que la campaña electoral deberá iniciarse 30 días antes de
las elecciones primarias, previstas para el domingo 09 de agosto de 2015.
2.- Mantenimiento de una anacrónica legislación de
elección de candidatos, como las llamadas listas sábana y la no implementación del
voto electrónico, entre otras medidas.
3.- Protección creciente de los funcionarios políticos
para restringir al máximo el cumplimiento y conocimiento público de la declaración
de bienes durante el desempeño de la función pública.
4.- Eludir la presentación de un proyecto de ley que
establezca que todo funcionario procesado, de rango político, automáticamente
deberá dejar su cargo, pues si bien le cabe presunción de inocencia, su
condición procesal no lo habilita para manejar decisiones o recursos públicos.
El caso más explícito es el del senador Carlos Menen, al que ninguna agrupación
política pidió su desafuero. En Argentina, un condenado puede legislar.
5.- Cesión permanente al Gobierno nacional por parte
de gobernadores y sus legisladores, de atribuciones que le son propias o corresponden
al Poder Legislativo, siendo los
responsables, y no el Ejecutivo nacional que lo promueve, que el federalismo en
nuestro país sea una entelequia.
6.- Negar el acceso de la población a los cargos
públicos a través de concursos que reconozcan méritos y necesidades en pie de
igualdad, manipulando los ingresos y obligando a que los ciudadanos paguen con
sus impuestos bases militantes rentadas, transformando a las instituciones del
Estado en costosas, ineficientes, y por lo tanto innecesarias.
A partir de esta realidad, intentaremos en la próxima
reflexión un tibio y apresurado análisis de las opciones electorales para el
2015, al menos desde lo cuantitativo.
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