“Relatos salvajes” es una exitosa película argentina
dirigida por Damián Szifrón, que en formato de comedia dramática, trata acerca del tenue límite que puede
existir entre civilización y barbarie. La política ofrece un fértil campo para
una segunda versión, cuyo límite oscile entre la grandilocuencia dialéctica
ante los ciudadanos, y el oportunismo político para priorizar intereses personales
y sectoriales. Van algunas ideas.
1.- Milagro Papal
El Gobierno nunca tuvo relaciones amistosas con el
cardenal Bergoglio y la iglesia en general, al extremo de evitar la presencia
de funcionarios en el tradicional Tedeum en la Catedral de Buenos Aires los 25
de mayo. Pero su designación como Papa produjo una conversión religiosa casi
mística, desde la Presidente a la totalidad de sus funcionarios y aliados. En
busca de la redención, los otrora críticos desfilan incesantemente en el
Vaticano ante su presencia. Con un premio adicional. A la Catedral se podía ir
a pié o en colectivo. A Roma en cambio viajan con todos los gastos pagos con
recursos públicos. El último acto de contrición lo protagonizó Estela de
Carlotto, quien durante años acusó a Bergoglio de cómplice con la dictadura
militar. En estado de beatitud, manifestó recientemente que “le habían
informado mal”. Así de simple.
2.- Los controles democráticos de la
oposición
En un programa televisivo conducido por el periodista
Gustavo Silvestre, se debatió acerca del informe de la Auditoría General de la
Nación relacionado con el manejo y balances de Aerolíneas Argentinas, que fuera
aprobado por 5 votos contra 2 de los auditores. La AGN es un organismo
constitucional que asiste técnicamente al Congreso en el control de las cuentas
del sector público. Silvestre presentó al auditor Vicente Brusca, justicialista
que votara en contra, y aclaró que invitó al presidente del organismo, el
radical Despouy, quien no quiso concurrir. Brusca mencionó entre las causas de su
rechazo, que una página señalaba que había 33 pilotos por avión, y otra 22
pilotos. Insólitamente no pudo aclarar cual, según su opinión, era el número
correcto. Pero tras cartón se descargó contra los radicales, siguiendo la línea
del Jefe de Gabinete Capitanich, quien acusó a la Auditoría de ser una “usina
opositora”. Tanta necedad, más que desacuerdos hacen sospechar aceitados
acuerdos. Despouy concurre a un programa televisivo y Brusca a otro. Pero de
clarificar ante la ciudadanía la realidad en forma conjunta y seria, ni hablar.
Con seguridad, tampoco el Congreso tratará el informe. Todos los principales participantes
de esta comedia dramática perciben un salario mensual superior a $ 70.000, sin
considerar prebendas de sus cargos. Eso sí, la Auditoría tiene miles de
empleados, la gran mayoría acomodados por todos los sectores políticos. Queda
clara entonces cual es la necesidad de crear organismos de control.
3.- La seguridad la arreglamos entre todos
Cuando un problema lo arreglamos “entre todos”,
significa que los responsables de solucionarlo se hicieron a un lado. El delito
en general, y los negociados en el fútbol y barras bravas en particular, son un
excelente ejemplo. El partido de fútbol entre Lanús y Arsenal tuvo un final
escandaloso, por una decisión arbitral inentendible. Finalizado el encuentro y
en medio del caos, aparece en el campo de juego un civil con un arma en la
cintura, a la vista de público, dirigentes y personal policial. Detectado y
fotografiado por el periodismo, se constató que era un oficial de la Policía
Federal. El hecho ratifica que las fuerzas de seguridad no solo atienden a la
seguridad pública, sino participan de acciones privadas dentro de los clubes,
con la anuencia del gobierno de la provincia de Buenos Aires y sus funcionarios
de seguridad. Felizmente el presidente de Lanús, dr. Alejandro Marón,
transmitió tranquilidad a la sociedad. Aclaró que conocía al oficial armado, pero
”me aseguró que el arma estaba descargada”. Aquietadas las aguas, la lucha
pertinaz de la provincia de Buenos Aires contra el delito continúa.
4.- Batallas heroicas contra los grupos
económicos más concentrados
Hay frases políticamente inutilizables. “Salariazo y
revolución productiva” es una marca de propiedad registrada. “Combatiremos la
corrupción”, pronunciada por dirigencias que permanecen desde hace más de dos
décadas en altos niveles de conducción, puede mover a la hilaridad, o más grave
aún, a la indignación. Pero las épicas contra los grupos económicos más
concentrados, aunque la encabecen multimillonarios, aún otorga réditos. Sin
embargo, ante el riesgo que los enfervorizados mensajes provoquen arrebatos
patrióticos desmesurados contra dichos grupos, es necesario que los funcionarios
de gobierno y supuestos opositores los identifiquen claramente su condición de
buenos o malos. Por ejemplo: 1) En comunicaciones, entre Clarín, Telefónica y
Telecom; 2) En obras públicas, entre empresas rusas, chinas y de Lázaro Báez; 3)
En explotaciones petroleras, entre Repsol y Chevrón; 4) En empresas de
capitales mixtos como YPF, entre el 51% estatal y el 49% privado (incluídos
Esquenazzi y buitres); 5) En industria y comercio, entre maniobras importadoras
de autopartes de las automotrices, o de juegos de jardín, tazas de café y
bombitas eléctricas chinas de los supermercados; 6) En la industria del juego, entre
Casino Club de Cristobal López o Boldt de Tabanelli.
Esta clara discriminación entre buenos y malos no es
necesaria para los funcionarios del Estado. Ellos saben que los retornos se
pueden acordar tanto con unos como con otros.
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