La eclosión de UNEN producto de las inconsistencias de sus protagonistas, sirve
como espejo para reflejar la preocupante superficialidad de la clase política
en general, abocada a la puja de candidaturas para sobrevivir a la elección
presidencial de octubre de 2015. El surgimiento de UNEN hace tan solo ocho
meses, despertó una tímida esperanza para lograr una alternativa electoral de
quienes hace 25 años ejercen el monopolio del poder. Lamentablemente tal
posibilidad quedó totalmente desactivada, dejando a la sociedad limitada a elegir
el mal menor, entre ofertas de conveniencias personales. Triunfe quien triunfe,
las dirigencias políticas, empresarias y gremiales serán inevitablemente las
mismas de hace más de dos décadas. Pero con problemas económicos-sociales cada
vez más graves, que trasladarán a la población.
Es importante recordar el contexto en el que surge UNEN. Como ya viene
siendo costumbre por falta de una oposición sólida y coherente, los resabios
del antiguo justicialismo dirimen sus internas en elecciones generales. En este
caso, entre el gobernante Frente Para la Victoria (FPV) y el recientemente cogobernante
Frente Renovador (FR). Las otras alternativas son el PRO, partido con base
excluyente en Capital Federal, y el Frente UNEN, con resabios del radicalismo y
socialismo. El FPV, el FR y el PRO, se caracterizan por el unicato como forma
de conducción. En el FPV, la presidente Kirchner ungirá al candidato, ya sea en
forma directa, o con un simulacro de campaña, como sucediera risueñamente entre
Boudou, Tomada y Filmus en el 2011, para
la candidatura a Jefe de Gobierno de Buenos Aires. El FR presentará a Massa, y
el PRO a Macri.
La diferencia entre estas tres agrupaciones surge en un aspecto no menor: su
extensión territorial. El Frente gobernante la posee, pudiendo utilizar según convenga, tradicionales estructuras
justicialistas. Por ser gobierno, cuenta además con cuantiosos recursos
económicos públicos y privados. Massa depende del armado que logre en cada
distrito, inicialmente dentro del propio justicialismo, en un cambiante juego
debe-haber: si capta gobernadores e intendentes justicialistas, su ganancia es
doble, porque los resta del oficialismo. El PRO, que aparece como alternativa política
nueva, es el que más dificultades tendrá para lograr consolidación territorial.
Su principal y única carta es Macri, que busca insertarse en las provincias a
través de figuras de reconocimiento público en ámbitos artísticos, deportivos y
políticos.
UNEN por su parte, nace con dos absurdos: presentar a cinco figuras
autoproclamadas presidenciables, y colocarse un partido centenario con
extensión territorial como la UCR, en pié de igualdad con expresiones
minoritarias porteñas, que ni siquiera triunfaron en su distrito. Dicho esto
sin desmérito para Elisa Carrió y Pino Solanas. En los Frentes de raíz
justicialista, este error jamás se comete: en busca de un tinte pluralista aceptan
a cuanto partido menor los apoyen, premiando a sus dirigentes y familiares con
cotizados cargos públicos. Pero la estrategia política y las decisiones las
maneja el justicialismo.
Cabría esperar que para minimizar estas falencias orgánicas-conceptuales
iniciales, Cobos, Binner, Sanz, Carrió y Solanas, con sus equipos si los
tienen, acordaran en el corto plazo una estrategia de conducción y proyección
proselitista nacional. No sucedió, y pasó lo inevitable: Carrió, una vez más,
generó disolución y caos, confundiendo estrategia con vocinglería. De Carrió se
debe resaltar su honestidad y capacidad intelectual, que supera largamente a la
mayoría de nuestros políticos. Pero quizás por estas mismas razones, su
egolatría alcanzó niveles nocivos para conformar consensos. La capacidad
intelectual no asegura sutileza, y menos aún, aptitud política.
Sin embargo, la mayor confusión la generan los radicales con sus medias
palabras, o peor aún, con frases completas. No son capaces Cobos, Sanz,
Alfonsín, Morales, Aguad, Cano; Mestre, Quiroga, y otros dirigentes, acordar una
estrategia común y coherente? Cuando Alfonsín
expresa con cierta jactancia “Macri es mi límite”, cabe preguntarse:
para él y sus correligionarios Scioli y Massa no son límites? De no serlo,
podrían dignarse a explicar a la sociedad que diferencias encuentran entre unos
y otros? Cuando Morales se promociona junto a Massa porque quiere ser
gobernador de Jujuy, aclarando que apoyará al candidato presidencial de UNEN,
alguien de buena voluntad podría explicar que ganaría Massa entonces? O esta es
una pregunta muy ingenua?
Acotación final, por si fuera necesario: en este festival de cotizaciones
de egoísmos personales, las propuestas de políticas públicas concretas y
transformadoras, están ausentes.
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