miércoles, 13 de mayo de 2015

LA POLÍTICA BAILA ENTRE TINELLI Y FAYT

En esta semana coexistieron dos eventos con repercusión en los medios de comunicación. Uno perteneciente al mundo del espectáculo asociado al marketing político, y el otro con raíces en la calidad institucional del país. El lunes comenzó la temporada de “ShowMatch”, que produce y conduce Marcelo Tinelli. Contó con la presencia de los tres candidatos con posibilidades de acceder a la presidencia en diciembre próximo, acompañados de sus respectivas esposas. Simultáneamente es noticia el despiadado acoso que sufre el juez de la Corte Suprema Carlos Fayt por parte del Gobierno, invocando su avanzada edad. Acoso cuyo objetivo sería obtener su renuncia por cansancio moral, o bien negociar su permanencia en base al ingreso de un nuevo integrante en el Superior Tribunal, propuesto por el Ejecutivo.

Eventos aparentemente disímiles, no lo son si los insertamos en su contexto político y temporal. En el caso Fayt, no es la primera vez que un gobierno desata un ataque frontal contra integrantes de una Corte Suprema, habitualmente con éxito, con el fin de reemplazarlos por jueces afines. Lo que resulta inédito es que la embestida se realice a tan solo ocho meses del cambio de gobierno y en forma unilateral, en lugar de promoverlo sobre la base de un consenso político. Ello denota que no se busca una mejora institucional futura, sino lograr la impunidad del pasado. Cómo se manifiestan los precandidatos Macri, Scioli y Massa mientras esto sucede? Para mostrarnos que “son como nosotros”, junto a Tinelli sonríen forzadamente ante las humoradas de sus dobles; confiesan secretos de la vida conyugal, y concluyen ensayando unos pasos de baile.  

Lo que interrelaciona ambos eventos es la política, en una instancia preelectoral no habitual, pues desembocará en el reemplazo de una conducción de gobierno ininterrumpida durante los últimos doce años. Que además exhibe ciertas similitudes preocupantes en lo político y económico, con lo sucedido 16 años atrás. En ese entonces Menem fracasó en su intento de obtener una nueva reelección tras 10 años de gobierno, y dejó a su sucesor una matriz económica difícil de modificar sin causar profundas conmociones sociales. Al punto que en la campaña de ese entonces, tanto Duhalde como De la Rúa prometían mantener la convertibilidad, pues cualquier propuesta en contrario hubiera sido electoralmente suicida. Ambos estaban fuertemente condicionados.

Podemos aceptar que la situación económica actual sea menos grave que en 1999, pero no la política. Ello como resultado de la desaparición del Justicialismo y el Radicalismo como partidos de extensión nacional, sustituidos por frentes electorales laxos y confusos. No es casual entonces el alocado juego de pases entre agrupaciones políticas de los mismos políticos de siempre, cuyos objetivos son ajenos a cualquier ideología: continuar usufructuando cargos electivos, sean ejecutivos o legislativos. Todo ello al cobijo de una legislación electoral escandalosa tanto en sus requisitos, como en la falta de control por parte de las autoridades de aplicación.

El espectáculo de Tinelli deja enseñanzas provechosas. Sus éxitos no se basan solo en creatividad y aceitados conocimiento de las preferencias de los consumidores (poder de la imagen), sino en una fuerte estructura empresaria como respaldo. Tinelli reúne al Grupo Clarín (Canal 13), y al conglomerado de Cristóbal López (Ideas del Sur) en el emprendimiento, lo que visibiliza, más allá de los discursos de barricada, el desbalance entre la cohesión de lo privado en sus objetivos, ante la inconsistencia de lo público. Quizás el espectáculo de Tinelli exhiba que no son los políticos quienes establecen reglas de juego, sino por el contrario, son estos quienes se someten a las establecidas por quienes manejan los negocios. Es verdad que hasta ahora los candidatos carecen de alternativas identificatorias, pues no existen proyectos de gobierno diferenciadores en juego. Mientras ello suceda, seguirán predominando las sonrisas de Juliana, Karina y Malena.


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