La metáfora del salvavidas
pareciera adecuada, porque no es una sorpresa que una vez más, las estrategias
de comunicación semejen a un mar embravecido de acusaciones cuando no agravios,
polémicas engañosas, y promesas sin sustento. El salvavidas estaría modelado
con nuestra experiencia; espíritu crítico/analítico, y básicamente algo que no
reconoce fronteras culturales: espíritu de supervivencia. Desde el retorno de
la democracia hemos vivido múltiples crisis, cuya responsabilidad recayó en
muchos de los políticos, empresarios y gremialistas, con vigencia desde hace más
de 25 años, y que pretenden mantenerla. Este es el desafío que afrontan las multimillonarias
campañas electorales: conocemos a casi todos los que nos ofrecen un futuro
mejor.
Ante esta continuidad que
destruyó los partidos políticos nacionales, no sorprende la reiteración de
mensajes grandilocuentes ajenos a la realidad, como por ejemplo, políticas de
seguridad ciudadana. Recordemos algunos eslógans de campañas electorales
anteriores: “Para cambiar la historia” (Menem-1989); “Con la fuerza de los
hechos” (Duhalde-1999); “Un presidente para el nuevo siglo” (Rodríguez
Saá-1999); “Sabemos lo que hace falta; sabemos cómo hacerlo” (Cristina, Cobos y
vos-2007); “Dicen que soy aburrido” (De la Rúa-1999). Esta última publicidad es
una de las más destacables, porque convenció a todos sin necesidad de mentir.
Las frases célebres no se quedan
atrás. “El que apuesta al dólar pierde” (Sigaut-1981); “Prometo un salariazo”
(Menem-1989); “En 1000 días vamos a poder tomar agua del Riachuelo” (Ma. Julia
Alsogaray-1993); “El 2001 será un gran año para todos” (De la Rúa-2000); “El
que depositó dólares, recibirá dólares” (Duhalde-2002); “La pobreza en
Argentina está por debajo del 5%” (Cristina Kirchner-2015); “Combatiré
implacablemente la corrupción” (frase sin propiedad intelectual que puede ser utilizada
por todos los candidatos; aún por los enriquecidos en altos cargos públicos del
Estado, con dedicación obviamente “full time”).
Estos recordatorios hacen suponer
que la ciudadanía posee una experiencia más que suficiente para no someterse
dócilmente al bombardeo de mensajes audiovisuales tan rimbombantes como vacíos
de contenido, con el objetivo que
resignadamente pulsemos la tecla “Me gusta”. Experiencia que no discrimina
en niveles socio-culturales, porque contra lo que se pregona, existe mucho más clientelismo en determinados
ámbitos empresariales y políticos, que en los sectores sociales más vulnerables
.
El período de campaña hasta las
primarias abiertas (PASO) el próximo 09 de agosto, que definirán los candidatos
a presidente, hace oportuno ciertas reflexiones preliminares. Inicialmente, debemos
asumir que votaremos en el marco de una Ley Electoral que permite todo tipo de
artimañas para burlar la voluntad popular: las históricas listas “sábana”,
listas espejo, dobles candidaturas, listas colectoras, y la escandalosa ley de
lemas, recientemente reimplantada en Santa Cruz, ante el temor del oficialismo
de perder la gobernación. También posibilita que candidatos electos vulneren el
veredicto del voto, y abandonen la agrupación que representaron para fugarse a
una opositora, o conformen “bloques legislativos unipersonales”, en lugar de renunciar
para dar paso al suplente. A nivel gobernadores, son recordados Gerardo Zamora
en Santiago del Estero (triunfó representando a la UCR), y Fabiana Ríos en Tierra del Fuego (representó a
la Coalición Cívica).
Por ello en esta etapa previa a las
PASO, los políticos volcaron esfuerzos prioritariamente en negociaciones oportunistas
basadas en intereses personales, en la búsqueda de intendencias, e integrar
listas para cargos legislativos. Ello explica la paradoja que mientras en sus
discursos clamen por diálogo y consensos, sean pertinaces creadores de un
asombroso número de mini agrupaciones, siglas y alianzas, que semejan a
“kioscos atendidos por sus propios dueños”. Con la mesiánica pretensión además,
de representar el progresismo, la honestidad o intereses superiores, en
exclusividad.
Consecuentemente, nuestras
reflexiones tras la PASO se concentrarán en quienes, para bien o para mal, tengan
aptitudes y posibilidades de gobernar.
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